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El 11 de marzo de 1973, la fórmula Cámpora-Solano Lima se impuso en las elecciones presidenciales y tras 18 años de proscripción volvía a gobernar el peronismo. Eduardo Gurrucharry, militante de la izquierda peronista, recuerda los días de una primavera camporista que duraría muy poco.
Ese domingo fui temprano a votar. Tenía 29 años pero era la primera vez que iba a votar. En realidad era la segunda, porque diez años antes había votado en las elecciones que ganó Illia, pero esa vez no había puesto nada en el sobre.

La principal incógnita de ese día era saber si el FreJuLi (Frente Justicialista de Liberación) podría alcanzar la mitad de los votos para no tener que ir a ballotage, y de qué manera iba a reaccionar la Dictadura de Lanusse ante un triunfo de Cámpora.

Yo militaba en el peronismo de izquierda, o peronismo revolucionario como le decíamos. Formaba parte de una corriente donde también podía ubicarse al Peronismo de Base, a un sector de la CGT de los Argentinos y del Movimiento 17 de octubre, donde yo militaba. Representábamos eso que se decía que era la lucha por la “Patria Socialista”.

Los resultados tardaban en llegar. A las 3 de la mañana del lunes, cuando se habían escrutado el 10 por ciento de las mesas y marcaban un 36 % para el FreJuLi y un 20% para la UCR de Ricardo Balbín, el Ministerio del Interior suspendió el conteo y prohibió las manifestaciones. Parte de la multitud que se había concentrado en la sede de campaña  que quedaba en un viejo hotel de Santa Fe y calle Oro, se quedó en las calles, hubo represión y corridas.

En la mañana del día 12 tampoco se dan datos oficiales pero ya se habla de un 50% y finalmente por la tarde Ricardo Balbín reconoce la victoria de Cámpora (que oficialmente alcanzó el 49,50%) y dice que no se va a presentar al ballotage.

A la dictadura no le queda más que reconocer el triunfo del peronismo después de 18 años de proscripción y recién cerca de la medianoche levantaron la prohibición de manifestaciones, por lo que el acto de festejo se realizó cerca de las 23 horas del lunes.

Lo que se denominó la “Primavera Camporista” duró un suspiro. El gobierno asumió el 25 de Mayo con una fiesta popular increíble, con el pueblo yendo a sacar a los presos políticos de la cárcel de Villa Devoto, con personalidades muy valiosas asumiendo cargos, por ejemplo, en las universidades. Pero enseguida vino el 20 de junio y la provocación de la extrema derecha en Ezeiza con la complicidad de la burocracia sindical.

Ahí se produce la ruptura, con los disparos desde el palco hacia la multitud y la anuencia de Perón, quien al otro día de su regreso al país habla de infiltrados y le echa la culpa a Montoneros de lo sucedido. Eso hizo que Cámpora se viera obligado a renunciar el 13 de julio. Hubo una fuerte conspiración contra Cámpora. En su lugar asumió Raúl Lastiri, presidente interino de Diputados y yerno de José López Rega, quien finalmente llamaría a elecciones para que pueda presentarse como candidato Perón.

La verdad es que ya con lo sucedido en Ezeiza no había grandes expectativas desde nuestro punto de vista, pero se esperaba que Perón mantuviera cierto equilibrio. Creo que los más pesimistas nos quedamos cortos.

Todo termina cuando el 1º de mayo del 74, Perón echa de la Plaza de Mayo a Montoneros y la JP tratándolos de “imbéciles e imberbes”. Pero en realidad había terminado antes. Nosotros, el Peronismo de Base, el Movimiento 17 de Octubre, ni siquiera fuimos a la plaza como organizaciones. Eso era lo que había surgido como resultado de una consulta que nosotros hicimos en los barrios, en nuestras bases. Personalmente fui porque dirigía el periódico del movimiento y tenía que ir.

La verdad es que Montoneros y gran cantidad de jóvenes tampoco se sorprendieron de lo que pasó, pues habían ido a reclamarle, a sacarse la bronca con lo que estaba pasando. Lo notable es que la mitad de la Plaza se vació después de que Perón dijera lo que dijo y francamente nadie dio la orden de retirarse. Doy fe de esto porque ha sobrevivido una leyenda con esto de que había un sector minoritario y únicamente de la juventud que tenía una posición revolucionaria dentro del peronismo, y eso no es verdad. El sector mayoritario del peronismo se retiró mientras Perón todavía hablaba o ni siquiera fue a la plaza, y no eran sólo los jóvenes.

Con el tiempo caí en la cuenta de lo llamativo que fue que no hubiera existido ninguna agresión de parte de la derecha y los que se quedaron en la plaza para quienes les estaban dando la espalda al líder. Aún no descubro qué es lo que pudieron pensar, pero creo que en algún punto tenía que haber respeto, porque esos muchachos que se estaban yendo habían sido los que se habían jugado la vida para que el peronismo estuviera otra vez en el gobierno, aunque a esa altura ya no fuera su gobierno.