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Marcelo Moura repasa la vida de una banda que marcó una época y de una época que marcó a una familia y a una generación. A 35 años de la formación de Virus, el recuerdo de sus hermanos Jorge y Federico, quienes -a su modo- nunca dejaron de buscar una sociedad más libre y feliz.

“Esta biografía aparece porque había una historia para contar. Si vos te pasás 70 años sentado al lado de una vaca, difícilmente surja algo interesante”, arremete Marcelo Moura, refiriéndose a “Virus”, el libro que repasa la vida y la obra del grupo platense, símbolo de la música y la cultura de los años pos-dictadura. El músico, que se hizo cargo de la voz de la mítica banda tras la muerte de su hermano Federico en 1988, se estrena ahora como escritor, y cuenta a Mascaró de qué se trata este trabajo que salió a la luz recientemente.

¿En qué momento se te ocurrió o sentiste la necesidad de escribir el libro?

Creo que viene desde la secundaria esa idea de escribir. Yo era fanático de la lectura, la literatura ocupaba un lugar importante en mi vida. Y después siempre mantuve el hábito de escribir.

La biografía de Virus tenía que escribirse. Se trata de un grupo que tiene una vigencia de 35 años y eso prácticamente no existe en el mundo, y al mismo tiempo, la historia particular del grupo y de nuestra familia con tantos altibajos y golpes que hemos tenido que asumir: la desaparición y asesinato de mi hermano Jorge y después de eso armar el grupo; la contra que tuvimos que sufrir desde la prensa y el ambiente; después lograr el éxito, ser número uno en Latinoamérica y que se enferme Federico, con todo lo que sufrimos; y después de su muerte volver a empezar de cero.

En el libro contextualizás la época en que nace Virus, los últimos años de la dictadura y contás la desaparición de tu hermano Jorge, ¿en qué momento ustedes pudieron hacer público lo que había sucedido con tu hermano y con tantos otros jóvenes de esa generación?

Hay dos cosas que son distintas. Por un lado, en relación a contar esta historia más intima, tiene que ver con que nosotros nunca quisimos lucrar con el dolor, ni meterlo en la cuestión artística. De hecho a Jorge le hemos dedicado una canción y sólo lo sabíamos Federico, Julio y yo. Sin embargo, en el marco de una biografía de Virus, no se podía obviar dos momentos de la vida trascendentales como las muertes de mis dos hermanos.

Por otra parte, en el libro yo cuento la historia de mi hermano porque nosotros somos un grupo que sigue vigente desde hace 35 años y si bien no somos un grupo masivo que llene estadios, a lo largo del tiempo y con todo lo que tocamos cada fin de semana, debemos haber llenado 5 mil canchas de fútbol más o menos, entonces hay muchísimo público que son chicos de 20 años que no vivieron esa época y era importante que yo los pusiera en un contexto, ya que ellos tienen la suerte de no haber tenido que vivir lo que vivimos nosotros. Y además esa historia de mi hermano explica algunas características del grupo y el por qué de muchas cosas que hemos hecho.

Hermano quiero apretarte la mano

Marcelo dedica un capítulo entero a su hermano Jorge, militante del PRT-ERP, detenido desaparecido en febrero de 1977 por un grupo de tareas. En un relato bello, afectuoso y lleno de dolor, Marcelo recuerda aquella mañana de verano en que el horror entró en su casa…

“(…) Se acercó entonces el jefe y otra vez tomándome del brazo me llevó y me dijo: “Vení, que vas a darle un beso a tu hermano”. Mientras transitaba por el pasillo rodeado de hombres armados se hizo un silencio que me heló la sangre y vi entonces entrar a Jorge por la puerta con absoluta tranquilidad, hasta que me vio rodeado de gente armada y clavó su mirada en la mía. Podría escribir un libro entero acerca de todo lo que decía esa mirada. Sé que cuando uno muere no se lleva nada, yo les puedo asegurar que aún después de muerto conservaré esa mirada.

De atrás, un cobarde le dio un golpe con la culata del fusil y Jorge cayó al piso. El jefe, con una sonrisa diabólica, me dijo: “Ahí tenés el beso, mi amor”. Esa fue la última vez que vi al hombre más maravilloso que he conocido”.

¿Y con esa historia detrás, qué sentían ustedes cuando los críticos los trataban de frívolos y superficiales, en relación a la tradición que arrastraba el rock en los años en que ustedes surgen?

Creo que tiene que ver con la seguridad musical que teníamos, y nunca nos preocupamos por discutir con nadie. Y si alguien decía que nosotros, en una realidad política difícil, éramos un grupo frívolo es porque no sabían que a mi hermano, el grupo de tareas que entró en mi casa le rompió la cara adelante mío y se lo llevaron cuando yo tenía 16 años. Entonces me era imposible ser frívolo, de hecho el horror lo había sufrido mucho más que quien me criticó. Cuando los que te critican lo hacen desconociendo la realidad, con datos inexistentes, a mi no me interesa perder el tiempo en ellos. Con todo ese dolor, nosotros seguimos adelante.

Todas las críticas que nos llegaban, todo lo que nos atacaban, tenía otro correlato y otro significado, y tenía que ver con otro tipo de rechazo que provocábamos a partir de lo que hacíamos. Y esos ataques en realidad eran producto de que estábamos moviendo algo fuerte.

¿Cuánto había de homofobia y conservadurismo hacia esa puesta en escena del erotismo que planteaba Virus en ese rechazo que mencionás?

Era una mezcla de todo. Nosotros empezamos en el año 79, en plena dictadura militar. Lo de la homofobia tenía que ver con que Fede era homosexual. A nosotros nos decían que éramos una banda de putos, pero para nosotros no hacía a la cosa, porque siempre tuvimos en claro que cada cual es libre de hacer lo que quiere y siente. Y ese era el espíritu de Virus.

Lo que pasa es que la prensa tiene un grado de parcialidad notable, aún hoy. Podríamos extendernos muchísimo en esta respuesta, pero quien tiene un diario tiene cinco radios y un canal de televisión, y esos mismos medios tienen a sus artistas y son a ellos a quienes difunden y al resto los matan. Con conocimiento de causa, he escuchado a periodistas decir que tal músico le parece un espanto y luego al aire debe decir que el tipo es un genio, lo más grande que hay, porque así se lo impone su empresa. O sea, esa realidad patética nos llena de orgullo por la convicción de nunca haber transado con nada. A nosotros nos importó un culo lo que dijeran de nosotros.

Sin disfraz

El cuarto de los seis hermanos es Federico. Después de mucho andar y buscar una banda que contenga todo lo que tenía para cantar y mostrar, en 1981 vuelve de Brasil, donde por entonces vivía, y se suma al grupo que desde un par de años antes integraban Ricardo y Mario Serra, Enrique Muguetti y sus hermanos menores, Julio y Marcelo Moura. La formación que hasta entonces se llamaba Duro, pasó a denominarse Virus.

Después de tocar en varios bares, llegaron a su más importante actuación el 21 de septiembre del 81 en el Festi Prima Rock. Dice la leyenda que Federico hizo jueguitos y ensayó malavares con las naranjas que les arrojaron y terminó tirándole a un público esquivo una frase de antología: “a ver si mueven un poco el culito”.

Luego vendrían, bajo su liderazgo, los discos Wadu Wadu (1981), Recrudece (1982), Agujero Interior (1983), Relax (1984), Locura (1985), Virus Vivo (1986) y Superficies de Placer (1987).

El 21 de diciembre de 1988, Federico falleció en su departamento de Capital Federal.

En relación a la enfermedad de Federico, ¿cómo fue todo ese proceso en un tiempo en que la afección recién aparecía, con la estigmatización que existía sobre los enfermos de HIV?

Federico era homosexual y tenía unos cojones muy grandes. Por ejemplo la compañía discográfica le había pedido que no revele su condición de homosexual porque él era un chico muy lindo, las chicas lo seguían, y eso podía hacer caer su imagen. Fede no sólo los mandó al diablo, sino que de ahí mismo salió y compuso el tema “Sin disfraz” que es una canción que habla de la homosexualidad y de la libertad.

A él nunca el importó el qué dirán, imaginate que con esa fortaleza y personalidad, te están diciendo que tenés una enfermedad que es una sentencia de muerte, no hay espacio para la boludez, ni había tiempo para dedicarle a la gente homofóbica.

Era una enfermedad que era absolutamente desconocida. Él se enferma en Río de Janeiro cuando estábamos grabando “Superficies de placer”. No le bajaba la fiebre y entonces fuimos a hacer un análisis de sangre. Ahí da positivo el estudio de HIV, que ya sonaba en el mundo como una enfermedad peligrosa pero de la cual se desconocía absolutamente todo. Cuando tuvimos el resultado fuimos a un especialista y el médico me da la mano a mí y no a Federico. Yo le dije que si no le daba la mano a mi hermano, tampoco me la diera a mí. Era tal el desconocimiento que el mismo especialista nos agradeció que le pusiéramos en cuestión ese comportamiento, nos dijo que era un tema tan difícil de charlar que no sabían cómo actuar ante una persona enferma.

¿Cómo fue tener que ponerse al frente de la banda, de algún modo ocupar el lugar en la voz?

Ahí hay una cuestión que en general genera confusión. Porque mucha gente cree que yo soy desde entonces el líder de Virus y yo no soy ningún líder. En todo caso terminé ocupando un lugar en la imagen por ser la voz y son así las reglas del juego.

Tuvieron un apoyo importante de la comunidad artística, con figuras importantes en la presentación de “Tierra del Fuego”, el primer disco sin él…

Bueno, es relativo. En realidad sí hubo un apoyo de los músicos pero no de los medios. Incluso eso se tradujo en una falta de apoyo del público. Y entonces volvimos a empezar. Literalmente empezamos de cero. Pasamos de hacer giras y tocar en estadios en toda Latinoamérica a tocar en bares, para poca gente. Nos sacaban a patadas en el culo de todos lados. Fue un golpe duro también en ese sentido.

En la biografía decís que aún en los tiempos de mayor éxito, lograron hacer y decir lo que querían, ¿cómo se logra eso?

Hay gente a la que no le pasó nada en la vida, y lo más terrible fue que se le cayó el celular en el inodoro, y entonces para esa gente sí, no hay nada más interesante que el dinero. Y esto llevado al ambiente de la música, hace que haya gente que necesite sentirse diferente al resto y entonces pide que en el camarín le pongan 50 velas negras, que le traigan comida extravagante…

Eso tiene que ver con todos los obstáculos y las situaciones difíciles que tuvimos que afrontar, te va moldeando y te fortalece. Por ejemplo, la compañía venía a decirnos que cambiáramos la música que estábamos haciendo para buscar un determinado perfil, y ahí nosotros les decíamos que si se metían con eso nosotros nos íbamos. Y no teníamos miedo porque estábamos seguros de nosotros. Imaginate que a nosotros nos dijeron “no” desde el principio.

Después del 83, con la popularidad de “Agujero interior”, nosotros editamos “Relax” que era la antítesis de ese disco. Cuando lo mostramos, la compañía nos corría literalmente por los pasillos para cagarnos a trompadas. Nos decían: ¡una vez que tenemos la llave del éxito, ustedes hacen lo opuesto! Pero paradójicamente “Relax” vendió cinco veces más que “Agujero interior”. Y ahí ya no podían meterse. Estoy seguro que ni siquiera nos entendían, pero no nos podían decir nada porque funcionaba.

Con Virus marcaron desde el principio una vocación por comunicar, desde la apuesta artística, la estética y un poco todo ese paquete sintetiza una década como fue la de los ochenta, ¿qué ves como característico de esta segunda década del siglo XXI?

Creo que lo que empezamos hace treinta y pico de años sigue pasando. Virus sigue pasando, Soda sigue pasando, Los Abuelos siguen pasando. El quiebre que hubo en los 80 difícilmente se de en estos tiempos. No por una cuestión personal de los artistas de ésta época, sino por un conjunto de elementos que tampoco son pura coincidencia.

Después de procesos dictatoriales, de opresión, de falta de libertades, de censura, suelen venir tiempos de florecimientos en todas las artes y eso pasó en los ochenta. Esperemos no haga falta un proceso de opresión para que se vengan cambios en nuestra cultura, pero creo que son procesos cíclicos. Sinceramente creo que si Virus saliera hoy, no modificaría nada.

En el libro casi no se llega al Virus de estos días, ¿en qué anda la banda hoy, a 35 años de haberse formado?

Estamos tocando mucho. Nosotros no hemos parado desde que volvimos a juntarnos. En general hacemos dos teatros grandes al año en Buenos Aires y después hacemos fechas en el interior todo el tiempo. El teléfono suena y ahí vamos. A nosotros nos encanta tocar.

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