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En una serie televisiva denominada Fábricas que verá la luz en poco tiempo, el actor encarna a un trabajador de una empresa recuperada, papel que ya interpretó en la película Industria Argentina. De cooperativas, teatro independiente y el desafío de alcanzar un mundo mejor, conversamos con Carlos Portaluppi.

Carlos Portaluppi es una cara conocida, tiene una extensa carrera y un sinnúmero de actuaciones en teatro, televisión y cine. Ganó un par de premios Martín Fierro. Desde hace un buen tiempo mantiene el mismo número de teléfono y atiende él personalmente, cuando tiene un rato entre los rodajes, ensayos y las obras. Y si no puede atender, te manda un mensaje y te dice, “Perdoname, no pude atender, llamame al mediodía, a las 12”.

Esa pinta de tipo macanudo que en general visten el aura de la mayoría de sus personajes, se deja ver en ese gesto y se confirma al volver a atender un par de veces más cuando después de los primeros intentos, en su rato libre del mediodía, la comunicación se corta sistemáticamente.

Al fin estamos grabando.

Lo quisimos llamar porque entre sus trabajos recientes se encuentra un proyecto de una serie de TV llamado “Fábricas” en el que Portaluppi compone a un trabajador de una empresa vaciada por los dueños y que finalmente termina recuperada y puesta a producir de manera cooperativa por los obreros.

Fue Oscar, un obrero de la Fábrica de calefactores recuperada IMPOPAR, de Tandil, el que nos puso en contacto con el actor (él usó exactamente el calificativo macanudo) y el que nos habló con orgullo de la serie que todavía se encuentra en pos-producción y en la que los trabajadores tuvieron también su papel. Le contamos eso a Carlos Portaluppi y le tiramos la primera pregunta esperando que esta vez no se corte la llamada.

¿Cuál es la importancia y la vigencia del proyecto y de la temática de las empresas recuperadas hoy, cuando en el imaginario, se trata de experiencias que surgieron tras el 2001, como una expresión netamente de esa época?

Creo que hay una realidad que nos viene pisando año tras año con situaciones económico sociales que no dejan al obrero con otro recurso que plantarse y organizarse ante el desmantelamiento de las empresas que muchas veces son llevadas a la quiebra, proyectada por los empresarios para salvar su posición, dejando a cientos de familias sin un plato de comida.

Lógicamente la gente defiende su puesto de trabajo. Pero más allá de la urgencia, las experiencias que hay en el país y que siguen sobreviviendo, muestran que es una lucha y una salida posible. Mayormente las fábricas recuperadas se sostienen por el tesón, el empuje y el amor al oficio, al trabajo de los obreros, aun cuando el camino para ellos es mucho más difícil. Todo el sistema se lo hace más difícil porque es un ejemplo peligroso, ya que demuestran que se puede dejar de depender, en cierta medida, de otra gente y ser ellos mismos los que generan sus propios ingresos.

¿Cuánto hay de autogestión y de trabajo cooperativo en el teatro independiente?

Yo cooperativa hice mucho antes de hacer estos papeles en Fábricas y en la película Industria Argentina, la fábrica es para los que trabajan (Ricardo Díaz Iacoponi, 2012), mi origen en el teatro tiene que ver con la cooperativa, con el trabajo en común y el reparto de todo en partes iguales, y en transitar diversos sótanos de Buenos Aires, construyendo la escenografía, como sucede con tantas obras y emprendimientos que son el verdadero sustento de la vida cultural. Si bien son realidades y cuestiones diferentes a las de un trabajador cooperativo de una fábrica, contiene la idea de compartir el trabajo y de realizar un producto de manera compartida.

En estos días seguís trabajando también en la escena independiente porteña…

Sí, en teatro estamos trabajando con Emilia, que es una obra de Claudio Tolcachir y que hace un año que venimos realizando en Timbre 4 con un suceso importante en lo que se refiere al teatro independiente de Buenos Aires. Estamos haciendo cuatro funciones por semana, hemos tenido la posibilidad de ir a distintos festivales, recorrer muchas ciudades de América Latina y Europa, lo cual es un poco atípico para un trabajo independiente.

¿Cómo componés un personaje, en este caso, volviendo al ejemplo del obrero de una fábrica recuperada?

El primer paso y fundamental es entrar en contacto con la gente que ha tenido la experiencia real. Hace unos años yo ya había hecho la película Industrias Argentina (la fábrica es para los que trabajan) por lo que había estado charlando y conociendo la vida de muchas personas que trabajaban en cooperativas del Partido de San Martín, donde se filmó esa película. Uno va conociendo las historias colectivas, laborales y las historias personales, familiares. Las dudas, los miedos, las esperanzas, impregnarse de esas historias para capturar el espíritu de lo que estamos contando. Y después ser fiel, contar con el mayor amor posible, el mayor respeto estas historias que hablan de laburantes.

¿Cuánto te queda, cuánto te va conformando cada uno de estos personajes, de esas historias?

Bueno, seguro que queda mucho, ha sido de un gran enriquecimiento intelectual, espiritual, humano. Estos tipos de trabajo significan muchísimo en el fortalecimiento de las convicciones, de las ideas, y en mi oficio fundamentalmente, en la manera de expresar y brindarme en cada trabajo, sabiendo de la responsabilidad que implica representar una historia. Al mismo tiempo ver que es posible un mundo más justo, más equitativo, un mundo mejor.

Nota completa en edición impresa. Mascaró #25 de Septiembre 2014.

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