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Desde  septiembre de 2013, vecinos asambleístas de la localidad cordobesa de Malvinas Argentinas impiden la construcción de la planta de granos de Monsanto más grande de Latinoamérica. Después de brutales represiones y fallos judiciales, el acampe sigue a pesar de la presión de los gobiernos local, provincial y nacional. Mascaró estuvo por el kilómetro once y medio de la Ruta Provincial A188 y charló con Lucas Vaca y Celina Molina vecinos de la Asamblea Malvinas Lucha por la Vida, y Ezequiel Pliego, Autoconvocado del Acampe en Malvinas.

Lucas Vaca es vecino de Malvinas Argentina, lleva boina y una barba recientemente emprolijada, según dicen sus compañeros. Debajo de su bermuda se pueden ver las marcas de cinco impactos de bala de goma que persisten desde la última represión policial del 30 de diciembre -la tercera desde que se tomó la decisión de interrumpir el paso a los camiones de la constructora que levanta la Planta de Acondicionamiento de Semillas de Maíz de Monsanto-. Luego de realizada la entrevista, Lucas recibió dos disparos más de bala de goma, durante la movilización a la municipalidad, el 20 de febrero.

Lucas es de los que más tiempo lleva y pasa en el acampe, así lo asegura Eduardo Quispe, de quien el propio Lucas dice que en realidad tiene el record de horas en la posta que cuenta con dos construcciones de adobe (una en cada puerta al predio) y varias carpas a la vera de la ruta.

¿Cómo fue que te decidiste a venir a formar parte de la resistencia contra Monsanto?

Lucas Vaca: A mí me pasó lo mismo que a buena parte de los vecinos de Malvinas. Me enteré por el anuncio de la presidenta y en un primer momento pensé “qué bueno que venga una gran empresa”, porque estaba toda esa ilusión de la generación de puestos de trabajo prometida desde la intendencia. Pero por suerte me salió la iniciativa de informarme, tengo la posibilidad de entrar en Internet, busqué en revistas. Y ahí tomé conocimiento del juicio de las Madres de Barrio Ituzaingó. Con esa información empiezo a hilar todo, y me encuentro con una empresa bastante nefasta a lo largo de su historia, con el agente naranja, con su participación en las guerras, e inmediatamente me dije “yo no quiero esto para mi pueblo”. De cuajo, no sirve.

Si una empresa apoya guerras, si no tiene en cuenta que hay niños, familias, hay vidas, entonces a esa empresa no le importa la gente. Después uno ve lo que generan sus fumigaciones, semillas modificadas, venenos a lo largo de todo el mundo, con desastres comprobados, entonces decidí participar.

A esa altura, el movimiento de varios vecinos ya había comenzado y me decidí por salir a defender la salud ahora, la mía, la de mi familia y las de mis vecinos. Justo en ese momento yo estaba terminando mi secundario para adultos así que tuve que decidir entre completar el estudio que es muy bueno a nivel personal, y me sentí entre la espada y la pared por tener que poner mucho tiempo en esta lucha.

A partir de ese momento llegué a conocer a fondo a mis vecinos. Yo hace 35 años que vivo acá y creo que recién ahora conocí de verdad a mis vecinos, a Eduardo, a Celina que ya los conocía pero no así, como uno se conoce en unidad.

¿Cómo es la relación ahora con los vecinos, la familia, los amigos, que por ejemplo siguen pensando en que la instalación de la planta de Monsanto puede ser algo bueno para el pueblo?

L.V.: Es bastante duro, porque hay que despertarlos de un letargo que se apoya también en el discurso de los medios de comunicación, que habla de números que dicen que económicamente va a mejorar tanto la situación de Malvinas. Hay que sacarlos de esa gran mentira, es la lucha más difícil, que puedan ver la situación en los lugares donde ya opera Monsanto, que puedan ver que el asesinato a los pueblos originarios, los desalojos, tienen que ver con esto mismo, con un modelo extractivo.

Por suerte, se empieza a ver un despertar. Hubo marchas, encuestas que nos dan la razón y que muestran que la gente del pueblo se está dando cuenta, aunque muchos tengan miedo a decirlo.

Es difícil porque mucha gente que te conoce cree que vos no tenés chapa para decir lo que estás diciendo. Porque vos sos un vecino igual que ellos, y saben que trabajás, que por ahí estudiaste algo, pero ellos le creen más a un catedrático.

Pero con el tiempo también se ve que uno le pone el cuerpo, que lucha, que está convencido de lo que cree y entonces empiezan a darse cuenta.

¿Qué importancia tuvo la participación y el apoyo de las Madres de Ituzaingó en esta lucha, con toda su historia?

L.V.: Nosotros nos hemos apoyado en ellas y lo que pasó en Ituzaingó nos sirve de ejemplo para tener en claro lo que no queremos que pase en Malvinas. Imaginemos que el desastre de las fumigaciones en Ituzaingó acá va a multiplicarse de manera exponencial por el secado de semillas en esta planta que sería una de las más grandes del mundo.

Hay que valorar la salud de un pueblo que tiene al monstruo acechándonos en la nuca. El ejemplo de las Madres de Ituzaingó es muy importante porque con su lucha han demostrado que se le puede torcer el brazo a las corporaciones.

Nota completa en edición impresa. Mascaró #19 de Marzo 2014.

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