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“Vengo a vacunarlos contra el no se puede”. Con esta frase, arranca siempre sus charlas Fermín Estrella. Hoy con 77 años de edad y más de 50 años de experiencia y trabajo en el campo de la vivienda y el urbanismo social en Latinoamérica, este arquitecto del pueblo sigue inyectando energías, sabiduría y experiencias.

Fermín Estrella es un gran motivador de fuerzas, con un gigantesco cúmulo de experiencias, palabras sencillas y mensajes profundos, y un amor por aprender siempre, desarmar y volver a armar.

Hace unos meses, el nombre de Fermín Estrella trascendió el mundo académico y militante cuando su nombre apareció en algunos de los diarios que contaron la noticia de que el Barrio Papa Francisco de Villa Lugano era finalmente arrasado y desalojado con represión, por parte de la Metropolitana y la Gendarmería. Es que Fermín, junto al taller Libre de Proyecto Social de la UBA, venía elaborando desde un tiempo antes con los vecinos del asentamiento “un proyecto urbano”, que fuera su bandera de lucha, y una salida acorde a la necesidad de vivienda digna de tantas familias. Ese trabajo se vio frenado por las topadoras que, el pasado 22 de agosto, derribaron lo poco que habían podido construir las familias que allí vivían.

Pero este trabajo es sólo la parte más reciente de una historia de años, llena de experiencias en México, Argentina, Ecuador y Bolivia, donde Fermín construyó más metros cuadrados que cualquier arquitecto argentino. Pero no es la cantidad lo importante, sino el proceso: siempre con las familias, en un ida y vuelta constante, creando en el diálogo y en el hacer. Y esto último es lo que hasta el día de hoy genera en el intercambio con los jóvenes.

Sabemos que estás trabajando con los vecinos del Barrio Papa Francisco, que fue violentamente desalojado hace unos meses, en Lugano ¿qué aprendiste de esta última experiencia?

Es una lucha de los vecinos, que ha sido acompañada por una pequeña colaboración nuestra, nosotros estamos decididos a continuar con ellos y a apoyarlos en todo. La violencia ejercida entre las fuerzas del Gobierno de la Capital Federal y de Nación es injustificable, la tierra fue arrasada delante de la gente, que vio cómo con un tractor demolían, delante de sus ojos, las paredes que habían podido construir. Y está claro que no buscaban a ningún asesino, buscaban desmantelar el lugar, engañando a la gente, quitándole lo poco que habían construido. Igualmente a la gente no la quebraron, la llenaron de bronca y fuerza para seguir adelante, podemos decir que nos ganaron una batalla, pero no la guerra. Y bueno, si no nos dejan vivir en esta sociedad, habrá que crear otra.

La ciudad es el escenario principal de todos los conflictos y problemas más mediatizados, sin embargo, es también el lugar que hoy la mayoría de la población elige para vivir, ¿por qué creés que se da esto?

Somos seres humanos, somos seres urbanos. Por más que vivamos en una zona rural, somos seres urbanos porque hay una relación que nos mantiene. La gente necesita de otra gente. ¿Vos sabés que la solidaridad es una cosa histórica pero hispánica? ¿Viste que hay una palabra que es “minga”? “Minga” era la forma que tenían los diaguitas, que también venía de la cultura de los peruanos, de llamar a la solidaridad. La actitud solidaria está en la raíz de nuestros pueblos. Y creo que esto existe en el sustrato de la sociedad, que no está envenenada por el lucro personal, el sentido de que, evidentemente, nosotros vivimos gracias a los demás. Y creo que es eso, la solidaridad, la semilla de cualquier cosa posible.

Yo creo que la cultura es una cosa social, vos decís “a”, que puede servir a la gente que está alrededor tuyo, y ya no sos dueño de “a”; sobre todo si hay alguien que dice “che, me interesa eso”, y ya te lo transforman, ya es otra cosa, ya es un insumo para la historia. Yo creo que la cultura y el conocimiento es una cosa social, y no hay caso. Es negar que lo que creaste fue en base a algo que la sociedad te dio. No es que lo creaste de la nada.

¿Y cómo se construyó Fermín en esta sociedad?

Cultivo dos cosas que me parecen importantísimas: bajo perfil, que fue la forma de aprender de todo el mundo, y aceptar con dolor y frustración lo imperfecto. Yo creo que si no hubiera aceptado las patadas en la cabeza y en el corazón, en mi corazón de arquitecto que me dio la vida, hubiera podido hacer bastantes pocas cosas. Yo vi tantos tipos que se quedaban en lo perfecto, y no podían transmitir ni una sola palabra. Vos al ser imperfecto das la oportunidad de la evolución. Dios me mandó a este mundo para demostrar la imprescindibilidad de lo imperfecto.

¿Qué es lo que motiva tu trabajo?

Pasión y deseo, en uno de mis poemas yo pongo algo del deseo, algo así como: el deseo es el motor del mundo, es la cosa perfecta, es un motor que no gasta energía, cuando uno desea algo, gana energía, conduce la energía. A su vez el hacer es lo que más me divierte, es lo que más me motiva, así las cosas me salgan mal, porque me permite aprender. Porque yo, en verdad no tengo ideas, sino herramientas.

Una de las pocas frases que le perdono a Sarmiento, es la que decía: “las cosas se hacen mal, pero se hacen”; cuando yo la leí o la escuché me quedó. Es interesante, cuando vos hacés, movés la rueda de la historia, movés la rueda de las contradicciones. Entonces viene la reflexión sobre lo hecho, viene la praxis. Y una cosa es que vos reflexiones sobre lo que hiciste, y otra que reflexiones sobre lo que hizo otro, porque uno aprende cuando deconstruye, reconstruye y vuelve a construir lo que uno hace.

Nota completa en edición impresa. Mascaró #27 de Noviembre 2014.

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