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La escritora nos habla de su obra más célebre, La Saga de los Confines, para pensar que en clave de épica fantástica también nos podemos encontrar con nuestra historia a más de 500 años de conquista. La obra y los lectores, el posicionamiento literario e ideológico, en una narradora que recupera la magia.
> Por Romina Bilbao

Estas palabras fueron antes memoria, antes fueron sucesos. Palabras que nadie podría pronunciar, desmemoria, sucesos perdidos para siempre si una mujer Nakín no se hubiese ofrendado. Las líneas iniciales de Los Días del Fuego, el tercer libro de la Saga de los Confines, precedidos por Los Días del Venado y Los Días de la Sombra, escritos por Liliana Bodoc hace ya más de una década y reeditados en 2011, llevan inmediatamente a pensar en ella, en su trabajo como narradora, en su ciencia y magia para respondernos y volvernos a preguntar sobre las lecturas y memorias de una conquista que lleva más de 500 años de historia de lucha y resistencia.

De consagrarse al género de la épica a pensar la historia desde la perspectiva del relato mágico de los que viven la conquista como la amenaza a la vida y a las libertades, la autora nos recuerda que hay una cadena de colonización vigente y que de la misma manera sigue en tensión con los que resisten. Octubre puede parecer entonces sólo una fecha en el calendario, aun así será la excusa para acercarnos a esta escritora que pensó en el género de la épica y lo resignificó en nuestra América para abrirnos paso a una historia de la conquista que aún no se ha cerrado.

Muchas son las discusiones en torno a cómo denominar la fecha del 12 de octubre, qué queda entonces para pensar en cómo debería ser contada. Los relatos escolares se llenan de cuentos heroicos y de nombres particulares, cuando no de películas que muestran a la conquista como un punto en la historia de avances y aventuras, pero poco se dice desde este lado de la tierra, poco se recupera del mito y la leyenda, de los que la resistieron; Liliana Bodoc piensa entonces que es tiempo de otros cuentos.

¿Cuál, o cuáles, fueron los disparadores por los que comenzó a escribir la saga?

El primer y más importante impulso para la escritura de La Saga de Los Confines fue la lectura, reiterada y amorosa, de la obra de J R R Tolkien. Fue esa fenomenal y sólida construcción de épica fantástica la que motorizó el deseo y el trabajo. Claro que junto a ese amor hubo también distancia ideológica y simbólica; Tolkien propone un modelo de mundo castificado y hegemónico que está lejos de mi pensamiento y mis convicciones.
Del inmenso amor que le tuve a Tolkien y al mismo tiempo desde el dolor y el distanciamiento ideológico pensé en escribir algo de ese estilo pero desde la simbología latinoamericana.

¿Desde el comienzo imaginó la obra como trilogía de capítulos cortos o tomó esa forma a medida que avanzó en la escritura?

Mi propósito fue escribir en clave fantástica, y en clave mágica, la conquista de América, y con ella la reconstrucción parcial y ficcional de las cosmovisiones de las antiguas culturas continentales. Y sí… la trilogía estuvo pensada como tal desde el comienzo; casi a modo de presentación, nudo y desenlace de una vasta historia que apenas halló espacio en tres libros.
En cuanto al formato en capítulos más o menos breves, se fue afianzando en el curso de la escritura. Tal vez eso se explique por mi empeño en lo rítmico y mi confianza en el lenguaje poético para construir mundos y lógicas alternativas.

Se aprecia cierto contacto también con leyendas de esta región, las maneras de contar historias fantásticas se acercan mucho a esas leyendas que han sido en un principio transmitidas de manera oral y luego escritas, ¿Eso fue intencional o se filtró por el mismo curso que tomó la historia?

Creo que quienes hacemos literatura fantástica estamos obligados a buscar el registro desde la propia sintaxis y desde el lenguaje elegido. Además, en el caso puntual de La Saga de Los Confines busqué la sonoridad de las lenguas originarias y busqué darle a la palabra la sacralidad que esos pueblos le daban y, en cierta medida, le dan todavía.

Liliana Bodoc no teme al pensar que en su obra hay mucho de poesía y también de trabajo científico en cuanto recupera a la indagación como método. “Mi gran maestra ha sido la poesía. Es la que me enseña y al mismo tiempo es la que anhelo, por ello está presente en mi objetivo. La poesía tiene esa cosa maravillosa de callarse a tiempo, es algo así como decir lo más importante sin jamás decirlo. Yo tengo mala memoria, excepto para la poesía, será porque es lo que más me importa de verdad, tiene esta cosa del silencio de los poetas, de rodear un concepto sin mencionarlo y que sin embargo está ahí. Para escribir La Saga de Los Confines tuve también un trabajo arduo de reconstrucción, igualmente a mí me gusta decir que no tuvo que ver con lo riguroso de, por ejemplo, el trabajo de un antropólogo, no tiene que ver con esa búsqueda intelectualmente honrada. En la ficción uno trata de hacer exactamente lo contrario uno primero hace la teoría para que todo entre forzosamente ahí, o sea eso es lo contrario de lo que hacen los científicos, pero para nosotros es importante que todo encaje porque la nuestra es una teoría literaria. Sin embargo, en este rompecabezas que hubo que armar, hubo también mucho que respetar”.

Nota completa en edición impresa. Mascaró #6, octubre 2012.

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