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Julieta Arroquy y Pupi Herrera son dos autoras que en torno a sus treinta años de edad pueden reconocerse como mujeres dentro del humor gráfico, construyeron su lugar gracias a Internet y a las redes sociales. La juventud por la que transitan les permite tener a su alcance este medio que viraliza rápidamente buenas propuestas. A manera de referentes, es que Mascaró las entrevistó por separado y halló en ellas una historia -en la historieta- bastante similar.

Ni siquiera nos habíamos terminado de acomodar en su casa del tanguero barrio de Boedo, y Liliana se anticipa a la que (para no faltar a los manuales del reportaje periodístico y no incomodar al entrevistado de arranque) no iba a ser nuestra primera pregunta: “seguro me van a preguntar por lo de Cosquín”, dice en relación a las disconformidades planteadas por la cantante y Juan Falú en pleno festival de Folklore, cuando realizaban un homenaje a Eduardo Falú en plena madrugada, con un sonido deplorable y un trato desconsiderado por parte de la organización:

Es difícil saber quién parió la historieta por primera vez, pero la mayoría apostaría por decir que fue un hombre. Como medio de comunicación o como medio de denuncia el humor gráfico surgió del lápiz masculino en una sociedad, que a fines del siglo XIX, les dejaba a las mujeres poco margen de expresión. Pero en la historieta, como en las cosas importantes en la vida, la cuestión no está en saber quién llegó primero sino en saber quién llegó para quedarse; y ahí la cuestión parece estar cada vez más repartida.

Desde mediados del siglo XX un grupo de mujeres en el mundo europeo y norteamericano se atrevieron a dibujar y encuadrar sus ideas en una serie de viñetas. El género empezaba a poblarse de denuncias, caracterizaciones y pensamientos femeninos, que anteriormente habían llegado sólo indirectamente por hombres que la mayoría de las veces acercaban al humor gráfico a una mujer estereotipada.

Por su parte, la memoria nacional de la historieta es un libro que en la tapa tiene a Mafalda. La niña protestona que desde los sesenta nos viene a cuestionar no descansó nunca desde su creación. Amantes y detractores la reconocen -o resisten- como un símbolo de este género que en pocas escenas nos plantea algo para pensar, simple y profundo, salta de la viñeta a nuestras cabezas. Después de diez años de publicaciones Mafalda fue, según Quino, “suspendida”. Para su propio autor había dejado de ser un disfrute trabajar con ella.

Por varios años, la mujer en la viñeta, por fuera y por dentro, se mantuvo ausente o por lo menos en clara minoría. Recientemente las propuestas de algunas mujeres que trabajan en el género comenzaron a ser reconocidas y compartidas. Para que cuenten sus recorridos personales, Mascaró se puso en contacto con Pupi Herrera y Julieta Arroquy. Hablamos con ellas entonces sobre esta elección de volcarse a una manifestación que, copada por hombres, es un gran lugar para que también la mujer pueda decir.

A dos viñetas

Pupi Herrera reconoce haber dibujado desde que era niña, Julieta Arroquy lo mismo, pero agrega que comenzó a dibujar compulsivamente hace poco: “De chica dibujaba, pero dejé de dibujar como hacemos la mayoría de las personas, luego de terminar la secundaria. Fue un gran descubrimiento encontrarme después de los 30 con una nueva actividad que creía dormida o inexistente”. Fueron el contenido y las formas de los primeros dibujos los que perfilaron finalmente el lado humorístico de la autora: “Dado que me negaba firmemente a dibujar personas, ya que me parecía que me salían demasiado aniñadas, comencé dibujando objetos: bombachas, tacitas de café, camas, cuchillos, tijeras. Encontré un formato de dibujo y texto con tónica humorística, una especie de diario personal con toques de un humor en los que iba volcando mis ideas mediante la connotación de los objetos”.

Los entornos de ambas historietistas parecen haber estado colmados de incentivos, no siempre claros, pero sí estimulantes. Así Julieta Arroquy nos habla de sus años iniciales: “No tenía amigos a mí alrededor que dibujaran, siempre me gustó el humor gráfico, pero lo que más me rodeaba eran personas que hacían música, escribían o tomaban fotos, otras ramas artísticas con las que también he coqueteado. Aunque reconozco que la escritura es algo que siempre me gustó mucho, la palabra es mi fuerte incluso mucho más que el dibujo”. Para Pupi Herrera, los incentivos llegaron recién alrededor de los 15 años: “Dos Federicos, mi novio de ese momento y mi hermano de la vida y cuñado, me bombardearon de historietas, libros ilustrados, nombres que se suponía tenía que conocer, música, películas y animación, después de ese envión inicial sólo fue cuestión de elegir y buscar más”.

En cuanto a las motivaciones es sorprendente la respuesta de Pupi Herrera: “Pienso muchísimo sin arribar a grandes conclusiones a veces encuentro un motivo, a veces otro, a veces muchos. Pero finalmente sólo seguí dibujando porque me gustaba y me hacía feliz.” Julieta Arroquy también liga su actividad a lo emocional al decir que sus intenciones iban en búsqueda de algún tipo de satisfacción: “Comencé a dibujar porque me sentía triste creo yo, o algo me faltaba, estudiaba periodismo y trabajaba como periodista, pero nunca había sentido realmente pasión por nada en particular. El dibujo vino a ocupar un lugar vacío, el lugar de la creatividad, el ingenio y el humor. Pasó en un momento de mi vida que realmente fue una bisagra, un antes y un después”.

Viéndolas por separado sus trabajos son distintos, Pupi Herrera presenta un camino como ilustradora que sale en búsqueda de estilos diferentes gracias tal vez a esas influencias de las que ella nos habla: “Los pocos ilustradores que conocía los había encontrado en algún que otro libro ilustrado que me cayó en las manos como a Alan Lee que poco después del libro ‘Hadas’ se me apareció en esa edición enorme de ‘El Señor de los Anillos’. me encantaba Alan Lee, aún me encanta, traté de robarle mucho. Pero mis principales influencias tempranas vienen de la tele. Miyazaki, Jim Henson, Chuck Jones, las pelis de Disney especialmente las de Reitherman, sigo amando ‘La espada en la piedra’. También estaban los animes de moda, y los programas que proponían cosas nuevas como el segmento ‘liquid television’ de Mtv y ‘What a cartoon show’ de Cartoon Network. También estuve obsesionada con los juegos de pelea de Capcom y el Earthworm Jim”. A toda esa vorágine estimulante Pupi Herrera le suma más tarde los historietistas, los ilustradores y la plástica: “La selección entonces fue un poco más concienzuda, menos intuitiva. Más ‘me gusta porque’ que ‘me gusta y punto’. De esa segunda tanda he tomado mucho menos, supongo que sin darme cuenta, ya había tomado algunas decisiones”.

Verlas para creer

Julieta Arroquy está orgullosa de la bienvenida que otros dibujantes le han dado a su gran fuerte en el género como es Ofelia que ya tiene dos libros editados. El personaje de la historieta es una joven mujer rubia de vestidito rojo que se para generalmente en un pequeño escenario y le dice algo al que la lee, Ofelia va de frente. “Creo que tengo grandes influencias de Quino, que son innegables en lo que tiene que ver con el tono denunciativo de Ofelia, pero no fue algo consciente. Una vez Tute, en la presentación de mi primer libro, dijo que la mayoría de las personas que comienzan a dibujar empiezan imitando a alguien pero, que en mi caso, era claro que yo no había imitado a nadie, había creado un estilo propio”.

Al entrar en la cuestión sobre la mujer produciendo historieta ambas reconocen el panorama. Se saben minoría en un mundo de hombres, pero que sin embargo están siendo cada vez más, porque es algo que está ocurriendo en todos los espacios. Pupi Herrera dice que siente ese problema cuando arman mesas de temáticas llamadas por ejemplo, Mujeres en la historieta, “Suena a fenómeno de circo. Una rareza que hay que ver para creer”. Y después agrega que: “La mujer trabajando fuera de casa es una cosa más bien nueva, también la mujer pensándose a sí misma. Así que en todas partes estamos peleando porque se nos reconozca como iguales que somos. La mujer está luchando incluso sin darse cuenta desde lo particular, tratando de aprender a equilibrar y también desmitificar algunos de los muchos roles que creemos debemos interpretar. Se está dando batalla en todos lados porque de a poco vamos aprendiendo a pensarnos más”.

En este reconocerse dentro del género Julieta Arroquy cuenta que “Como este era un mundo de hombres, cuando llegué sentí que todos me dieron la bienvenida, me ayudaron, y me hicieron participar de sus proyectos. Fue un desembarco muy feliz”. Al preguntarle sobre las lecturas de las historietas que producen tanto hombres como mujeres en la actualidad, afirma que: “Veo que cada vez más, tanto ellos como ellas, están dibujando su mundo interno. Algo así como ‘humor de autor’. No veo tanto humor político o social, en esta etapa pasa por un lugar más personal, por la percepción y experiencia del dibujante con el mundo”.

La tira Ponele en la que Pupi Herrera hace la mayoría de las veces un trabajo autorreferencial es compartida en redes sociales básicamente por su gran trabajo sintetizador de experiencias comunes. La misma autora reconoce que la idea detrás de la tira proviene de hacer humor con lo cercano. Y si de cercanía se trata, Internet está poniendo a estas historietistas muy cerca de sus lectores. Pupi Herrera dice que a través de esa manera llegan las críticas: “Es muy loco lo que permite Internet. La gente comenta tus dibujos y enseguida te enterás lo que piensan. Aunque pondera el elogio, porque los que no están interesados normalmente no comentan, suelen aparecer cada tanto críticas, algunas muy interesantes”.

Volviendo al decir sobre la mujer a través de la historieta es ineludible preguntar y repreguntar sobre los estereotipos y qué hacer con ellos. En un género que usa fuertemente la imagen, las manifestaciones son también fuertemente visuales y es interesante ver si el dibujo nos puede hablar de su autor… o su autora. “Si miro para atrás las numerosas historietas que he abandonado tenían hombres como protagonistas, en su mayoría”, dice Pupi Herrera y luego agrega que “Habría que revisar por qué elegía hombres. Hoy lo pienso un poco más y aunque no he escrito más que la tira Ponele, en donde la protagonista soy esencialmente yo, en las historias que pienso y que cuando me decida tal vez un día dibuje, aparecen repartidos de manera más equitativa”. Y remata graciosamente: “Aunque ahora que lo pienso, escribí una historia para una editorial y el protagonista es un tipo pelado”.

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