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> Por Romina Bilbao
Una nota sobre una murga uruguaya en junio parece un capricho. Es cierto, es invierno. Pero la murga no sólo le pertenece al verano y al carnaval montevideano, porque con Agarrate Catalina todo el año es carnaval. Mascaró aprovecha la gira por Argentina y habla con Yamandú del humor, de la historia y la actualidad compartidas en ambas orillas del Río de la Plata.
Uno a uno bajan del motorhome que hace las veces de casa ambulante cuando andan por Argentina. Algunos, adelantados en el maquillaje a través de una base blanca, encienden un cigarrillo y se ponen a hablar en la vereda hasta con la gente que pasa. Esos jóvenes fantasmas tienen la palabra fácil y no gastada a pesar de que en los escenarios la desgarran sin perder la entonación en cuplés que hablan de ellos y de nosotros mismos. Es imposible detener a La Catalina, es un continuo movimiento, como ese ir y venir clásico de la murga en los tablados, como ese balanceo en el lugar que tiene la impaciencia del que quiere preguntar y del que quiere decir.

Yamandú Cardozo, director y compositor, es el último en bajar y será el último en subir; pero sus compañeros dicen que es el primero que tiene que hablar. Sin maquillarse, un poco apurado porque tiene en mente la prueba de sonido, el saludar a los conocidos, el estar al frente de un conjunto -la murga- para enfrentarse a otro –el público-, promete que pronto hablará con Mascaró.

La Comunidad espera.

Nacida en los carnavales uruguayos de este año, la nueva puesta en escena de Agarrate Catalina arremete con la idea de la unión. Lo que primero puede presentarse como una comunidad de hippies apostando a vivir en paz, llenos de amor y de luz, es de repente la historia de la humanidad atravesando el tiempo. Siendo conjunto, siendo unión y encuentro, amontonamiento, conglomeración, amuchamiento. Yamandú tiene entonces mil formas de decirlo, se divierte entonces con las palabras.

De gira nuevamente por Argentina ¿Cómo los reciben? ¿Cómo se sienten?

La gira es tremendamente linda, muy adictiva, nos tratan muy bien acá. Se ve que hay cosas que tienen que ver con la murga en particular, es decir con este colectivo que es La Catalina y hay mucho que tiene que ver con este género que es muy comunicativo. La murga tiene eso de la comunicación horizontal. Y hay mucho que es producto del cariño que le tienen los argentinos a los uruguayos. Muchas veces inmerecido, porque somos unos rencorosos de mierda, un pueblo resentido que se siente muy chico entre gigantes y que se rebela cuando se pone en contacto con sus hermanos más grandes. Pero queremos a los argentinos porque no hay nada más parecido a un uruguayo que un argentino, y viceversa.

La primera ventana que uno abre es la que da para acá. Cuando el Uruguay empieza a quedarnos chico, no en cuanto calidad y cariño porque la gente nos quiere muchísimo, sino en cuanto a que uno empieza a querer ir más allá, salir un poco del barrio, porque Uruguay es un país con tamaño de barrio, lo disfrutamos pero es así. Mucha gente se ha venido por acá, desde Alfredo Zitarrosa hasta Los Olimareños y nosotros somos también herederos de ese cariño.

 Y ahora, presentando a La Comunidad,
¿Qué viene a decir La Catalina?

El espectáculo tiene la idea de jugar en principio con unos tipos que son medio hippies pero con ello queremos salirnos de la estética clásica, la iconografía de los años 60 y 70, la onda flower power y Woodstock. La idea entonces fue trabajarlo también desde el  vestuario y revisar la vestimenta de las primeras comunidades en la historia y ahí vimos cueros, vimos piel, y las mezclamos con las comunidades más modernas, yendo al indigenismo, al aguayo. La propuesta estética y la musical empezaron a pasar por ahí también y en esto hubo mucho de creación colectiva.

A nosotros siempre nos interesó marcar lo colectivo porque somos una cooperativa, somos una comunidad. Nos gustaba esto de jugar con nuestro lado más loco y reírnos de eso, hacer una caricatura para darle la base a otra cantidad de cosas de las que teníamos que hablar. Desde la cuestión de la moda de la superpoblación en unos lugares muy pequeños, primitivos y mágicos hasta la violencia y cómo reaccionamos frente a ella o cómo la solucionamos.

 ¿Y se sienten nuevamente en sintonía con una realidad compartida entre argentinos y uruguayos?

Es lo mismo, porque la caricatura nos incluye a todos, como hermanos de uno y otro lado del charquito. Somos lo mismo, con las mismas heridas históricas, nos podemos reír por ello de lo mismo si hasta leemos los mismos libros y escuchamos la misma música. La murga es eso, es reírnos frente al espejo y eso es autobiográfico.

Y La Comunidad apuesta fuerte a la unión…

La idea que encierra es la de un colectivo que empieza a caminar junto intentando armar desde lo común y lo grupal. A mi me encanta la gente que va contra la corriente y que se larga sola y se va a vivir al medio del campo y dice que resiste y que está intentando rearmar su vida. Pero más me enamora la gente que la empieza a pelear desde lo colectivo porque tenés que lidiar con un montón de cosas. Nosotros por ejemplo somos  amigos desde siempre. Arrancamos queriéndonos y nos sobrevivimos. Y es muy difícil eso, y no te asegura que te quieras para toda la vida y que tengas un final feliz. Entonces la gente que elige agrupar, que amucha, que aglutina, que conglomera, me encanta esa gente que corre el riesgo. Ya sea para comer unos fideos con tuco, para jugar al trivian o para hacer la revolución.

Y por eso el espectáculo tiene la figura de los cuatro locos que están ahí girando juntos, están eligiendo estar juntos. No se sabe nunca cuanto durarán las frágiles alianzas temporales, dos minutos o pueden ser siglos o no durar nada. Pero el intento de hacer las cosas juntos funciona y merece hacer unas canciones, merece mucho más, pero nosotros podemos hacer sólo unas pobres canciones, algo es algo.

En eso también hay un mimo y un reconocimiento hacia nosotros como grupo pero sobre todo hay muchas ganas de saludar a la gente que elige cambiar el mundo desde lo colectivo.

Agarrate Catalina tiene un poco más de una década de historia. Uniendo soledades esta murga empezó a organizarse por el año 2001 y desde allí dio una batalla anual en los tablados uruguayos. Escalando, haciéndose lugar, supo hacerse respetar también debajo de los escenarios. Su relación con el Frente Amplio uruguayo –partido político que llevó a José Mujica a la presidencia- siempre apareció develada, como si ellos tampoco pudieran ser imparciales. El análisis político le calza a la murga desde su nacimiento, aunque haya tenido que pasar por tiempos de censura y persecución, siempre vuelve de manera corrosiva y violenta, explica Yamandú, pero nunca perdiendo el humor.

Nota completa en la edición impresa. MASCARÓ #3

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