COMPARTIR

Con más de 36 años buscando a Clara Anahí, su nieta desaparecida, María Isabel Chorobik de Mariani nos sigue demostrando que ni el paso de los años ni las más duras ausencias pueden vencer la lucha y la lucidez cuando lo que se busca es la verdad.

> Por Lucas Napoliello

Entre las fotos de sus familias, recuerdos personales, y algunos reconocimientos que se le han hecho en distintas partes del mundo, en la casa de Chicha sobrevuela olor a trabajo, a trabajo incansable. Las carpetas con archivos de todo tipo se pueden ver clasificadas y acomodadas en repisas estratégicamente desordenadas, un par de computadoras facilitan la tarea y un equipo de colaboradores/as, buscan, redactan y organizan más y más bajo la voz y la mirada de la dueña del hogar.

La historia ya la tiene entre las mujeres más importantes de nuestro país  y del mundo por haber fundado en 1977 la organización Abuelas de Plaza de Mayo y doce años más tarde formar la organización Clara Anahí desde la cual busca abnegadamente a la nieta que le fue arrancada por los militares. María Isabel, Chicha, viajó a más de 50 países, se entrevistó con cientos de organizaciones gubernamentales y no gubernamentales, se disfrazó de enfermera, recibió amenazas, fue declarada ciudadana ilustre de la Ciudad de Buenos aires y homenajeada en varios rincones del planera. Chicha se acerca, acaba de cumplir 90 años pero no se notan, Chicha se sienta a mi lado y luego de una breve presentación aprueba, “cuando quieras”:

¿Cómo la encontró este nuevo cumpleaños?

Absolutamente gastada, cansada, pero también con la necesidad absoluta de seguir trabajando. Ya no es fácil, antes me era más fácil trabajar y mantenerme despierta todo el día, ahora tengo mis intervalos, mis descansos… Pero me hubiera gustado haber llegado a esta altura de mi vida y poder ver realizadas las cosas que yo soñaba y no es así.

Por ejemplo, la niñez. Cuando yo era chica no me daba cuenta lo que pasaba como toda criatura, ¿no? Cuando fui aprendiendo lo que me rodeaba, que el mundo era no tan lindo como yo lo vivía, fui deseando que las cosas cambiaran. No hice nunca nada especialmente para eso, salvo que fui profesora y ahí sí, en el aula sí pude trabajar todo lo que quería para llenar algún espacio vacío en la vida de los chicos. Por ejemplo saber mirar afuera, saber abrir la puerta, salir y mirar más todas las cosas lindas que hay en la vida que a veces no se las nota porque uno está siempre muy metido en sus propios problemas, pero que la vida es linda, que tiene cosas hermosas. Y veo eso, la niñez no avanzó, el cuidado de la niñez, la preservación de ellos como el futuro del país, no avanza. Hay montones de instituciones en el mundo que se ocupan, congresos a los cuales he asistido en el mundo entero mientras era presidenta de Abuelas… no sé, 45 creo que son, porque son los viajes que yo he hecho al exterior, en todo el mundo, y en todo el mundo el mismo problema y en todo el mundo buscando soluciones en grandes congresos donde se gasta mucho dinero y después salen las conclusiones. ¿Y quién cumple las conclusiones?

¿Cuánto de estos valores que se perdieron y de este desprestigio por la infancia cree que pudo haber sido distinto sin la aparición de los militares en el 76?

En primer lugar no estaría todo el mundo herido como está y en el fondo de cada uno yo creo que hay una vergüenza por semejante papel en un país que se decía cultural, que teníamos una enseñanza buena, dentro de todas sus fallas se podía estudiar, se podía pensar, se podía tener diferencias con los demás pero ser respetado y sobre todo se podía vivir. Vino la dictadura y arrasó con todo lo que fuera cultural, eso lo sabemos. Yo en un rincón de mi vida, no podía entender que no se tocaran las obras de Ginastera en el Colón ni en Argentina porque era de izquierda. Ridículo… para mi era tan ridículo y vergonzoso que no quería ni mencionarlo. Como eso todo: perseguir a gente que quería trabajar… equivocados o no, porque por ahí han habido equivocaciones, pero bueno, se luchaba hasta dar la vida por mejorar un país que podía ser mejorado. A cambio de eso lo que pasó fue que asumió la dictadura que lo que hizo fue un genocidio, y no sólo el genocidio como lo sabemos, sino todo lo que quedó como residuo, la desconfianza, el miedo. Pero ¿qué aportó esto a la vida nuestra, a la vida del país?¿Qué aportó la dictadura? Sólo horror.

Recientemente se han publicado listas negras que contenían, entre otros, nombres de artistas y periodistas censurados. ¿Qué importancia le da a la aparición de estos archivos teniendo en cuenta que ha sido un reclamo constante en su lucha?

Sí, desde el principio hemos pedido eso, en todos lados, en las Naciones Unidas, en la OEA, en el Vaticano (porque la Iglesia tiene muchos secretos guardados), y es algo que hemos pedido siempre, en nuestro caso en la búsqueda de los niños. Aparte seguimos buscando a nuestros hijos siempre. Pedimos, pedimos y pedimos y ésta es la primera vez que se abre un archivo, ahora, cómo puedo creer yo que en 36 años no pasaron el plumero ni barrieron en ese sótano donde están esos papeles, esa caja fuerte, cerrada, y bibliotecas y uno dice ¿por qué recién ahora fueron a barrer? Eso es algo que no voy a entender nunca y que por supuesto que me hace tener dudas acerca de la veracidad de lo que se dice.

¿Y por qué cree que la Iglesia y todos los gobiernos callaron durante tantos años?

Y, porque no querían ser individualizados. Nunca quisieron reconocer el espanto que habían cubierto, la Iglesia por ejemplo. El Papa ahora ha dicho, según me dijeron o leí, que iba a venir a la Argentina después de que se devolvieran los niños pero hasta ahora no apareció ningún niño que la Iglesia haya devuelto y ellos saben dónde están, ellos saben dónde está mi nieta, supieron siempre, entonces ¿qué es eso? ¿Qué mentira es esa? Ahora cómo voy a creer que los vamos a encontrar… De todas maneras yo voy a pedir, si no es hoy será mañana, legalmente que me envíen al juzgado donde se juzgan estos casos, que envíen los datos que corresponden a mi familia, y a Clara Anahí en especial, porque sigo buscándola todos los días y vamos a ver la respuesta, porque yo no creo que todavía haya respuesta a eso en esos papeles, que la deben tener… Pero ¿cómo la van a poner? ¿Dónde la van a poner? ¿Cómo la van a disfrazar para que no sean encontrados los militares que todavía tienen a los chicos? Entonces estoy a la expectativa, esperando saber un poco más. Pero siempre en el fondo de uno queda la esperanza ahí latente ¿y si fuera? ¿Y si cambiara algo? ¿Y si realmente hubiera uno, uno sólo arrepentido que dijera las cosas, las verdades? Eso persiste dentro de uno…

Ese silencio tan marcado por parte de los militares que aún en sus últimos días muestran un silencio siniestro respecto de lo que pasó ¿por qué cree que se sostiene?

¡Para tapar todos los horrores que han hecho! Porque van más allá de la muerte y más allá de una tortura que a veces se practica hasta en comisarías o en cualquier lugar. Han torturado sin límites de horror. Nos han torturado a todos los familiares de los desaparecidos durante 30 años ocultándonos todo lo relacionado con nuestros hijos y ahora yo encuentro en los libros que estamos consiguiendo, acá en La Plata hay un libro de la morgue, de las autopsias, de ahí del edificio donde estaba Etchecolatz, los libros donde dicen dónde murió cada uno, sin el nombre, pero sí con la dirección. Con que sólo ese libro nos hubieran dado, ¡cuánto sufrimiento se hubiera ahorrado la gente que sigue esperando a sus hijos!, porque siguen esperando.

Dentro de esta lucha de tantos años, que está cargada de dolor porque es una lucha triste, sabemos que también la llevó a hacer cosas hasta insólitas en la búsqueda por su nieta, ¿le gustaría contarnos alguna anécdota?

Ja, sí, hasta hay una persona que ha dicho que iba a escribir todo lo que yo le cuento de lo que pasé… Hay de todo… Un día me disfracé de enfermera, cuando era presidente de Abuelas y se hacía el análisis de una chica que yo había pedido al juez que la investigaran porque daba casi todo con que podía ser Clara Anahí. De esto hace casi 15 años o 20 quizá, fue uno de los primeros casos. Y me disfracé, no me conocieron ni mis propios… cuando volví a Abuelas, entré y uno de los médicos nuestros abre la puerta y me dice “¿qué desea?”. No me reconoció de tan bien disfrazada que estaba. Pero la nena esa, que yo pasaba todos los días por la puerta de su casa, para verla, desde lejos me vio en el Banco Nacional de Datos Genéticos, me vio, me miró bien, se acercó y me dijo “¿cómo te va señora?”, como me saludaba cuando pasaba por su casa. Fue la única que me reconoció, ni mi propia gente se había dado cuenta. Eso me quedó grabado, entre tantas cosas…

¿Cuánto cree que se avanzó y qué cree que falta en la lucha por los Derechos Humanos?

Bueno, falta lo más importante, los desaparecidos y los niños. Ningún gobierno encontró un sólo niño. Porque no los buscó. Ningún gobierno, hablo de todos, desde Alfonsín hasta acá. Porque no dieron archivos, porque no se luchó con la fuerza que se debiera sobre todo cuando los chicos estaban creciendo en quién sabe qué manos. Y eso es lo que yo critico que no se encontró… el gobierno no encontró, está el Equipo de Antropología Forense que es una maravilla, para mí el mejor organismo de derechos humanos, aunque no es de derechos humanos sino científico, pero es el mejor organismo; serios, capaces, discretos y con un gran sentido humanitario que se demuestra a cada rato, en todo, hasta en el silencio. Nosotros, en la Asociación Anahí, pedimos en el juicio por los niños que se hizo en Comodoro Py el año pasado, pedimos el allanamiento (sorpresivo, por supuesto) de la SIDE, y no se hizo. La jueza era una excelente jueza, lo hizo todo muy bien pero no se allanó la SIDE; aunque sea uno hubiera aparecido ahí, porque seguro que están los datos ahí.

Pareciera que en el tema “desaparecidos” habría una gran connivencia entre el poder político, judicial, la Iglesia…

Así es, y no me explico, no me explico porque este gobierno ha abierto muchas puertas para poder trabajar, ha ayudado, ha subsidiado también bastante, incluso nosotros también le pedimos un subsidio para poder tener a la casa en valor, poder mantener la casa de los chicos, la casa “Mariani-Teruggi” y nos ha sido concedido así que la hemos podido preparar para el futuro. Eso ha sido bueno, pero faltan los desaparecidos. Yo lo pienso de esta manera: si yo fuera presidente, por ejemplo, (aunque uno no debiera ponerse en el lugar del otro), lo primero que hubiera hecho es buscar los archivos, ahí están. Este archivo que salió ¿por qué no apareció hace 30 años o 36? Ese libro donde están las muertes en La Plata, en cada lugar y cómo murió y la descripción a veces de la persona, hubiera evitado tanto sufrimiento por ignorar. No hay nada peor que no saber. Cualquier noticia es mejor que la duda. Entonces eso faltó.

Sabemos que las inundaciones se llevaron una parte del archivo que hay en esta casa ¿le llegó algún tipo de ayuda oficial? ¿Se acercó alguien del municipio, por ejemplo?

Sí, hubo ayuda, hubo compañía, acá vino mucha gente, ¡juventud sobre todo!, vinieron 80 por día a ayudar a secar cada papel, cada hoja, cada cosa que se iba encontrando en las cocheras… Un mes fue intensísimo, al otro mes disminuyó porque todos trabajan en otros lados, pero siguieron viniendo cuatro o cinco meses y todavía están trabajando dos grupos que vienen a ordenar ahora todo lo que quedó seco. Y además de Nación también tuvimos bastante colaboración y ayuda… Mariotto, el vicegobernador, nos mandó un aparato que absorbe la humedad y nos ha servido muchísimo y mandó varias cosas… Han mandado donaciones, colchones, porque se arruinó todo acá, todo lo que estaba debajo del metro y medio.

A mí me duele ver, con la inseguridad que hay actualmente, cuando llueve fuerte, las puertas se entreabren, quedan entreabiertas, porque sabemos todos ahora que si dejamos la puerta cerrada quizá no podamos salir en una emergencia y hemos aprendido. Pero murió mucha gente y yo lo atribuyo a descuidos municipales, gubernamentales, porque si los indígenas pudieron hacer diques y desagües en el interior para que no se inunden, por qué acá no tenemos… con tanto ingeniero y dinero y cosas y palabras, ¿por qué no tener un resguardo para que no vuelva a pasar?

Y entre otros duros golpes, La Plata tiene nada menos que a Julio López, ¿cómo se explica su desaparición?

Se explica porque está todavía intacta una buena parte de los represores. Yo estoy segura que lo han secuestrado, estoy segura que lo han hecho sufrir y que lo deben haber muerto, y me duele en el alma. Porque él ha estado en el último cumpleaños de Clara Anahí en la casa Mariani-Teruggi antes de que López volviera a desaparecer, quedaron fotos de él y hay un video que no pude ubicar todavía porque al lado de él había un hombre que era de los servicios, que era la mano derecha de Etchecolatz. ¿Qué hacía en la casa? ¿Qué hacía en la casa Mariani-Teruggi al lado de López, ese día del 12 de Agosto de 2006? Y pocos días después desapareció López. Y a ese hombre lo llamamos, la justicia, en el Juicio por la Verdad declaró, mintió, se llamó a un careo, no resultó por no me acuerdo qué y nunca más se tocó. Y ahí está, por ahí anda el hombre, la mano derecha de Etchecolatz. Y estaba al lado de él. En distintos lugares, en distintas fotos él siempre está cerca, y como eso debe haber otros datos pero nunca se ha buscado. ¿Miedo? ¿Es todavía miedo? ¿Instauraron el miedo de nuevo? Posiblemente. O que no le importe a la gente, que sería lo más doloroso de todo.

¿Cómo siente los distintos aportes desde la cultura? Alguien que escribe una canción, un ciclo de teatro que lleva el nombre de Clara, todas manifestaciones que hacen que su lucha siga viva…

Lo vivo como una compañía, una ayuda; mi familia se termina conmigo de manera que esa ayuda y esa historia que queda ahí plasmada, me da fuerza para seguir lo poco que me queda de tiempo, hasta el último día… Y me acompaña todo ese cariño que ayer por ejemplo vino muchísima gente a saludarme, todo el día, y en mi soledad me ayuda enormemente. Mis ex alumnos…y es un aliciente para poder continuar caminando.

Chicha se despide afectuosamente, me ofrece un vaso de agua que viene acompañado con algunas masitas, y retorna a su trabajo. “Aún queda mucho por hacer”, la escucho decir desde un poco más lejos, y sigue mandando comunicados y preparando un nuevo aniversario de aquel 24 de noviembre de 1977.

SIN COMENTARIOS

RESPONDER