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Ilustración: Iconoclasistas

Mascaró entrevistó a Iconoclasistas que comenzó siendo una búsqueda de nuevas herramientas para la comunicación y se salió de los afiches y el papel hacia el debate y la creación colectiva del territorio. Las formas de conjugar arte, comunicación y política y las herramientas para poder leer, cuestionar y habitar el barrio y la ciudad.
Como artista gráfico callejero, con la inquietud de lanzar mensajes políticos, para Pablo Ares “salir a la calle era más interesante que esperar a que te vayan a ver”, como pasaría si se piensa al arte como un objeto estático para la vitrina o la vidriera.

P: En 2001 la crisis del capitalismo hizo bastante ruido. Desde los 90 veníamos trabajando con el GAC (Grupo de Arte Callejero) y en 2001 hubo por primera vez una mirada internacional sobre lo que hacíamos y eso ayudó a decir “bueno, sigo adelante”. Yo tenía una red de amigos que podía soportarme pero fue un momento de mierda”.

Julia Risler cuenta que al encarar el proyecto de Iconoclasistas la búsqueda tenía que ver con generar recursos gráficos que tuvieran un sustento semi investigativo en base a números, datos, recursos que pudieran socializarse y ponerse al alcance de más gente. En comunicación, en sociales, hay una formación super política, pero hay cosas que no las conoce nadie. Y nosotros pensábamos que está buenísimo que llegue, pero tiene que ser en otro formato. Mil libros hablan sobre el neoliberalismo pero ¿quién te puede explicar lúdicamente y rápidamente cómo funciona el neoliberalismo? Y Pablo lo logró explicar en unas historietas re cortitas. Y ese fue uno de los primeros flyers que hicimos.

Arte y comunicación política

Desde esa fusión de la gráfica y la comunicación, Julia explica que “vimos una carencia de cuestiones gráficas comunicacionales más modernas, actuales. Antes el lenguaje político para comunicar era otro”.

P: Incluso en la izquierda donde tenes un interlocutor joven, abierto, o más abierto a ideas nuevas. La izquierda siempre fue históricamente original, las vanguardias eran de izquierda. Pero había como un estancamiento.

J: Se usaba mucho el afiche grande en blanco y negro con un texto larguísimo, ninguna imagen, comunicabilidad: cero. Cero llamar la atención. Lo que quedaba claro para mi era que se le hablaba a los compañeros, a gente que ya sabe lo que le estas diciendo. Pero hay otra gente con sensibilidad política, por ahí hay personas que no quieren ser un cuadro y militar orgánicamente en una organización ni nada, pero sí se pueden sumar a una red de solidaridad, una red de apoyo, intervenir en determinadas cuestiones. Y nosotros pensábamos que esos mensajes tenían que llegar además de a los compañeros, a las nuevas generaciones.

¿Cuál fue la primer idea para empezar a trabajar, qué tipo de materiales o producciones querían hacer?

P: Primero iba a ser una publicación que explicara las cosas, que hablara de los grandes temas alternativos. Pero no nos daba el cuero para una publicación, entonces hicimos dos revi-posters. Hicimos uno de la ciudad, donde nos basamos en un trabajo que ya tenía Julia que era sobre la alienación. Y después habíamos hecho unos viajes por Latinoamérica (veníamos y seguimos muy latinoamericanizados) y queríamos jugar con difundir la cultura.

En ese segundo revi-poster surgió la imagen de la Pachamama como una gran montaña en la que se observan personajes que van desde el Che Guevara a la India Juliana que, como cuenta Pablo “era la esposa de un cacique guaraní y salió a degollar a quienes asesinaron a su tribu y violaban a las mujeres, fue la primer feminista latinoamericana”.

P: La idea de personificar a la Pacha como una montaña está inspirada en la Virgen de la moneda, de Potosí. Las montañas eran veneradas por los pueblos andinos y eso fue utilizado para evangelizar, hacían huecos en las montañas y ahí ponían las vírgenes.

J: También, cuando empezamos a trabajar juntos, en 2006/2007 es otro período clave: gana Evo, gana Correa, ya estaba Chávez, empieza a armarse este nuevo paradigma latinoamericanista, esta corriente de orgullo.

La comunicación será colectiva o no será

¿Cuál fue la repercusión o la llegada de esos primeros materiales?

P:  Ahí lo que estuvo bueno fue que se retomó, no hacía falta salir a plantarlo en la calle, sino que lo podíamos sacar en la página y la gente lo podía reutilizar. Ya en ese momento se subían bastantes cosas a Internet, había stencils para descargar de la web. Ahí nos dimos cuenta que en el Centro de Estudiantes de la Facultad de Economía en una cartelera habían usado el flyer que explicaba el neoliberalismo.

J: Nosotros habíamos citado fuentes pero no era académico… Y entonces empezamos a revisar los modos de pensar la creación, de trabajar con licencias creative commons, de cómo compartir si como postura política uno dice “este material puede bajarse, cambiarse, hacer obras derivadas, reproducirse.” Nuestro único punto era que no fuese con fines comerciales y con la obligación de seguir compartiendo y que no se cierre en una propiedad privada. Y eso a nosotros nos sorprendió muchísimo.

¿Cómo se enteran de esas réplicas?

P: Nos escribían, nos mandaban fotos. Empezamos a encontrarnos con imágenes nuestras en marchas, en eventos a los que íbamos, en ferias. Justo estaban las FLIAs (Feria del Libro Independiente) que eran una ebullición de cosas nuevas y eran un espacio de exposición genial.

J: Eran espacios donde entrar en conexión, mantenerse activo y contactar otra gente.

Si bien los primeros materiales pueden cumplir la función de mapas que plasman un estado de situación histórica, ¿cuándo empiezan a pensar en el formato mapa para trabajar y seguir creando?

J: Creo que podemos vincularlo con la muerte de los grandes relatos y cómo el mapa viene a generar nuevos relatos.

P: Necesitamos nuevas guías. Hay muchas muestras de mapas. Desde el GAC habíamos hecho un laburo de mapeo con el “Aquí viven genocidas”, con H.I.J.O.S., pero no lo había reflexionado como ahora lo reflexiono. Pero entonces teníamos ganas de meternos en Argentina y empezamos a trabajar para adentro, desde el mundo del arte. Queríamos hacer unas muestras con lo que se había hecho en La Plata y en otros lugares donde se recuperaba el material, y nos contactan unos estudiantes de geografía y nos dicen “ustedes que hacen mapas, por qué no hacen algo, un taller, o algo así, porque nosotros nos juntamos todos los años en el ENEG (Encuentro de Estudiantes de Geografía) pero no tenemos nada para hacer un trabajo de campo”. Y ahí armamos un acercamiento rústico de mapeo colectivo y nos invitan a ir al Chaco. Lo probamos en Resistencia y trabajamos con docentes y estuvo buenísimo.

J: Teníamos muy poquitos íconos, los más básicos de explotación inmobiliaria, precarización laboral, los temas que veníamos trabajando. Llevamos imágenes recortadas como para un afiche comunicacional, pero la participación de la gente, cómo se engancharon y el debate que se armó nos sorprendió muchísimo.

El mapa y el territorio

Los talleres de mapeo colectivo de Iconoclasistas nos abstraen del transitar diario (del camino de la casa al trabajo y viceversa o de una ciudad a otra) y nos hacen resignificar el territorio. Nuestro andar -que puede sentirse de hormiga- visto en perspectiva, trazado sobre el mapa, nos permite identificar problemas y alternativas. Ver de afuera el barrio y la ciudad, lejos de dar esa sensación de pequeñez, termina por ser una herramienta de conexión y conciencia sobre quiénes y cómo poblamos los espacios.

J: Al principio convocábamos a una muestra, a trabajar con los recursos saqueados y después hacíamos el taller. El primer año teníamos un subsidio, entonces nosotros nos pagábamos el viaje y le pedíamos a los compañeros que nos consiguieran un lugar donde dormir y que nos organicen con los movimientos, porque nos llamaba por ejemplo un movimiento estudiantil que tenía laburo territorial con tal barrio y nosotros íbamos.

P: El primer año, viajamos a Rosario, Córdoba, Chaco, Neuquén, Bahía Blanca. Se notó que era una herramienta que funcionaba. Al año siguiente ya todos sabían lo que era el mapeo.

J: Pero ese año, cuando no teníamos más el subsidio, cuando nos invitaban les explicábamos que ya no podíamos pagarnos los pasajes y los movimientos, las organizaciones armaban un sorteo, una fiesta y nos pagaban el viaje. Fue muy lindo esta cuestión de abrir la red de contactos y continuar un lazo que se mantiene porque ahora es mucho más fácil.

¿Qué se aprende en un taller de mapeo?

Julia explica que el definirse como un laboratorio implica también el trabajar con dispositivos múltiples, “nosotros trabajamos además de mapas cuerpos, discursos hegemónicos, líneas de tiempo. Trabajamos un montón de recursos. Y con distintos espacios y comunidades. También hemos hecho talleres de formación de mapeadores. Y las temáticas son muy amplias. El taller es una herramienta que a veces entra en un proceso de transformación mucho más amplio donde se trabaja, entonces sirve para un diagnóstico o para conocer el espacio y a veces uno da esa herramienta y se continúa. Nosotros sabemos que con el taller tal vez no vamos a cambiar nada, pero promovemos este espacio para que a partir de ahí puedan salir cuestiones útiles para esa comunidad, ese barrio”.

P: El mapa es una herramienta popular. Da para discutir, para debatir, llegar a acuerdos.  Al principio hacíamos todos mapas de problemáticas, megaminería, explotación de recursos, gatillo fácil, era un garrón, porque problemáticas hay en todos lados y había un montón de miedo, cosas muy duras.

Además de estos mapas que podían servir para conocer la situación del territorio y eventualmente ser útiles para denunciar determinadas problemáticas, cuenta Pablo por ejemplo, que algunos de los mapas sobre el modelo de saqueo extractivo y exportador fueron llevados al parlamento canadiense en una denuncia contra la Barrick Gold, una de las mineras que explota el territorio andino de nuestro país.

P: Por ejemplo hubo mapas también que empezaron a incluir íconos que pudieran situar la organización de grupos de resistencia, como alternativas. Resistencias atomizadas en entidades rebeldes. Vamos con un amplio marco, además del mapa develado con las problemáticas más visibles, donde se fugan las alternativas, planteamos un telón nuevo donde no nos vamos bajoneados. También empezamos a trabajar mapas de los sentidos, de dónde la gente se lo pasa bien, dónde la pasas bien en la ciudad, cómo ven el barrio de afuera, cómo lo ven en los medios, cómo se lo conoce. Entonces después vamos y vemos que en partes que habían marcado como que eran más tenebrosas o inseguras, más peligrosas, no pasaba nada. Trabajamos con desmitificar esos lugares. Y esos lugares donde la pasamos bien es donde interactuar, donde militar, donde hacer política.

¿Qué tipo de inquietudes tienen quienes quieren hacer un taller de mapeo?

J: El otro día encontré miles de mails que pedían asesoramiento. Nosotros les decimos siempre que la idea es que hagan sus propios mapeos, que la herramienta se reapropie, hay muchísimos recursos en la página, si tienen alguna pregunta puntual que la manden, pero nosotros los alentamos a que hagan su propio taller. Y la gente lo hace y después te mandan. Y esa cosa de la herramienta es de tan fácil apropiación, pero bueno a veces falta capacidad de coordinación o para moderar, motivar un grupo, hacer que todos hablen.

P: Después resulta que todo el mundo en un encuentro lúdico, cortando papelitos dice cosas que quizá en otro encuentro se olvida, o no las dice cuando se presentan las cosas de una manera más académica, porque algunos no lo manejan muy bien y quedan afuera. Nosotros hicimos mapas finales, juntamos las experiencias de toda la Argentina. Cuando trabajamos con la UAC (Unión de Asambleas Ciudadanas) había alrededor de 200 personas en un mapa, mapitas…

J: Esos encuentros también nos han aportado sobre una pedagogía popular bien freiriana, incorporando herramienta lúdicas, de presentación, de cómo romper el hielo, que nosotros no las teníamos y esos intercambios son los que van cambiando a los talleres.

Aquí no se para nadie

Además de la utilidad que cada comunidad puede darle al mapa que traza y más allá de las puertas abiertas del laboratorio para servirse de recursos, la página de Iconoclasistas se ha vuelto también testimonio y genealogía. Julia y Pablo rescatan no sólo las experiencias de debate luego de cada taller, sino también la posibilidad de generar registros únicos del aquí y ahora de nuestro territorio latinoamericano. Tres semanas después del fallecimiento de Hugo Chávez Frías estuvieron en Venezuela, en el Cuartel de la montaña del Barrio 23 de enero.

J: Ahí hicimos talleres más largos, entrevistas callejeras. Le proponíamos a la gente que marcara un lugar del mundo que le recordara a Chávez. Había una cola impresionante de gente para despedirlo y la gente se pegaba el sticker en el corazón. Fue alucinante.

La biblioteca ocupa toda una pared y no alcanza. Del otro lado la gráfica de la Pachamama contempla el escritorio y la computadora donde Pablo construye los íconos gráficos que los caracterizan. De ver la página de Iconoclasistas cuesta creer que se trata sólo de dos personas y la verdad es que no lo son. El mapeo ya camina solo y quien haya puesto su marca en el territorio, es un iconoclasista también.

 

La herramienta, los trazos y el cuerpo

Pablo Ares (artista gráfico) y Julia Risler (comunicadora) crearon Iconoclasistas con un espíritu propio de las cartografías en las que los ríos de vertientes diferentes confluyen y refuerzan un curso común. Para 2006 empezar a vivir y a crear juntos fue parte de un mismo proyecto, en un clima de época que después del cambio de gobierno ponía foco en los derechos humanos y donde había un claro resurgir de los movimientos sociales en Latinoamérica.

Supieron desde un principio que para explotar la conjugación de diseño y comunicación, arte y política, lo mejor era una plataforma online. Si bien Internet todavía no era 2.0, alojaron en una página estática su laboratorio de recursos gráficos. “La palabra laboratorio estaba de moda, pero vimos que era adecuada para lo que queríamos hacer”, dice Pablo.

Se dieron cuenta que más que publicar y difundir sus materiales, dejarlos libres y disponibles era lo que les hacía cobrar verdadero sentido, replicarse y volver a ellos. Se encontraban sus materiales en marchas, muestras, ferias, publicaciones. Hoy, con los talleres de mapeo colectivo, ese replicar se transformó en una herramienta que les demostró que los recursos que querían brindar en materia de comunicación, tenían que ver también con dar la posibilidad de que las personas se reapropien del territorio y pongan en él cuerpo, sentido y acción.

Sitio web: www.iconoclasistas.net

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