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Mascaró entrevistó a Rita Cortese, sobre sus experiencias y sensaciones como actriz y cantante, el rol de las ficciones en la televisión pública y su postura respecto al polémico informe sobre la “Cultura K” en el programa de Jorge Lanata.

> Por Bárbara Corneli

A Rita Cortese se le siente el carácter en la voz grave y algo áspera. No necesita volumen para que sea contundente su afirmación. Sería un disparate, dice, si tuviera que decidirse por la actuación o por el canto. Su voz no da lugar a dudas, “yo soy una actriz que canta, como pasaba antiguamente, había actrices que cantaban como Tita Merello, Paulina Singerman, Aída Luz, Sabrina Olmos, Soledad Villamil… Eso es un don más que por suerte tenemos algunas y podemos aprovechar y disfrutar”.

Y de eso se trata. “Cuando una actúa, lo que una hace está mediado por un personaje y lo importante es hacer ese personaje con toda la energía y con toda el alma. Si bien la televisión tiene otros tiempos que el cine o el teatro, sirve también para entrenarse. Lo mismo para cuando cantás, con la diferencia que lo que hacés no está mediado por un personaje, sos vos cantando”.

El sentimiento será trascendente o no será

Desde que se lanzó al escenario a cantar sin el arrope de un personaje, Rita ha elegido títulos muy sugerentes para sus espectáculos. En algún momento, cantando junto a Claribel Medina, su show se llamaba “Ojalá te enamores” que, por fuera de la suposición de un buen augurio amoroso, proviene de una tradición árabe que reconoce en el enamoramiento la puerta de ingreso al sufrimiento.

Quien vaya a ver su actual repertorio se encontrará nuevamente con un título que lo interpele. En la película “La lección de piano” de Jane Campion, la frase es determinante “si no tiene un sentimiento, retírese”. A su vez, en entrevistas anteriores Rita relacionó sus comienzos en el canto con una incipiente envidia hacia otras cantantes, por acceder a esa otra manera de transmitir. Para ella, la frase como título de su show, aplica no sólo “a la hora de cantar. Es a la hora de la vida, no porque “si no le gusta lo que hago váyase”, no se trata de eso, sino que lo que yo pretendo en la vida es hacer las cosas con amor y con trascendencia y si no es así, que se retire”.

El compromiso con el sentimiento puesto en la cadencia del tango, encuentra tal vez un paralelismo con varias ficciones desde las cuales Rita se encontró representando historias que mostraban ribetes de momentos oscuros o polémicos de la historia oficial de nuestro país.

“Cuando nosotros hicimos Montecristo” -serie transmitida por telefé en 2006, ganadora del Martín Fierro de oro, que abordaba la temática de la desaparición y búsqueda de niños nacidos en cautiverio durante la última dictadura militar – “la difusión de la televisión fue muy importante. La ficción en la televisión, es un aporte importantísimo. La televisión que hoy está siendo de algún modo reemplazada por la computadora; la gente ve muchas miniseries o tiras por la computadora, que no computan el rating por ejemplo. Pero la realidad es que tanto la computación como la televisión son campos de difusión importantísimos por eso es tan importante que los proyectos de inclusión sean parte de la televisión que es una cadena de difusión cultural a nivel nacional, por fuera de lo que muchas voces están diciendo, algunas cosas que realmente son bastante tontas”.

En 2012 Rita actuó en La viuda de Rafael, una miniserie de 13 capítulos emitida por la televisión pública, cuando ya se contaba con la Ley de Matrimonio Igualitario, pero seguían vigentes los debates en torno a los derechos de las parejas del mismo sexo y del colectivo LGBTI en general. Si bien Rita reconoce la importancia de que las ficciones acompañen la visibilidad de temas trascendentes en la actualidad política, no se considera parte de una militancia por la diversidad. “Yo detesto la palabra militancia porque viene de militar. Lo que sí, estoy absolutamente a favor del matrimonio igualitario y la igualdad de género desde la vida, desde el corazón. Para que tengamos los  mismos derechos, que seamos todos los seres humanos absolutamente iguales más allá de la sexualidad que nos corresponda a cada uno, lo que elijamos cada uno en nuestra vida”.

El arte del desacuerdo o el desacuerdo como política

La viuda de Rafael fue también una de las ficciones señaladas en el informe del programa Periodismo Para Todos (y todas) del día 30 de junio de este año, como una de las producciones que recibía subsidios por parte del Estado nacional aparte del dinero destinado a la pauta oficial. En el informe se hacía especial hincapié en las bajas mediciones de rating de las series que resultaban beneficiadas por estos subsidios.  Fue de público conocimiento la carta escrita por Luis Machín, actor compañero de Rita Cortese y protagonista en ésta misma serie, repudiando el tono acusatorio del informe en el programa de Jorge Lanata hacia la comunidad de actores y actrices de estas ficciones.

Respecto a los programas televisivos en los que ha actuado, con ciertas connotaciones al contexto histórico y político, Rita dice que “hago eso porque creo en eso. Creo y absolutamente comparto lo de Machín y fijate qué interesante porque uno de los actores que está hablando mal de otros actores también trabajó en La viuda de Rafael, que es este chico, (Fabián) Gianola. Gianola está hablando mal de los actores cuando él participó de esa miniserie haciendo un personaje muy importante”.

En el programa de Periodismo Para Todos se habló también de que los subsidios destinados desde el Ministerio de Planificación a manos de Julio De Vido, junto al consejo inter-universitario nacional, por un convenio firmado en 2011, alcanzaban los 500 mil pesos por cada episodio en el caso de series como “Las huellas del secretario”, “Historia clinica”, “23 pares”, “Babylon” y “La viuda de Rafael”, entre otras, con mediciones entre los 2 y los 5 puntos de rating.

Una de las series contra la que se apuntó con fuerza fue una telenovela que se encuentra en etapa de grabación, protagonizada por Andrea del Boca, que supuestamente cobraría arriba de 36 millones de pesos por su participación. Al respecto, Rita expresa: “yo en este momento estoy grabando una serie con Andrea del Boca donde están trabajando 80 personas mínimo, que se va a dar por canal 7 y que por supuesto ya están diciendo cosas y demás. Pero ahí estamos estas 80 personas trabajando de sol a sol como toda la vida y nadie, ninguno de los que estamos ahí, (somos todos actores de gran trayectoria, muy reconocidos) y nadie nos ha regalado nada a ninguno de nosotros”.

La voz de Rita se vuelve a plantar certera. Toma aire y sigue “qué mejor que tener un Estado que invierta en la cultura. Justamente hoy leí un artículo de Mauricio Kartun que habla de la desmantelación  que esta haciendo el gobierno de la ciudad de Buenos Aires con respecto al teatro San Martín. Entonces qué mejor que aspirar a un gobierno nacional o también de la ciudad de Buenos Aires que invierta en cultura, que invierta en salud y en educación, ¿qué mejor?

Ahora si ese dinero fuera a manos de quien no hace nada, entonces entiendo la denuncia, sería la primera en denunciarlo y  no en trabajar en un proyecto de esa envergadura”.

Por fuera de las posturas ideológicas de actores y actrices (que se planteaba como condición para ser beneficiarios de estos subsidios en el informe) afín a ciertas políticas de derechos humanos implementadas por el gobierno, Rita hace la distinción de que “lo que pasa con la televisión pública es que tiene la obligación de invertir en cultura. No es un defecto, es la obligación. El defecto sería que no lo invirtiera”.

La pregunta sobre el rol del Estado en las políticas culturales, cuál debe ser su grado de intervención y participación queda abierta en un juego de posturas, donde la voz grave y algo áspera de Rita Cortese no necesita volumen nuevamente para cobrar cuerpo.

¿Actríz o cantante? Sí por favor

Rita Cortese nació en Buenos Aires y comenzó su carrera profesional como actriz en 1980 en el equipo del Teatro Payró bajo la dirección de Jaime Kogan. Si bien en alguna entrevista ha mencionado como un pendiente interpretar alguna obra de William Shakespeare, ha sido parte de elencos de teatro que dieron vida a obras de reconocidos autores como Anton Chejov y Bertold Brecht y actuó bajo la dirección de  Roberto Villanueva, Jorge Lavelli, Alberto Ure y Laura Yusem, entre otros.

En cine actuó en una variedad de películas como Cenizas del paraíso, El sueño de los héroes, Alma mía, Dos hermanos, Los Marziano y Verdades verdaderas; y recibió distinciones como el Premio Clarín a mejor actriz y el Cóndor de Plata. Y en televisión formó parte de los elencos de Señoras y señores, Laura y Zoe, Verano del 98, El sodero de mi vida y Lalola (participaciones en las que recibió un Martín Fierro), Costumbres argentinas, Sin código, Montecristo, Mujeres asesinas, Botineras, La viuda de Rafael, y demás series.

Comenzó a cantar tangos y milongas en el año 98 junto a Soledad Villamil, con un espectáculo llamado “Recuerdos son recuerdos” en la Trastienda y desde 2002 junto a Claribel Medina en “Ojalá te enamores”. Su disco “El amor, ese loco berretín” de Acqua Records recibió el premio Gardel a la revelación como mejor artista de tango en 2009.

En su espectáculo “Si no tiene un sentimiento… retírese”, la acompañan en el piano y dirección musical Ariel Polenta, Juan Pablo Lazo en guitarra y Daniel Bugallo, presentándose en el Boris Club de Jazz de Palermo, el viejo mercado del Abasto y el teatro de City Bell.

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