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El artista de los instrumentos más insólitos sorprendió ahora con su faceta actoral en la flamante película Romper el huevo, en la que protagoniza a un hombre solitario que logra la adopción de un niño justo el día en que le diagnostican una enfermedad terminal. Una nota para conocer al hombre detrás de la barba y las canciones pícaras.

Por Agustín Santarelli

A Hugo Varela le viene la idea de que un objeto puede convertirse en un instrumento y ahí nomás le encuentra un sonido. Sin embargo, arrancó su vida artística como mimo. Cuando cumplió la mayoría de edad se dejó la barba que aún conserva bien negra y tupida. Con esa barba y pelo largo atravesó la dictadura y así subió y bajó de escenarios a veces ovacionado y otras veces obligado por la policía.

En esta primavera cumple 67 años y estrena la película Romper el huevo, con la que debuta en el rol de actor protagónico.

De todo esto charlamos con el artista que un día colgó la facultad de arquitectura en cuarto año y se mandó de cabeza a ponerle humor y música a la vida.

Romper el huevo es una historia que tiene mucho de humor negro pero también de drama, ¿cómo te llegó la propuesta del director Roberto Maiocco para que seas el actor principal?

El comienzo de la participación fue medio casual, o sorpresivo, porque el autor y director Roberto Maiocco me manda el guión de la película para que yo lo lea y vea mi personaje que era un médico muy delirante. Era un personaje chico pero muy interesante. Después de leer el guión yo se lo devuelvo, le hago una espacie de broma y le digo: “si se te cae el protagonista yo me anoto”.

Yo no lo conocía a Maiocco. Una semana después me llama y me dice que habían evaluado la posibilidad y que iban a hacer unas pruebas para ver cómo me iba el protagónico.

Las pruebas se hicieron en mi casa de La Paternal, donde tengo un lugar grande con escenario. Inclusive me grabó e hicimos diferentes ensayos. Finalmente se resolvió que daba para el personaje y a eso le siguieron muchos meses de trabajo.

Fue muy arduo para mí porque tuve que adecuarme a un personaje que era muy hermético.

En Romper el huevo, Hugo Varela interpreta a Manso Vital un hombre que lleva doce años esperando que le concedan la adopción de un niño. Finalmente la solicitud es aceptada y ejecutada el mismo día en que recibe un diagnóstico médico que da cuenta de una leucemia linfática crónica.

Es decir que luego de haberse preparado para vivir junto a un hijo ahora debía prepararse para “morir tranquilo” pero con un niño a cargo.

Ironizando con la burocracia que envuelve el sistema de adopción en el país, Manso debe desandar un engorroso camino para devolver al niño (Conrado Valenzuela), que -en principio- parecía llegado a su vida en el momento más inoportuno.

La película toca el tema de la adopción por parte de una familia no convencional, ¿es una problemática que conocías?

El tema me pareció siempre interesante por el lugar a donde apunta, que es algo tan básico como el amor y por el problema que muestra. En particular, no he tenido ejemplos muy cercanos en relación a la adopción de niños, pero sí he tenido amigos que han padecido toda la burocracia y la agonía del sistema de adopción, donde si se quiere hacer todo como se debe, se puede demorar años y años.

Cuando me metí en el guión me empecé a interiorizar y a encontrar estas dificultades que implican a una parte importante de la sociedad y fundamentalmente a tantos chicos.

Al momento de pensar en la adopción de un niño, automáticamente se piensa en un bebé. De hecho, el 95 % de las personas que buscan adoptar quieren adoptar a un chico de menos de un año. Pero la realidad es que apenas el 1% de las adopciones se dan en niños menores de 12 meses. Esa realidad es la que muestra el film de Maiocco. Además, se calcula que hay 14 mil niños sin cuidados parentales y alojados en instituciones en nuestro país. La mayoría de esos chicos se encuentran separados de sus familias por ser pobres, ya que el Estado considera que un niño o niña sin acceso a la escuela y con sus necesidades básicas insatisfechas, se encuentra en situación de abandono moral o material.. La ley de adopción actual, vigente desde 1997, también trae aparejada un entramado burocrático que hace que los trámites puedan demorarse más de cinco años.

En el marco del debate por la Ley de Matrimonio Igualitario, gran parte del énfasis y la resistencia conservadora se puso justamente en la posibilidad de la adopción de niños, ¿creés que experiencias como la  que cuenta la película puede cambiar el concepto de muchas personas en relación al debate por la adopción en parejas del mismo sexo?

En ese sentido la película a mí no me cambió en nada porque yo siempre tuve la cabeza muy abierta y siempre compartí la idea de que la necesidad de contención, de un lugar, de un grupo familiar, donde haya amor, debe estar por sobre todo lo demás, incluidos los prejuicios de un sector de la sociedad.

El tema es que además de la resistencia del sector de la sociedad que más tira para atrás, está la cuestión burocrática.

Por eso también veo con muy buenos ojos que se abra el juego a que todos los grupos familiares, tengan la forma que tengan, si están compuestos desde el afecto, desde el amor, puedan tener acceso a una adopción. Que esté pasando esto me parece extraordinario.

Claramente la película tiene la mirada en ese sentimiento y ojalá sirva para abrir tantas cabezas cerradas que hay todavía en nuestro país.

La actuación dramática es una faceta poco conocida de Hugo Varela, pero en sus años dentro del arte se ha desenvuelto como mimo, actor, músico, compositor, luthier.

¿Qué te dice la gente que te ve ahora en la pantalla grande?

Seguramente mucha gente se sorprenderá. Si bien he tenido experiencias livianas, con personajes chiquitos en películas, la mecánica del cine la conozco, pero en este caso fue un trabajo muy arduo y prácticamente nuevo. Porque implica mucha concentración y fue todo un desafío llevar adelante un personaje muy diferente a todo lo que me sale fácil.

En relación a eso que le sale fácil pero que parece siempre tan imposible para el común de los mortales -como sacarle sonido a una palangana, a una pierna de maniquí, o a un inflador-, sigue presentando “33 son Mejores”, el espectáculo unipersonal que recorre sus envidiables años sobre los escenarios.

Sí, ahí seguimos con 33 son Mejores, al que siempre estamos por ponerle el moñito pero terminan llamándonos desde el interior y salimos otra vez a la ruta. Estamos preparando un espectáculo nuevo para el verano, y mientras tanto trabajando en el taller, creando nuevos instrumentos y canciones para esos instrumentos.

Usted hace humor desde los años 70. Ha atravesado la dictadura, el menemismo, la crisis de 2001 y el kirchnerismo. En el público, ¿se notan diferencias en los momentos históricos?

Sí, he andado muchos escenarios en años muy distintos, con humores sociales diferentes pero me parece que lo que pasa afuera del teatro, del club, o del pub, no entra en la relación con el show, por lo menos no con lo que hago yo que no es tan coyuntural. Digo que, más allá de que el lenguaje también pueda cambiar, el humor funciona siempre igual, es lo inesperado, es la salida hacia el lugar que el público no espera. Tal vez lo del humor social se pueda ver en la participación del público, a quien siempre trato de hacer interactuar, pero también está atado a lo cultural de cada lugar.

Lo que era diferente sí, era actuar en años de la dictadura.

 

¿En qué sentido, recuerda alguna anécdota en particular?

Bueno, imaginate que un flaco de barba, pelo largo y un estuche de guitarra resultaba un imán para la policía. No había acto público en el que no me pusieran contra la pared. Como seis veces me encontré cantando en un escenario y de repente tuve un arma en la cabeza, que no era la mía precisamente.

Recuerdo que una vez viajando a Villa Gesell nos paró una pinza policial y nos tiraron al piso, nos separaron y apuntándonos con las itakas y las 45, empezaron a hacernos todo tipo de preguntas y averiguaciones sobre nosotros y las demás personas con las que viajábamos en el auto. Pongamos que nos habían confundido, pero se estaba todo el tiempo muy al borde porque se desaparecía y se eliminaba muy fácilmente.

Por eso me da entre bronca y risa que ahora salgan por los medios de comunicación algunos personajes a decir que tienen miedo. ¿Miedo de qué tienen? Evidentemente esa gente no vivió la dictadura, o no se sintió afectada.

 

Hace 33 años que estás inventando tus instrumentos, tus canciones, tus shows, ¿hay algunas actuaciones que recuerdes con más fuerza?

Hay lugares especiales por lo inesperado y por el escenario, como el Festival de Viña del Mar en Chile, donde estuve dos veces. Porque tienen toda una mística como de peligro. Imaginen que al público le llaman “el monstruo” y al final fui ovacionado después de recibir al principio mucha resistencia. Haber logrado seducir y entusiasmar a ese público de 50 mil personas fue algo importante para mí, incluso terminaron dándome el premio Antorcha de Plata y hasta llegaron a pedir la Antorcha de Oro.

Seguramente que hay algunos que recuerdo más por la trascendencia o por la circunstancia. Por ejemplo, el primero que recuerdo es el primer show que yo hice como humorista y solista, que es desde donde empiezo a contar para decir que son 33 años. Fue en un café concert muy chiquito de Villa Gesell que se llamaba Calígula. El dueño, que justamente se llamaba Calígula, me dijo que le faltaba un humorista y yo caí en el lugar justo en el momento indicado. Porque andaba buscando laburo, tratando de empezar a trabajar en algún lado y no conseguía nada, y le dije que yo era humorista. Ahí el tipo me dijo que tenía que hacer 45 minutos de show y yo empecé nomás y ese fue mi debut, me fue bien. Después me quedé todo el verano y ya enganché en un bar de Buenos Aires el resto del año y no paré más. Lo gracioso es que el tipo nunca supo que ese fue mi primer show. Visto a la distancia son muchos años, pero todavía no pienso colgar los botines.

Como él mismo lo asegura, para contar y escribir la historia humorística y artística de Hugo Varela hay papel para rato, y sino -como reza su más recordada canción- siempre habrá una corbata rojo punzó a mano para seguir adelante.

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