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Es la máxima referente en derechos humanos de Colombia y la cabeza de Marcha Patriótica, un movimiento político que juntó a un millón doscientas mil personas marchando por la paz en Bogotá. Sin embargo, el gobierno la considera “un peligro” para la sociedad y le quitó su banca de senadora y la posibilidad de participar en elecciones. De paso por Argentina, Piedad Córdoba habló con Mascaró de su país, de Nuestra América y de la paz en el mundo.
El pasado 9 de abril, al cumplirse 65 años del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán y del famoso Bogotazo, 1.200.000 personas marcharon por las calles de la capital colombiana bajo la consigna “paz con justicia social”. A la cabeza de esa movilización iba Piedad Córdoba, senadora destituida hace casi tres años, luego de jugar un papel fundamental en las negociaciones entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo (FARC-EP), y el gobierno. Ese proceso de intercambio que inicialmente canjeó rehenes de la insurgencia por presos políticos, sirvió para mostrar que se podía abrir un camino hacia la solución del conflicto colombiano por fuera de la intervención armada y financiada por Estados Unidos.

La movilización se dio en días en que el gobierno del presidente Santos y la insurgencia de las FARC-EP llevan adelante un proceso de diálogo con periodicidad en Cuba. Piedad Córdoba, la Marcha Patriótica, y el grueso del pueblo saben que en esas negociaciones se juega el futuro de su país y del sueño de Bolívar, la Gran Colombia, con un horizonte de paz que sólo puede ser duradera y verdadera si se rompe con el proyecto neoliberal y paramilitar que gobierna desde siempre.

¿Qué es Marcha Patriótica y por qué ahora sí se puede pensar en que Colombia pueda lograr otra forma de pararse en Nuestra América?

La Marcha Patriótica es un movimiento que nuclea a un conjunto de organizaciones sociales y populares, muy importante en mi país, en Colombia. En la Marcha confluyen estudiantes, indígenas, afrodescendientes, una multitud de campesinos y campesinas, que hoy se aglutinan en un movimiento. Estos sectores, son los que más sufren el impacto del conflicto armado, pero también son los que más padecen los alcances de las políticas neoliberales y los tratados de libre comercio con Estados Unidos, Corea del Sur, Japón, etc.

Mientras en los últimos diez años varios países de América Latina se desenvolvían en procesos de transformación y de cambio, de unidad y defensa de autonomía y soberanía, y lo que denominamos la búsqueda de la “Segunda y Definitiva Independencia”, Colombia cada vez más descendía en el caos de la guerra, en la crisis humanitaria. Así, se terminó conformando una especie de dictadura constitucional. El principio democrático se expresa en las elecciones, pero en los procesos electorales apenas si participa el 40% de los habilitados para votar, así que aún en ese aspecto es una democracia restringida, una caricatura de democracia. En ese teatro de la democracia colombiana se desenvuelve un hecho absolutamente necesario para el mantenimiento de su statu quo, y es el tema del paramilitarismo. Y los paramilitares no aparecieron como marcianos, los paramilitares son una creación del establecimiento social, político y económico de la sociedad colombiana.

¿Qué significó la movilización del 9 de abril para el camino de la Marcha y de los acuerdo por la paz?

La movilización del 9 de abril tiene un ánimo importantísimo en el rodaje del proceso de paz, porque desde una expresión popular se plantea que los diálogos no son solamente entre la insurgencia y el gobierno, sino también con la sociedad colombiana, con el pueblo.

Y es desde ahí que surge la insistencia en una campaña nacional constituyente que legitime los acuerdos.

El hecho de que hubiera tanta gente también significa la exigencia de que nadie se pare de la mesa y de que continúe el proceso de paz. Es una expresión y un mandato de ese bien supremo y ético que es la paz. Además, el pueblo se manifiesta para que el gobierno entienda que tampoco se trata de la paz que ellos quieran, que la paz no puede ser simplemente una desmovilización y desarme, sino que también debe contemplarse la discusión sobre el modelo del país: modelo de desarrollo, modelo político, modelo social y cultural.

La del 9 de abril fue la movilización más grande que se recuerde en los últimos años y sobre todo liderada por un movimiento político. Eso dice mucho mandatoriamente e instala a la paz en un imaginario social que no es precisamente el imaginario del mandamiento de las multinacionales.

Nota completa en edición impresa. Mascaró #12, junio 2013.

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