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Desde una vuelta a la producción independiente hasta una reconfirmación de que como banda nunca dejarán de recorrer y reconocer a su país, Acá estamos, el nuevo disco de Arbolito pareciera ser también una declaración de ir al frente contra los problemas sociales y, al mismo tiempo, se presenta como una señal de compañía para los que sufren. Continúa entonces un inicio de semblanza, un paso por la actualidad y un acercarse a los interiores de este conjunto humano.
> Por Romina Bilbao

Con nuevo disco ya casi en las manos, Arbolito habla con Mascaró a través de dos de sus integrantes: Ezequiel Jusid y Agustín Ronconi. Recuerda sus inicios y no deja de pensarse desde lo musical sin olvidar ni una vez siquiera que el compromiso sigue intacto. Desde su nombre en recuerdo del ranquel que vengó a su pueblo matando al coronel Federico Rauch -quien degollaba indios para ahorrar balas- hasta un repertorio cargado de experiencias populares contemporáneas, Arbolito se mantiene firme desde su raíz y no deja de crecer.

Con una vuelta a la producción independiente, ¿cuál es la sensación con la que se encuentran como banda?

Agustín Ronconi: Cada disco es un momento re lindo, este que es una producción nuestra, más todavía y sobre todo por la compañía de Tito Fargo quien nos aportó con su trayectoria y experiencia. Son once canciones que vienen con una impronta más rockera justamente por la marca de Tito Fargo. Y es también como un regalito de los 15 años que viene con muchos arreglos nuevos.
Lo cierto es que volvimos a sentir el saborcito de trabajarlo desde el vamos, ese llamar por teléfono y ver con quién lo producimos, quién nos acompaña. Nos fortaleció enormemente encontrarnos, redescubrirnos en eso de quién hace qué cosa porque nosotros desde la banda además de tocar un instrumento también tenemos cosas personales que nos sirven para una u otra tarea y que no están enteramente relacionadas con tocar o cantar. Son nuestros roles naturales, nuestra esencia y eso humanamente está bueno. Un disco independiente es como una empresa recuperada donde el trabajador no sólo hace un producto sino que ve dónde lo va a llevar, y piensa en el entorno, en el medio, para hacer que la empresa crezca.

La historia de Arbolito puede contarse en años pero también en kilómetros, con quince de los primeros y miles de los segundos la obra ya resulta entonces gigantesca. Es que la banda tiene canciones y discos pero también tiene giras por el país; y en sus inagotables pasos por el interior recuerda que los caminos no son sólo metáforas de procesos sino que son presencia y conciencia de lugares. Acá estamos, el nuevo y sexto disco de la banda pronto a salir a la calle, es la excusa para hablar con este grupo que no sólo fusiona musicalmente el folclore y el rock sino que amalgama en su interior personalidades que están para repensar que la música puede contener a la totalidad de lo humano.

Un nuevo disco implica también presentaciones, giras y una nueva cita con sus seguidores, ¿ustedes a ese público lo reconocen, ven cambios, se reencuentran?

Ezequiel Jusid: La gente que nos conoce desde hace muchos años ya se casó, tiene hijos, algunos siguen estando y vienen con ellos, con la familia, eso está muy bueno. Y pasa también que cuando viajamos nos sorprendemos de lo que nos conocen, y pensamos que todo lo que hemos hecho en estos quince años está rindiendo sus frutos. Me refiero a lo que hemos viajado, producido y recorrido. Nos sorprende gratamente que nos estén esperando y es eso lo que nos ayuda a proyectar.
Agustín: Sí, es increíble cuando vamos a pueblos chicos del interior que no sólo nos están esperando sino que además están organizados para recibirnos. Y nosotros nos preguntamos cómo es que saben de nosotros, pero pasa y es maravilloso.

Arbolito se caracteriza por tener un público joven y al mismo tiempo está en los escenarios del folclore con su impronta que fusiona rock y reggae, ¿Eso, todo junto, se percibía como posible hace un tiempo atrás?

Ezequiel: Lo que está pasando con Arbolito, está pasando en general con el folklore, está sacando pecho de nuevo. Y es porque las nuevas generaciones están rompiendo con los prejuicios conservadores que venían con un arrastre de muchos años que tenían que ver con políticas y dictaduras que hicieron del folklore algo a lo que le esquivábamos, por lo menos nosotros. Me refiero a esos escenarios, esos presentadores, esos festivales a los que no les interesaba compartir nada.
Nos costó muchos años ocupar nuestra posición, supongo que a muchos músicos más también. Somos parte de ese grupo que está haciendo otra cosa. Hoy el folklore está renovadísimo. La gente de nuestra generación que sabe de él, que lo estudia, que lo escucha, tiene adentro a Led Zeppelin, a Bob Marley, a Spinetta. Este cambio es lo que está pasando también en todos lados y el folklore está cambiando, es lo natural, lo antinatural es que el folklore no cambie.

Encontrados y egresados de la Escuela de Música Popular de Avellaneda, los integrantes de Arbolito empezaron a generar lo que ellos mismo llamaron una fusión dentro del folclore. Su primera producción, un demo en casete, se grabó a fines de 1998 y se llamó simple y al grano: Folklore. A partir de ahí vendrían las producciones que pasaron por sus manos independientes como La mala reputación (2000), La arveja esperanza (2002) y Mientras la chata nos lleve (2005), que recopilaba grabaciones en vivo de sus giras por el país e implicó un reconocimiento hacia la furgoneta VW modelo 82 que los transportó durante esos años por el país. El contacto con Sony/ BMG vendría hacia el 2007 con la producción de Cuando salga el sol y en el 2009 finalmente saldría Despertándonos.
Reconocidos como sensibles a sus entornos, esta banda se considera inspirada por las cosas que suceden en sus alrededores, desde la gente que lucha por recuperar sus trabajos a los indígenas que exigen respeto y que ya no toleran que los sigan pisoteando. Si eso es lo que los lleva a hacer canciones, puede entenderse entonces el continuo movimiento de Arbolito.

Ustedes como banda ya son un referente para las generaciones pos 2001, y es posible que esas aperturas que ustedes cuentan desde lo musical se estén manifestando también en lo social…

Ezequiel: Es cierto y es muy fuerte porque a partir del 2001 la cabeza de la gente se abrió muchísimo. Antes la desesperanza gobernaba en la cabeza de la gente, y sobre todo en la cabeza de cada uno, como individuo, o sea de manera individual. Muchos amigos y familiares se fueron, fue muy triste, abandonaron el país. Pero nosotros hacia el 2001 con la banda veníamos de recorrer el interior, habíamos participado activamente en muchos espacios, conocíamos cárceles, escuelas, hospitales, cortes, asambleas. Es decir que ya sabíamos cómo venía la mano. Ahora algo es diferente, está el sentimiento de que se puede cambiar y me parece que nos dimos cuenta de que depende de nosotros, de la fuerza que le demos como conjunto, como grupo, y allí también nosotros, ahí sí como banda, participamos activamente.

En sus giras por el interior se han encontrado con realidades y problemáticas importantes para la Argentina, una de ellas seguramente es la cuestión de las empresas mineras ¿Cómo fue ese paso por Famatina?

Ezequiel: Sí, En enero estuvimos en Famatina, cuando explotó el conflicto. Tocamos en La Rioja compartiendo, apoyando al pueblo contra las mineras. De hecho está por salir un una producción: El Famatina no se toca que es un disco doble, uno de folclore y otro de rock. Nosotros participamos con una canción ahí y todo lo que se recaude con la venta va a ser destinado a apoyar la causa. Por supuesto que con ello queremos decir que para nosotros siempre están primero la vida de las personas y la salud de los pueblos.

Con sus canciones, Arbolito está dando una batalla simbólica muy fuerte y en muchos casos podemos decir que hasta ha hecho justicia ¿Hasta dónde piensa llegar?

Agustín: No sólo Arbolito está en ese camino. Nosotros con la banda somos los que lo vemos por andar de gira, pero hay un trabajo muy fuerte de cierta parte del revisionismo histórico y de los movimientos sociales que está dando sus frutos. Lo cierto es que se está socavando el cimiento de los pueblos y en el buen sentido. En el interior de las provincias muchas ciudades tienen nombres de coroneles o fortines que sirvieron para hacerle la guerra a los indios y matarlos o desplazarlos. Y desde hace un tiempo se han ido cambiando no sólo el nombre de las cosas sino que en los pueblos vamos generando muchos sentimientos, es algo que arrancó y no va a parar.
Lo que es seguro es que el cuestionamiento ya empezó porque ahora se conoce la otra historia, después es cierto que los cambios ya corren por cuenta de los pueblos, de las voluntades, esa es su responsabilidad.
Pero el cambio ya empezó, no importa cuanto tiempo lleve y además nada dice que el cambio no pueda llegar a pasar.