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Sección inspirada en la homónima idea de la revista Tinta Roja, con el permiso de sus creadores

> Por Juan Talparoso

Esta vez nos toca saldar una deuda pendiente con alguien que fue mencionado oportunamente en esta sección cuando tratamos el caso del Gorila Relator del Pueblo, Marcelo Araujo. Es que nos había quedado pendiente ajustar cuentas con otro enorme exponente y quizás el único de la sorprendentemente nutrida raza de gorilas ligados al periodismo deportivo que provoca aún más rechazo que el propio Marcelo. Don Niembraaa, es un buen momento para que te metamos en la jaula.

Nacido en el barrio porteño de Parque Chacabuco hace unos 66 años, Fernando “Chiche” Niembro se crió en una familia de extracción netamente peronista. Su padre Paulino fue un importante sindicalista de la Unión Obrera de la Metalúrgica, dirigente del club Nueva Chicago, llegó a Diputado Nacional y sobre todas las cosas, fue la mano derecha del mismísimo Augusto Timoteo Vandor.

Fernando, a sus jóvenes 30 años ya se había acomodado en esto del relato deportivo, tal es así que al ocurrir el Golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, los golpistas Jorge Rafael Videla, Emilio Massera y Ramón Agosti ordenaban disolver el Congreso Nacional y toda actividad política, destituir a los miembros de la Corte Suprema de Justicia, intervenir los sindicatos y tomar el control absoluto de los medios de comunicación, con una salvedad, “exceptuar de la programación del día de la fecha el partido entre las selecciones de Argentina y Polonia”, partido que fuera relatado por Don Niembro para la señal de Canal 7. Así en la vida como en el fútbol, Fernando, peronista de cuna, siempre demostró una facilidad espantosa para cambiar de bando y acomodarse del lado de los vencedores, él relataba partidos mientras se perseguía y exterminaba a los jóvenes militantes de su generación.

Fiel a su estilo, la vuelta de la democracia lo benefició con un trabajito en Canal 9, lugar  en el cual esperó hasta su momento de mayor esplendor, la década neoliberal. Con el arribo del menemismo Fernando pasó a ocupar el cargo de Secretario de Medios y como tal fue el encargado de hacer públicos los indultos a los militares encontrados culpables de gravísimos crímenes. También se desempeñó como interventor de Canal 11, siendo él quien hiciera el traspaso de la señal a manos de los Vigil, dueños de la Editorial Atlántida y socios del gobierno.

Cuando Niembro olió el fin del menemato, ya tenía otro plan, desde 1997 se encontraba trabajando junto a su querido amigo Relator del Pueblo para impulsar la carrera política del por entonces presidente de Boca Juniors, Mauricio Macri. En esas épocas Fernando todavía luchaba por hacerle un lugar a Mauricio dentro de la estructura del PJ porteño.

Fernando también tuvo su propia aventura en el mundo de la política, pero luego de una fallida candidatura a diputado en 2001, en una fórmula que se integraba con Irma Roy y Gustavo Béliz, Don Niembro descartó la posibilidad de ocupar cargos públicos, pero no de hacer lobby, algo que él sabe y muy bien, e incluso declaró que “yo puedo ayudar y aportar, pero jamás sería diputado o senador, aunque me muero de ganas. Igual creo que tengo más poder desde los medios de comunicación”.

Este horrible comentarista, que es detestado en toda Latinoamérica por hacer gala de su falta de respeto constante tanto a jugadores, a hinchas y -por qué no- al mismo fútbol como deporte, ha incursionado en el género literario, contando en su haber con dos obras, “Inocente” una suerte de análisis acerca  del episodio de dopping positivo de Diego Maradona en el Mundial de 1994, y “Testigo” su autobiografía. De está última (y esperamos que realmente sea la última) rescatamos un breve párrafo: “me piden más autógrafos en un mes que a Borges en toda su vida. Seguramente seré olvidado antes que él, pero habré proporcionado miles de veces más felicidad que él a los humildes. Yo soy de los humildes. Y del olvido”.

Don Niembraa, te aseguramos que no nos queremos olvidar de vos, tampoco queremos un autógrafo, te queremos bien presente y si querés proporcionarnos un poquito de felicidad, pasá y acomodate en el lugar que te corresponde:

¡A la jaula!

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