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Alberto Fernando Pochulu, más conocido como Fernando Bravo, es un locutor y conductor de radio y televisión nacido en San Pedro hace 70 años. Con una muy extensa carrera que lo llevó a recorrer desde la locución radial hasta una entrega de los premios Martín Fierro, pasando por programas televisivos como Siglo XX Cambalache o El Precio Justo.

El paso de los años y su crecimiento dentro de los medios nos posibilitó ver mutar a Bravo, de su figura inocua de presentador de programas familiares y de entretenimiento al mercenario de la palabra que es hoy. Pensar que en los años 70 llegó a poner su voz para recitar relatos cortos con tintes poéticos salidos de la pluma de Victor Sueiro para un disco que se tituló “Mi amigo y compañero”.

Hoy Fernando conduce junto a Alfredo Leuco (quien merece con creces un espacio en esta hermosa jaula) el programa Bravo Continental que, por casualidad, va de lunes a viernes justo al término del programa de Víctor Hugo Morales, desde donde hace uso y abuso de su posición neutral. Como si no pertenecer a un medio del monopólico Grupo Clarín, ni a un medio afín al gobierno nacional lo convirtiera en un periodista neutral.

Si bien Bravo se escuda habitualmente en su ladero Leuco, quien aparece como el encargado de hacer los análisis políticos, cada vez que se suelta y habla un poquito muestra un auténtico perfil de gorila hecho y derecho. Así, en una oportunidad, para referirse a una medida de fuerza del gremio de camioneros, pidió que “usen el diálogo en vez de comportarse como indígenas”. Por suerte se retractó enseguida y aclaró que “en realidad quiso decir salvajes”.

Día a día Fernando desde su buena onda nos cuenta los males de la sociedad, los flagelos más terribles que debemos vivir, cosas como salir a cenar en tu auto y que te aborde un personaje tan peligroso y violento como un “trapito”. Un “trapito” para Fer es una persona que se apropió de una calle y hace su negocio, que no tiene ninguna discapacidad y prefiere ese rebusque antes que trabajar. Yendo más lejos, el conductor terminó diciendo que ante el peligro y el horror que presentan los trapitos, los motochorros y los limpiavidrios, la única solución posible pasa por “salir en auto con una ametralladora montada en el techo”.

Ojo, no crean que Bravo es un tipo duro de esos que emanan olor a pólvora de sus bocas, puede ser a veces muy sensible, casi llora cuando se le cruzaron al aire Ernesto Sanz de la UCR y el impresentable Eduardo Duhalde del PJ. Ante el saludo cordial de los dos entrevistados, Fernando llegó a confesar que se le ponía la piel de gallina ante eso que era lo que la Argentina necesitaba: el diálogo. No importa si el diálogo se da entre dos representantes políticos de la más rancia burguesía nacional.

Su postura política, oculta detrás de su supuesta objetivad, queda clara cuando nuestro opinólogo se muestra en ocasiones como en el famoso envío del programa de Lanata que todos recordamos por la tribuna de periodistas reclamando bajo la consigna “Queremos preguntar”. Según Fernando, se trató de una “celebración de la libertad”, donde se juntaron por la misma causa “periodistas de los principales órganos de difusión y diarios de mayor circulación, no diarios menores”.

Desde la posición de lujo que le otorgaron a Fer en la tribuna, mitad de la parte inferior, justo entre medio de dos felices parejas como la de Joaquín Morales Solá y María Laura Santillán a su izquierda, y la de Magdalena Ruiz Guiñazú y Nelson Castro por el otro lado, aprovechó para ser el primero en hablar y disparó la pregunta que tanto necesitaban los argentinos que su presidenta conteste: “Yo le preguntaría a la presidenta qué opina de este programa que estamos haciendo”.

Por suerte, nuestro impresentable presentador aclaró en una entrevista posterior al episodio que concurrió “en defensa de la libertad, porque esta demonización del discurso crítico con la sola intención de desprestigiar y vapulear a aquel que tenga un discurso crítico al oficialismo, en la Argentina que yo he vivido, nunca se ha visto”. Nos encantaría saber dónde queda la Argentina donde él ha vivido, porque en la que todos habitamos hubo épocas donde el precio de la palabra fueron la libertad o incluso la vida.

Alberto Fernando Pochulu, acomodate, ponete lindo que en la jaula hay un montón de amiguitos que te esperan entonando tu alegre cortina musical de todos los días “Aquí está, aquí llegó…”       ¡A la jaula!

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