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Caricatura por Marz Gráfico

Enjaulamos a uno de esos tipos que representan lo peor, casi que están hechos de lo peor como si toda la carga histórica del liberalismo fascista argentino se fundiera y se hiciera carne, casi como un Martínez de Hoz (esperemos que no tenga la oportunidad de llegar a tanto). Nos las vemos con el flamante ministro de Hacienda y Finanzas Públicas, Alfonso de Prat Gay.

Alfonso es hijo de Jorge de Prat Gay,         un aristócrata tucumano quien fuera parte del directorio de la empresa familiar Compañía Azucarera del Norte (CAN), que funcionaba en tierras robadas a la comunidad originaria diaguita. Pero como todos sabemos que robar tierras no alcanza para ser un verdadero hombre de negocios durante los años 1976 a 1981 (período de Videla presidente de facto y José Alfredo Martínez de Hoz ministro de Economía) Prat Gay padre fue uno de los directores del Banco Nación. Desde allí, en 1980, consiguió un préstamo por 1.400 millones de pesos para su empresa contrayendo una deuda que obviamente nunca pagó y que se estatizó para que nosotros sí la paguemos. Lo mismo ocurrió en 1990 cuando con la empresa ya concursada consiguió que el gobernador tucumano José Domato  le conceda un préstamo de 1,5 millones de dólares para financiar la zafra y no devolvió ni un solo peso. Para terminar con la historia familiar queda decir que Jorge aprovechó el puesto de su hijo como presidente del Banco Central y en 2003 volvió a robarle a los Diaguitas, se quedó con 19.800 hectáreas de monte virgen pertenecientes a la Comunidad Indio Colalao que hoy están en manos de un pool sojero.

Lejos de los montes tucumanos y la zafra de azúcar, Alfonso estudió en el colegio New Man (como Macri), se graduó de economista en la Universidad Católica e hizo una maestría en EEUU. Gracias a su innata habilidad para el mal consiguió entrar al JP Morgan y con sólo 33 años llegó a ser el director de Políticas para el Tipo de Cambio de la firma en Londres. Prat Gay es tan rápido para los mandados que el JP Morgan le encargó tapar su participación en el vaciado de reservas y el envío de fondos al exterior de manera irregular durante el corralito y lo impulsó para que fuera presidente del Banco Central de la República Argentina, cargo que ocupó entre 2002 y 2004.

La ética y las finanzas no son buenos aliados, Alfonso lo sabe bien. Cuando Amalia Lacroze de Fortabat decidió vender Loma Negra le encargó la tasación y posterior venta al JP Morgan. Las gestiones no la conformaron, quizás 1.025 millones de dólares le pareció poco, y Amalita convocó a Prat Gay para que se encargue de la fortuna. Alfonso sin pruritos aceptó y sin oír las súplicas de sus ex jefes para que no les quitara el negocio, puso manos a la obra y desapareció del país los fondos que terminaron en distintos paraísos fiscales sin dejar un solo peso en nuestro país. Tan buen trabajo hizo nuestro ministro de Hacienda que Fortabat lo dejó encargado de administrar la herencia de 1.000 millones de dólares que dejaría luego de su muerte.

Vení Alfonsito, hijo de un camión lleno de aristócratas fascistas, pasá que las bisagras de la jaula están bien lubricadas con grasa militante. ¡A la jaula!

 

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