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En esta oportunidad debemos pedirle a los lectores que por nada del mundo se acerquen a la jaula, el espécimen de este número es por lejos el más peligroso que hemos tratado. Ahí lo vemos llegar, desde la jungla sindical, en su camión jaula blindado, marca Ford y de característico color verde, a Hugo Antonio Moyano.

Huguito no es ningún improvisado, es quizás uno de los gorilas vivos con mayor formación y más trayectoria que podamos encontrar. Arrancó de pibe, a los 18 añitos allá por 1962, Hugo ya era delegado gremial de la empresa de transportes Verga Hermanos de Mar del Plata, desde donde pasito a pasito, compañero entregado tras compañero entregado, se fue armando su propio camino dentro del sindicalismo marplatense.

En 1971 Moyano ya se había convertido en Secretario General del Sindicato de Choferes de Camiones de Mar del Plata. Llegado el año 1973, junto con el sindicalista de la construcción José Landi organizan la Juventud Sindical Peronista, la cual desde su origen fue pensada como herramienta de la Triple A.

Lo bueno de Hugo Antonio es que más allá de que la benévola biografía política y sindical publicada en el sitio web www.camioneros.org (la cual tiene un bache involuntario en el período comprendido entre 1972 y 1981) no hay forma de no verle el pelaje. Sobran documentos de la actividad criminal de la JSP, ya que lejos de ocultar su accionar utilizaban los medios gráficos marplatenses para publicar sus comunicados. Un ejemplo es el del 12 de septiembre de 1974, que la organización había tomado la decisión de “iniciar una acción en procura de lograr la identificación y captura de los militantes de la organización Montoneros y de todos los elementos que actúan en la clandestinidad saboteando el Proceso de Reconstrucción y Liberación Nacional”. Otro bello ejemplo es el artículo del 3 de agosto de 1974 donde la JSP no hace menos que festejar el asesinato del abogado y diputado nacional Rodolfo Ortega Peña, muerto en manos de la Triple A.

Durante los 80, Moyano dedicó sus fuerzas a escalar posiciones y lograr cada vez más poder hacia adentro del sindicato de camioneros, llegando en 1992 a ser electo Secretario General del mismo. Una vez a la cabeza de su gremio saltó a la fama a nivel nacional convertido en uno de los hombres fuertes del sindicalismo peronista disidente. Desde la conducción de la CGT, una vez más pareció haberse olvidado de qué lado debía encontrarse y, una vez más, jugó el rol de títere del gobierno de turno, asintiendo obediente ante cada golpe propinado por el neoliberalismo a los derechos de los trabajadores.

Con el arribo de Néstor Kirchner a la presidencia del país, Moyano volvió, pero con mucho más protagonismo, al lugar donde más cómodo se sintió en su juventud: el sindicalismo oficialista. Hugo se transformó en la línea de choque (literalmente) del kirchnerismo, combatiendo sin temor a todos los gorilas que osaran enfrentar las medidas del gobierno, ya que a su entender “después de Perón y Eva Perón, nadie le dio tanto a los trabajadores como Néstor Kirchner”.

Hoy por hoy, Moyano se encuentra alejado del gobierno, recientemente ha lanzado su propio partido político: el Partido por la Cultura, Educación y el Trabajo, desde donde pretende combatir a quienes, según él “dividieron al movimiento obrero y le arrebataron la conducción del Justicialismo”. Como si hiciera falta aclaró que “la señora que gobierna comete el mismo error que algunos en los 70 a quienes el general echó de la plaza” marcando una vez más, de qué lado del peronismo siempre se encontró.

Queda claro que la capacidad de olvidar del compañero Hugo es casi ilimitada, ya que si hay alguien que realmente puede hablar de una “década ganada” no es otro que él mismo, quien durante su pasantía bastante bien remunerada en las filas del oficialismo, no solo se convirtió en el dirigente sindical de más peso en el país, sino que debido a la enorme cantidad de negocios que su relación con el poder le facilitaron, bien podría cruzar de vereda y pasar a representar al sector empresario.

Por todo esto Hugo Antonio Moyano, te pedimos que te bajes del camión y marches derechito, como vos sabés:                ¡A la jaula!

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