COMPARTIR
Caricatura de Marz Gráfico

Gran constructor de consenso, nuestro gorila ha logrado algo inédito: que toda la comunidad cultural de la ciudad de Buenos Aires se ponga de acuerdo en una sola cola, para putearlo. Enjaulamos a Darío Eduardo Lopérfido.

Nacido en el barrio porteño de Villa Luro, Darío es hijo de un obrero gráfico, sindicalista y de izquierda que fue despedido ni bien se instauró el golpe del 76. Con su padre desocupado salió a trabajar de pibe y nunca terminó la secundaria. En los años 80 participó en numerosos programas de radio como encargado de columnas de espectáculos, tarea que lo llevó a aparecer dos veces por semana en el  programa “Utilísima” transmitido por Telefé.

Un buen día de 1992, nadie sabe bien cómo, Lopérfido fue nombrado director del Centro Cultural Rojas. En realidad podemos inferir que el Rojas depende de la UBA que era manejada por el radicalismo y que Darío siempre fue un buen correligionario. En 1997 empezó a desempeñarse como Secretario de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, director del Festival Internacional de Teatro (FIBA) y Subsecretario de Extensión Cultural de la UBA, todo al mismo tiempo.

Desde el Rojas fue que pegó onda con Antonito De La Rúa, con quien en la actualidad nos enteramos que comparte una firma off shore en Panamá. Antonito le presentó a su hermano Aíto, Hernán Lombardi, Cecilia Felgueras y demás jóvenes promesas de la derecha cool de fines de siglo pasado. Así nació el “Grupo Sushi”, un engendro político que ayudó a Fernando De La Rúa a llegar a la Casa Rosada y a Lopérfido a llegar a la Secretaría de Cultura de la Nación.

Cuando en 2001 llegó el estallido social, la huída en helicóptero, la represión y el caos, Darío se tomó el palo. Se fue a España y consiguió trabajo en el Grupo Prisa, que vendría a ser como un Clarín alimentado con mucho Danonino. El multimedio es dueño del diario El País, una editorial, algunos canales de televisión, unas 1.250 radios entre las que se encuentra Radio Continental de nuestro país y además es socio de Clarín y La Nación en Papel Prensa.

Hace unos años Lopérfido volvió al país gracias al poder del amor. Se casó en 2014 con Esmeralda Mitre, hija del mismísimo Bartolomé (actual dueño y director del diario La Nación y tataranieto del homónimo que fuera presidente), lo cual al parecer le abrió muchas puertas. En febrero de 2015 fue nombrado por Macri como director del Teatro Colón y en diciembre del mismo año, ya con Rodríguez Larreta como Jefe de Gobierno, le sumó a ese cargo el de ministro de Cultura de la Ciudad.

En febrero de este año, en una charla organizada por el insecto lamebotas Luis Majul, a Darío se le soltó la cadena y espetó: “En la Argentina no hubo 30.000 desaparecidos, fue una mentira que se construyó en una mesa para obtener subsidios”. Con esa sola frase cualquiera se gana una hermosa estadía en la jaula, pero Lopérfido va por más. En la misma charla dijo: “Si algún error cometió la dictadura militar fue no hacer un proceso legal y hacerlos desaparecer y matarlos de esa manera”. O sea que para él quienes ocuparon (literalmente) el poder en esos años tenían la potestad de implementar un marco legal para perseguir y encarcelar a quienes no pensaban como ellos. Hermoso.

Lopérfido no sólo habla como un hombre de derecha, gobierna como tal. Los teatros y centros culturales porteños se encuentran jaqueados por la ola de aumentos. Los espacios públicos arrastran años de desinversión y abandono total que el gobierno porteño solo le podría achacar a su anterior gestión, comandada por  Macri, y a la fecha son muchas las salas de teatro que se encuentran cerradas. Mientras tanto el ministro de Cultura, lejos de preocuparse, sólo es noticia por sus desplantes fascistoides.

Vení Lopérfido, es hora de bajar el telón. ¡A la jaula!

SIN COMENTARIOS

RESPONDER