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Ilustración: Marz Gráfico

Revienta la bailanta, ya comienza el show, porque más vale tarde que nunca y porque los homenajes mejor hacerlos en vida, le abrimos la puerta de la jaula a Humberto Vicente Castagna, más conocido como Cacho.

Estereotipo del macho porteño, Cacho es masculino, encarador, pícaro, seguro, mujeriego; tiene calle, códigos, levante y chamuyo. Pero también es un poco fascista, machista y soberbio aún en su ignorancia.

Algunos dirán que se quedó en el tiempo, que pertenece a otra época, una época donde estaba bien reírse de las travestis. La misma época en la que cantar “si te agarro con otro te mato, te doy una paliza y después me escapo” no era una clara y cobarde incitación a la violencia contra la mujer. Pero la realidad marca que el bueno de Humberto viene llevando una conducta intachable y se ha mantenido siempre bien alineado del lado machista y retrógrado de la humanidad.

La última dictadura militar prohibió un tema de Cacho: “Cara de tramposo, ojos de atorrante”. Vaya uno a saber por qué, quizás haya algún mensaje oculto que el censor de turno descifró en la letra. Pero Cacho sabe perdonar.

“Argentina. Un presente de amor, para un futuro de gloria” era la frase con la que cerraba una propaganda televisiva del gobierno militar en el año 1981. En planos difusos se puede ver a una monja, a una pareja de bailarines clásicos y a las primeras torres construidas en Puerto Madero (que vendrían a representar el progreso) y de fondo una canción que dice “Nuestra patria es un jardín que crece, alimentado sólo con amor”. El autor e intérprete del espantoso jingle no era otro que Cachito.

Años más tarde, siempre de la misma vereda y siempre dando mecha al tema de la inseguridad, compuso y cantó otro tema de campaña: esta vez para Alberto Albamonte, un empresario devenido en diputado por la nefasta UCeDé aliada al menemismo, “si quiere caminar con más seguridad…con Albamonte sí, con Albamonte ya…”. Demostrando que la democracia no lo iba a agarrar desprevenido y sumándose desde la primera hora a las filas de los famosos que supieron hacerse amigos de Carlos Saúl, Cacho apoyó siempre al modelo neoliberal que aún hoy defiende: “La  gente  estaba  más  contenta,  la  gente  tenía  más  alegría.  Yo  de economía  no  entiendo  nada,  pero  yo  veía  que  la  gente  se  compraba  autos,  viajaba, estaban más contentos, hoy está triste el país”.

De hecho, en los últimos años, lejos de conseguir repercusión con alguna nueva canción ha logrado trascendencia montándose a la ola de famosos gorilas que espetan al aire por radio y televisión comentarios violentos acerca de cómo tratar al problema de la inseguridad. Un tema sobre el que han disertado expertos y eruditos de la talla de Susana Giménez, Mirtha Legrand, Mario Pergolini o Ivo Cutzarida y sobre el cual, lamentablemente, no podíamos prescindir de la opinión del señor Castagna.

Cacho de Buenos Aires, que la sabe lunga, no sólo nos ha enseñado un montón de cómo se trata a una mujer, además nos ha ilustrado con consejos de cómo solucionar el tema de la inseguridad. Según él la solución es sencilla: “Acá con trescientos ladrillos solucionamos todo. Trescientos ladrillos nada más, hay que hacer un paredoncito y listo….”. Un paredoncito donde Cachito no tiene ningún problema en poner a nuestros pibes ya que “los que tienen 13 ó 14 años ya están formaditos, es difícil rescatarlos”. Entonces sencillo: paredoncito y listo. Pensar que en otra época parecía más sensible y cantaba “Quieren matar al ladrón”.

Para mostrar su coherencia hace poco se animó a pedir que “Saquen al ejército, saquen a los gendarmes, no para el gobierno, pero sí para que limpien. Porque ellos están autorizados a tirar, nosotros no…La palabra democracia es muy linda…pero está muy manoseado todo esto”.

Vení Cachito, que acá vas a estar muy seguro, pasá, acomodate en el bulín que te preparamos:  ¡A la jaula!

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