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Sección inspirada en la homónima idea de la revista Tinta Roja, con el permiso de sus creadores

Caso extraño el de este mes. Tenemos un personaje que es reconocido por un gato, pero de quien no nos queda ninguna duda que es en realidad un gorila. En esta ocasión tenemos el agrado de enjaular a Cristian Dzwonik, a quien todos conocemos por Nik.

Nik ha saltado a la fama por ser el padre de esa criatura incomprensiblemente vendible llamada Gaturro, una mala versión vernácula de Garfield que hace 17 años aparece en La Nación (aunque parezca mentira, en el pasquín de Mitre parece ser que hasta para escribir los chistes hace falta ser gorila). Mientras su carrera como historietista levantaba vuelo Dzwonik supo ganarse el reconocimiento de sus colegas. Todos lo reconocen como un ladrón y un inescrupuloso. Abundan las denuncias de plagio hasta de sus contactos de tweeter. El mismísimo Quino llegó a declarar “En general me llevo bien con todos, menos con Nik, que publica en La Nación y empezó robando muchísimo a Rudy, a Daniel Paz. Nik vino a crear un malestar por primera vez entre los dibujantes argentinos. Nadie lo soporta. Al punto que si hay una mesa redonda, todos participan con la condición de que él no esté”.

Cristian Dzwonik tiene un gran talento, aunque no es bueno dibujando ni haciendo chistes, haciendo negocios no lo iguala nadie. El gato que él dibuja se ha transformado en un éxito comercial, miles de objetos de lo más variados con su imagen, una película y un sitio web. El gobierno porteño, que no se podía quedar afuera de esta ola de idiotez, le hizo una escultura en el Paseo de la Historieta, lo puso en semáforos y hasta declaró a su autor Personalidad Destacada de la Cultura.

Volviendo a lo de los negocios, la página web es un verdadero fenómeno. Mundo Gaturro, tal el nombre del sitio, consiste en un juego multijugador en línea al cual los niños acceden gratuitamente y crean un personaje que tendrá sus pertenencias y hasta una casa. Mientras más cosas tiene el personaje, mas “popular” se vuelve. El juego se convierte en algo mucho más divertido comprando pasaporte virtual que cuesta unos $45 y que permite acceder a más contenidos, como nuevos juegos o simplemente mejor ropa que los otros usuarios. La millonaria empresa dueña del sitio está formada por capitales pertenecientes a Clarín, La Nación y al propio Nik. Se pueden leer muchísimos artículos y comentarios de padres horrorizados del grado de consumismo que despierta el juego en los chicos.

El bueno de Nik parece llamado a despertar pasiones. No solo se gana el odio de sus colegas cuando los plagia, sino que cuando se digna a escribir algo también. En 2002 Rep publicó una columna de opinión repudiando por discriminatorio un chiste de Nik donde hacía un paralelismo entre una foto de una mona de la película “El Planeta de los Simios” y una de Graciela Camaño (vale aclarar que la caracterización no se debía al pensamiento gorilezco de Camaño, sino a su aspecto físico). También Maitena le ha sabido caer por el abuso de estereotipos machistas en sus dibujos, “En sus chistes las suegras son gordas y feas. Las mujeres son todas boludas. Y los hombres están hipnotizados con la tele. Ese es el mundo de Nik”.

Sabido es que los gorilas dejan su rastro siempre y Nik no es la excepción. En la red social Twitter @Nikgaturro tiene más de 250.000 seguidores y no solo usa su cuenta para robar material para sus chistes, sino que suele compartir sus sesudas reflexiones. Este año se despachó con dos tweets en la víspera del día de la memoria, “Recuérdalo: el secreto de la felicidad es tener mala memoria” y “No mires al pasado, te pone triste. No mires al futuro, te pone ansioso. Mira el presente y simplemente vive”.

Podríamos otorgarle a Nik el beneficio de la duda, pero para ahorrarnos el trabajo el 24 de marzo tweeteo “Hay ausencias que representan un verdadero triunfo (Julio Cortázar)”.Ya en 2004, casualmente en la misma fecha, Nik publicó su habitual chiste de la sección política del diario La Nación donde uno de los personajes se muestra consternado por la muerte de la utopía y las ideologías y el otro se mofa con desenfado avisándole que llegó 20 años tarde al sepelio.

Aunque parezca un gatito inofensivo no hay que dudar, si trabaja en La Nación, tiene negocios con Clarín y es amigo de Macri, podemos estar seguros que es un gorila.

¡A la jaula!

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