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En esta oportunidad tratamos con un gorila que vive de empeñar su palabra. Se trata de Alfredo Leuco, uno de los ejemplares más hipócritas y serviles de la vasta lista de gorilas que se ganan la vida como mercenarios del discurso pero les gusta hacerse llamar periodistas.

Alfredo Manuel Lewcowikz nació en Córdoba en 1955. Estudió la carrera de periodismo y tuvo su primer contacto con la política en la facultad militando en una agrupación del Partido Comunista. La juventud militante lo marcó y se nota que es una persona de ideales, de muchos y muy distintos ideales. Fue defensor de Alfonsín y la Junta Coordinadora cuando volvió la democracia. Cambió y mostró cierta simpatía con el Movimiento Todos por la Patria cuando se avecinaba el fin de la primavera alfonsinista. Cubrió para la revista Gente con tono ameno y condescendiente la gira por el mundo de Menem al principio de su mandato y hasta escribió una biografía titulada “El heredero de Perón” antes de abjurar y volverse opositor. Durante los primeros años del kirchnerismo fue un acérrimo defensor del modelo y solo le faltó cambiarse el apellido para ser más K que Néstor y Cristina juntos. Hoy defiende a capa y espada al Ceo de la Nación. Como podemos inferir, cuando cambien los vientos políticos y por ende cambie el empleador, Alfredo cambiará de discurso.

Leuco es un claro caso de gorila con piel de cordero. Echa mano a su acento cordobés para que su discurso suene simple y sincero mientras defiende los intereses de la casta porteña que desde siempre marca el rumbo del país. Cada vez que menciona su formación política, la cual atribuye a la izquierda, lo que sigue es una catarata de saliva puesta a disposición del capitalismo más salvaje y la defensa de su posición acomodada. Hace muy poco jugó la carta de su gusto por mujeres alejadas de la belleza convencional para tapar un machismo más que evidente. Si Leuco dice que afuera hay sol preparate porque seguro llueve y es de noche.

Si bien su discurso puede cambiar a lo largo del tiempo, los gorilas siempre muestran el pelo y, en 2003, el ex militante comunista le exigía al gobierno de Néstor Kirchner (al cual adscribía rabiosamente) terminar con la amenaza piquetera ya que sostenía que “los líderes de grupos minúsculos como quebracho o el M.T.R. que se auto titulan guevaristas o los que responden al Partido Obrero o al Partido Comunista o al irracional Castels no dudan en llevar a grupos de excluidos a callejones sin salida y a frustraciones que en otras etapas de la Argentina terminaron en violencia y en asesinatos masivos”. Al mismo tiempo que decía esta barbaridad se hacía un fantasioso autobombo en Página 12 contando cómo cuando le tocó hacer la colimba, casi mata al fascista represor Luciano Benjamín Menéndez.

Hace poco en oportunidad del Tetazo que se llevó a cabo en el Obelisco,  Leuco no pudo evitar que el machismo le brote por los poros. En una extensa editorial que tuvo lugar en su programa de Radio Mitre, empezó catalogándose como un gordito pelado al que le gustan las mujeres con rollitos, para pasar a hablar de la biblia, la costilla de Adán y lo mal que está la violencia contra la mujer, pero también se encargó de acusar a las feministas de radicalizar el discurso hasta llevarlo al punto de condenar la belleza. El gordito pelado defiende la realización de concursos de belleza y hasta pide que se respete su derecho al piropo y se pregunta “¿Será cierto que premiar un trasero bullicioso y estéticamente bello es producto de mentes enfermizas que sólo piensan en la mujer como un objeto?”. La respuesta es claramente sí y además creo que no solo debemos cuidar a la mujer de la cosificación, si no que todos debemos estar a salvo de alguien que piensa que “trasero bullicioso” es un halago.

Vení Alfredito, trae tu palabra que tan poco vale pero tan bien supiste cotizar, trae también a tu cachorro de gorila, Dieguito, así se van los dos en familia.

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