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Porque algunos gorilas son así, parecen piolas, te hacen reír, hasta que un día entran en confianza, pierden los frenos inhibitorios y empiezan a opinar como lo que son, gorilas. Confinamos a la jaula a Alfredo Casero.

Hace años que asistimos al extraño fenómeno de la conversión al gorilismo de Alfredo, es casi inentendible cómo un tipo tan gracioso se puede convertir en Elisa Carrió casi sin avisar. Si uno bucea en el historial de entrevistas y declaraciones, se encuentra con que siempre hubo algo que no se entendía en el discurso de Casero, como una sensación de ideas mal expresadas que también podían ser leídas como provocaciones de un actor surgido del under más under. Porque hay que salir del Parakultural en los ochenta, llegar a la tele con programas que rompían el molde y de repente ser el personaje que se ofrece a defender a Mauricio Macri a los tiros y a matar por la República.
Quizás el primer paso de la “Lilitización” de Casero fue allá por 2013 cuando tomó publicidad el video de Juan Cabandié chapeando con agentes de tránsito para zafar de que le saquen el auto. La declaración poco feliz hace alusión a que Cabandié fue apropiado por una familia de policías: “Cuando me venís a decir a mí ‘yo me banqué la dictadura’. Ese pibe (por Cabandié) en realidad fue rescatado por la policía y no debe haber tenido ningún miedo durante esos años.”

Hace ruido que un actor que en su momento de mayor esplendor interpretara personajes como Don Gilberto Manhattan Ruiz, un sketch sobre un ministro que claramente era una sátira sobre el nefasto Domingo Cavallo, o el Señor Ojete, un empresario inescrupuloso capaz de exprimir a sus obreros, pase a declarar que “creo que mientras lo político se pegue al arte, hay que alejarse del arte”, o sostener que Macri es el hombre correcto para conducir al país por cuestiones genéticas: “el modo de pensar tiene que ver con la mecánica, genéticamente el papá de Macri hizo grandes negocios, salvo que su madre haga malos negocios. Macri debería hacer buenos negocios para el Estado”.

La postura retrógrada de Casero no se limita a la política, para dejarnos tranquilos de que merece un lugarcito entre nuestra variada colección de gorilas patrios hasta se metió con el tema de la violencia de género. Cuando la guionista Carolina Aguirre contó un hecho de violencia por parte de una ex pareja Alfredito no tuvo otra reacción que tuitear que “un hombre no escribiría, o mejor, tiene prohibido escribir sobre lo que una mujer puede hacerle. Hay muchas minas muy malas y conchudas, ¡eh!”. Perfecto, los hombres las golpean, violan, explotan, matan y desaparecen pero al parecer les estaría pasando por conchudas.
El raíd gorilístico de Alfredo Casero incluye la promoción pública de la marcha de gerontes del 1A en defensa de los Ceos de Cambiemos, insultar a Enrique Pinti vía Twitter por declararse en contra del gobierno, ponerse a la derecha (si eso existe) de la mismísima diva de los almuerzos al declarar “primeramente creo que Mirtha Legrand tendría que tener un poco de respeto por el presidente de la República, porque bien se cagó en las patas por la otra. Y se escondió de la televisión. No voy a permitir que nadie ponga en una situación peligrosa y horrible al presidente de la Nación” y hasta festejar burlándose la represión a los docentes que pretendían instalar una Escuela Itinerante en la Plaza del Congreso.

Al parecer Alfredo Casero no cuenta en su haber con amigos que le aconsejen guardarse un poco sus opiniones y no sería esta nuestra intención tampoco. Preferimos que hable, que diga todo lo que se le cruce por la cabeza y nos permita saber lo que piensa, saber qué tan facho es y condenarlo como a todos los gorilas ¡ A la jaula!

 

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