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“Mascaró se me apareció hace cosa de tres años”, dice Haroldo Conti en su prólogo a la novela a la cual decidimos tomarle el nombre prestado. A nosotros también se nos apareció MASCARÓ hace algunos años, cuando nos empezó a costar manifestar una idea sin tener la posibilidad de esquivar el rótulo de “oficialista”, o de “hacerle el juego a la derecha”, dependiendo de cual fuera la posición y quiénes los intérpretes. MASCARÓse llamó de muchas formas, pero con distintos nombres y formatos, con vaivenes y variantes, siguió tratando de madurar.

“Sucede que llega un momento que la historia empuja tanto dentro de uno que sale afuera por sí sola”, cuenta Conti y nos recuerda que ahora es cuando.

MASCARÓ existe hoy porque existió el 2001 y porque ya no se puede vender la impostura de eso del periodismo independiente, pacato, imparcial y objetivo. Objetivos está bien, trataremos de serlo, pero conviene dejarlo claro: seremos parciales. Parciales y objetivos, como decía Jorge Ricardo Massetti que debía hacerse periodismo.

Tomaremos partido pero no desde el dogma sino desde el análisis y la reflexión. Mascaró no es un proyecto cerrado, sino que se mueve en la idea de construcción y cambio. Al final, desde que empezamos a charlar sobre el proyecto y a cada reunión y ahora que salimos a la calle, ya no somos los mismos.

Trataremos también de estar a la altura de las publicaciones y los medios que nos gustan y que son amigos a pesar de que ellos no lo sepan. Decimos amigos aún sin su consentimiento porque nos encontramos en el mismo camino, de no te-ner por fin la cuestión comercial, sino otra cosa, como un proyecto o una idea.

Así que por eso saltamos al camino con Mascaró y con Conti, para sumarnos a ellos y a tantos que andan por ahí buscando un mañana distinto. Salir a la caza del futuro americano implica dar los debates necesarios, hacer los esfuerzos y lu-char para conseguir la segunda y definitiva independencia.

Los que hacemos Mascaró

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