COMPARTIR

Durante muchísimo tiempo en Argentina nos acostumbramos a la desaparición de personas. El famoso “algo habrá hecho” se hizo moneda corriente para justificar los secuestros por parte del aparato represivo del Estado y, de esa manera, fueron miles quienes pasaron a integrar la triste lista de desaparecidos de nuestra historia más reciente.

En la actualidad, no son pocas las personas que desaparecen o son asesinadas a causa de las redes de trata, el negocio del narcotráfico, el delito organizado, o incluso, por motivos políticos. Frente a esto, hay dos maneras de reaccionar, o se mira para otro lado, se calla y se es cómplice, o se moviliza, se grita y se exigen justicia y responsables.

Las desapariciones de Jorge Julio López (testigo fundamental de la causa que condenó a Miguel Etchecolaz), Luciano Arruga (su familia acusa a la Policía Bonaerense de haberlo secuestrado por no querer participar de hechos delictivos) y Marita Verón (víctima de las redes de trata), los asesinatos de Cristian Ferreyra y Miguel Galván (luchadores campesinos asesinados por defender sus tierras) y Mariano Ferreyra (asesinado en manos de patotas sindicales ligadas al duhaldismo y el kirchnerismo), o el confuso secuestro de Alfonso Severo (testigo en el juicio por el asesinato del joven militante del Partido Obrero) conforman solo algunos de los más emblemáticos ejemplos de la inacción o complicidad del Estado, acompañados de un llamativo silencio por parte de sectores del oficialismo militante y de las corporaciones mediáticas.

Sin embargo, frente a la apatía de estos sectores, existe una buena parte de la sociedad que elige no callar y, en su mayoría, son parte o se ven representados por la izquierda. La izquierda, históricamente criticada o autocriticada, históricamente plagada de divisiones y contradicciones, no duda en reclamar justicia y seguir luchando, porque cada una de estas causas son causas que pertenecen al pueblo.

Julio López fue y será emblema de la lucha por los derechos humanos de ayer y de hoy; Mariano Ferreyra fue y será un representante (y no un ícono) de la lucha de los trabajadores en contra de la precarización laboral; Luciano Arruga será hermano de cada uno de los chicos victimizados por el delito y su familia seguirá luchando para que esto no siga sucediendo; Marita Verón luchará a través de cientos de miles de organizaciones y espacios de lucha por los derechos de la mujer; y en las manos de todos los campesinos estarán el esfuerzo y la convicción de Cristian Ferreyra y Miguel Galván, peleando porque el Estado deje de negociar con Monsanto para regar de muerte las tierras que les pertenecen.

En tiempos donde el oficialismo hace bandera de la pluralidad de voces y la libertad de expresión “como nunca antes en la historia”, y en los cuales la derecha, a través del todavía monopólico grupo Clarín utiliza sus espacios para criticar salvaje y muchas veces infundadamente al gobierno, un acuerdo tácito entre ambas partes sigue silenciando realidades que cada vez son más visibles.
Por suerte somos cada vez más los que elegimos no callar. 

SIN COMENTARIOS

RESPONDER