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En 1973 el diario La Opinión publicó un informe que reflejaba que más del 30% de los jóvenes tenían algún tipo de participación política. Tuvieron que pasar casi 40 años y mucha sangre para que los jóvenes volvieran a tener protagonismo en la vida política del país.

Pero mientras la participación activa de los jóvenes es un dato cada día más inobjetable, las miserias políticas cotidianas parecen querer alejarlos de cualquier tipo de decisión. Mediante un proyecto de ley presentado por Aníbal Fernández, el kirchnerismo los invita a votar, pero en la Escuela Normal Nº1 de la ciudad de La Plata se proscribe una lista opositora a las ideas de La Cámpora. La derecha, o sea Macri, modifica las currículas escolares quitándoles horas a las materias que los estudiantes consideran fundamentales y sin consultar con quienes son los más afectados, los chicos. La Iglesia, en voz del Monseñor Héctor Aguer, prohíbe que en un colegio católico se hable de “La noche de los lápices” e impide que se conforme un Centro de Estudiantes, violando un derecho que el mismo Ministerio de Educación de la Provincia de Buenos Aires les concede.

Pero los jóvenes, que saben de trabas, presiones y persecuciones, hacen oídos sordos a los falsos llamados a la participación o al rechazo más tajante de la derecha, ellos ya eligieron un camino: la lucha.

Lucha que emprenden cientos en los Centros de Estudiantes de todo el país que no se conforman con un sistema educativo que los margina. Lucha de cientos que se organizan en los barrios a través de un club de fútbol, una revista o una radio para darle pelea a los golpes cotidianos. Lucha de cientos que se oponen a que las mujeres mueran por practicarse un aborto clandestino.

Cientos que se hacen miles.

Miles que pelearán porque “los otros”, esos que no salen en encuestas televisivas ni radiales, dejen de ser un indicador de pobreza (el 43% según el INDEC, es decir los 5,8 millones de pibes menores de 18 pobres del país) y sean una realidad sin hambre y con la misma posibilidad y capacidad de decidir que tiene el resto.

En aquélla encuesta realizada por “La opinión” en 1973, el 67% de los estudiantes secundarios eligió como su máxima referencia a Ernesto Guevara. Acaso porque es octubre, o porque sus palabras se han hecho eco en la historia, recordamos que una vez el Che dijo que “una juventud que no crea, es una anomalía realmente”.

La juventud es el futuro nos dicen, pero en los cambios verdaderos, a lo largo de la historia y en todos los pueblos del mundo, los protagonistas han sido y serán los jóvenes, en presente.

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