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Desde principios de junio, en la plana de varios medios de nuestro país volvió a ser noticia una palabra tan fuerte como cotidiana: cacerola. Las sucesivas imágenes ya difundidas por la televisión y las redes sociales, nos evitan hacer un juicio sobre los cacerolazos de elite, ya que una imagen vale más que mil palabras, y un audio vale más que mil consignas y una trompada a un periodista vale más que mil explicaciones.

Lo cierto es que mientras algunos vecinos de la Capital “se manifestaban pacíficamente” en los barrios porteños reclamando cuanta cosa se les venía en mente, el gobierno nacional anunció en menos de diez días acuerdos con grupos económicos que representan claramente lo que no queremos para nuestro país, y eso no debe ser callado. Ni Carlos Slim (el hombre más millonario del mundo), ni Monsanto (la empresa de agronegocios más grande del mundo), ni Barrick Gold Corporation (la minera más grande del mundo), pueden expresar ningún proyecto de desarrollo social o económico de nuestro país, porque con ellos vienen el saqueo, la destrucción y depredación de nuestros recursos naturales.

Casi en simultáneo, el mismo gobierno que convalida el monocultivo de soja, lanza un plan de créditos hipotecarios para que muchos argentinos que hoy no tienen un techo, puedan acceder por primera vez y con algunas facilidades a un terreno o vivienda propia.

Los medios oficiales dedicaron horas enteras a denostar la actitud de los vecinos porteños que coquetamente protestaban contra “el modelo”. El monopolio mediático de la derecha hizo lo posible, hasta donde pudo, por generar un clima de inestabilidad a raíz de estas protestas, además de buscarle el más mínimo detalle al plan de viviendas del gobierno nacional. Ninguno de los dos criticó los acuerdos con los empresarios extranjeros.

Dice el dicho popular que, la realidad tiene el color del cristal con que se la mira. Por eso intentamos mirarla desde abajo. Apoyamos el espíritu de Ley de Medios y las asignaciones familiares pero no llenaríamos el avión presidencial con empresarios extranjeros. Por lo mismo, los que hacemos Mascaró, nunca tocaríamos la cacerola de teflón con la derecha pero si, acompañamos a los trabajadores que luchan contra el impuesto a los salarios.

El parloteo iracundo de esa oposición tiene su explicación en que el programa más avanzado que puede levantar la clase capitalista argentina es el del gobierno. Por ello su disyuntiva es apoyarlo y tragarse las nauseas que le producen los pobres, o reconocer abiertamente que sueñan con volver al programa neoliberal de los años 90 que la inmensa mayoría del pueblo ha rechazado.

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