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A mediados de noviembre, referentes de distintas fuerzas políticas y funcionarios del gobierno nacional, provinciales y municipales, participaron en la Universidad Católica del encuentro “El Hemisferio Americano: Desafíos para el Desarrollo y la Seguridad” organizado por la Fundación TAEDA. Dicho así no dice nada. Pero si se repasan los nombres de los promotores de la actividad, sus orígenes y las declaraciones posteriores, como mínimo se erizarán los pelos. Además del gobernador bonaerense Daniel Scioli, el secretario de Seguridad nacional Sergio Berni y sus pares a nivel provincial, Alejandro Granados, y porteño, Guillermo Montenegro, también participaron el candidato presidencial Sergio Massa y el diputado camporista Guado De Pedro. Los encargados de dictar el curso fueron especialistas de Estados Unidos e Israel. Otros funcionarios que contaron sus experiencias en “seguridad ciudadana” y “narcotráfico” pertenecían a los gobiernos de México y Colombia.

En México, la reciente desaparición de los 43 estudiantes normalistas de Iguala destapó el dato de que en los últimos diez años han sido desaparecidas más de 30 mil personas. En Colombia, la fiscalía de Estado reconoce un promedio de 13 mil desapariciones por año, a manos del paramilitarismo y el ejército, lo que da el escalofriante número de 250 mil personas de las que nada se sabe en los últimos 20 años.

Entre esa gente, Massa pidió que el Ejército tenga mayor participación en la prevención de las fronteras y Scioli y Berni se repartieron elogios.

Días después, y también preocupados por la seguridad, en Córdoba Capital más de veinte mil pibes y pibas se manifestaron bajo la lluvia en la 8va Marcha de la Gorra contra el gatillo fácil, la represión policial y el Código de Faltas cordobés que justifica la detención y persecución a los jóvenes de los barrios de la provincia gobernada por, el siempre dispuesto a seguir las recetas de seguridad estadounidense, Juan Manuel De la Sota.

“Nuestros ideales y nuestra cultura son lo que nos hacen protagonistas y nos permiten resistir ante los maltratos que recibimos de las instituciones del Estado. Sabemos lo que podemos generar con acuerdos y organización. No queremos destruir los diálogos. Exigimos que nos escuchen. La palabra es nuestra arma más fuerte. La que nos hace parte de esta inmensa y real resistencia”, expresó el comunicado que llevó como título “Más vale gorras embrollando, que la Policía matando” y se leyó en la Plaza San Martín.

“Queremos que se garanticen los derechos a todas las personas. Queremos influir y participar en los eventos de recreación y actividades socioeducativas. Exigimos que nos devuelvan la libertad de circular por donde queramos para ser y estar el tiempo que haga falta. Queremos romper los vicios del poder político de turno”, dijeron los pibes y las pibas de los barrios. Reclamaron ser escuchados, ser tenidos en cuenta, eso que la clase política prefiere hacer con los especialistas en invadir, saquear, asesinar y desaparecer.

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