COMPARTIR

Esta editorial hablará sobre Siria, porque nos parece importante la vida de la humanidad. Y porque al margen de que en estas horas esté en duda la intervención militar en un nuevo país en el mundo, ninguna publicación, nota o palabra está demás para enfrentar el guerrerismo estadounidense.

Durante septiembre se extendió una campaña para retirarle a Obama el Premio Nobel de la Paz. “A quien haya laborado más y mejor en la obra de la fraternidad de los pueblos, a favor de la supresión o reducción de los ejércitos permanentes, y en pro de la formación y propagación de Congresos por la Paz”, dice el testamento de Alfred Nobel sin dejar lugar a dudas de que Obama no debería siquiera haber sido candidato a recibir el galardón por la paz.

La convulsión social, transformada en guerra civil, comenzó en Siria en 2011. La diplomacia rusa y china han trabajado para evitar la intervención directa de los EEUU, pero el flujo constante de mercenarios no cesa.

La falta de apoyo interno es en definitiva la causa de que el imperialismo vacile a la hora de usar su poder escarmentador y desate el ataque militar. No es el miedo a rusos o árabes el factor decisivo sino el rechazo de su propia base social. ¿Por qué sino iba el primer ministro inglés, Cameron, a consultar al parlamento, al igual que Obama al suyo?

¿No es esto acaso un síntoma de la crisis del poder imperialista, expresión a su vez de la crisis del capitalismo? ¿No abre esto perspectivas a las clases trabajadoras del mundo?

Estas preguntas pueden sonar abstractas, sobre todo si se obvia que allí en buena parte de Siria, en el corazón mismo del conflicto mundial y en medio de la guerra, varios millones de kurdos y otras etnias protagonizan una experiencia de confederación democrática socialista que ofrece una salida cierta a las masas más allá del gobierno y los mercenarios.

Es que el mundo entero se sacude de la mentira del choque de civilizaciones, y comprende que las guerras, el desempleo, la miseria y la violencia tienen origen en los intereses de una clase dominante muy minoritaria.

La crisis del imperialismo no abre el camino al éxito de los proyectos burgueses nacionales, sino que pone en evidencia la inviabilidad del mismo capitalismo. Y eso es patente en el continente americano, donde a excepción de los países del ALBA, el crecimiento económico lejos de redundar en una mayor independencia y progreso, generó una más profunda penetración de los capitales extranjeros.

La globalización informática no sólo ha sido una herramienta de los poderosos, también nos ha ayudado a entender otras culturas. Las diferencias nacionales, religiosas y étnicas, en última instancia no son problemas de los pueblos. La vida digna para un trabajador estadounidense, palestino, español, asiático o latinoamericano es, en diversos niveles, la misma lucha contra un sistema que para ensanchar sus ganancias no ahorra tinta ni plomo, horas de TV ni armas de destrucción masiva.

SIN COMENTARIOS

RESPONDER