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Denunciar un allanamiento ilegal en su casa le valió a Miguel Bru, aquél 17 de agosto de 1993, una noche de torturas y golpes que pusieron fin a su vida en la comisaría novena de la ciudad de La Plata. Este caso y el de Andrés Núñez, también asesinado por fuerzas del Estado tras negarse a ser incriminado en un delito, en la misma ciudad pero tres años antes, empezaban a mostrar cómo el aparato represivo aún sostenía prácticas propias de la dictadura.

En dos décadas, la lista de muertes en mano del Estado ha crecido notablemente y la desaparición de Jorge Julio López es un emblema mundial de la injusticia y el silencio encubridor del sistema actual.

Como si no alcanzara con las fuerzas oficiales, reaparecen también “fuerzas de choque” que, en nombre de la política, hostigan, persiguen y golpean salvajemente a militantes, pueblos originarios, y todos aquéllos que se atrevan a levantar la voz.

A los hechos analizados en anteriores números de Mascaró, se suman ahora situaciones de la mayor violencia en plena “fiesta” de la democracia.

Según las denuncias de al menos tres partidos políticos opositores al intendente Pablo Bruera en la ciudad de La Plata, varias patotas, algunas de las cuales se movilizaban en vehículos municipales, amenazaron, robaron y golpearon brutalmente a militantes que se encontraban desarrollando tareas de campaña en horas de la madrugada.

¿Quién podría repudiar este accionar? Integrantes del PRO seguro que no. Antes deberían explicar el accionar de la Unidad de Control del Espacio Público, integrada por barras bravas y ex policías cuya tarea es desalojar (de la manera que sea) a cualquier persona que consideren que entorpece o afea las calles de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, y que por cuyo accionar el propio Mauricio Macri está imputado en dos causas por amenazas.

El Frente para la Victoria tampoco, no sólo porque todas las acusaciones apuntan a su candidato en La Plata como responsable de lo sucedido, sino porque además debería explicar cómo se golpea y se mata a integrantes de la comunidad Qom en pos de seguir quitándole sus tierras; y también explicar por qué aún esta misma comunidad no tiene los documentos que le permitan participar de los comicios.

Sin dudas tampoco quienes acompañan a Hermes Binner podrán decir mucho, pues antes deberían dar cuenta del escandaloso mundo del narcotráfico que tiene como eje a la ciudad de Rosario y que implica directamente a funcionarios de su partido.

Mientras Agustín Rossi homenajea a San Martín acompañado de César Milani, a quien se intenta poner al frente del Ejército a pesar de las denuncias por su participación en la última dictadura militar, Cristina Kirchner felicita a Gildo Insfrán burlándose de los pueblos originarios, y Mauricio Macri baila al ritmo de Tan Biónica; Rosa Bru continúa la lucha por los derechos humanos y por la aparición del cuerpo de su hijo, los Qom resisten la tierra que les queda, la izquierda empieza a romper viejas divisiones, se organiza y se muestra cada vez más como una alternativa, también en las urnas.

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