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Entre la hipocresía de la oposición derechista y la amnesia del oficialismo, luego de mucho batallar mediáticamente para defender la designación del General César Milani como Jefe del Ejército, el kirchnerismo debió retroceder y postergar su ascenso, al menos, hasta después de las elecciones de octubre.

“Se pudo reunir información que vincula a Milani con hechos que se investigan en el marco de causas judiciales por crímenes de lesa humanidad”, puntualizó el CELS con la firma de Horacio Vertbitzky, titular de la entidad.

La defensa oficialista se centró en señalar la ilegitimidad de los acusantes y enmarcar la discusión en una campaña anti-gobierno.

Más allá que la denuncia la hayan realizado senadores radicales como José Cano y Gerardo Morales, y se haya difundido por intermedio de Lanata y amplificado por Clarín y La Nación, medios activos colaboradores de la Dictadura, no se puede hacer como si el Operativo Independencia no hubiera existido. Porque lo que nunca se pudo rebatir es que Milani participó desde el año 75 en el Operativo Independencia, dirigido -y basado en una concepción genocida- por Antonio Domingo Bussi en el monte tucumano.

Milani se defendió diciendo que algunos medios de comunicación, entre los que deberían leerse Clarín y La Nación, montaron una “campaña de desprestigio y difamatoria” para perjudicar “la imagen del Ejército”.

Además, aseveró que cuando estuvo en Tucumán durante la última dictadura militar con el Batallón de Ingenieros se dedicaba a “hacer caminos para la zafra y a pintar escuelas”. Esa idea de institución solidaria es similar a la que se le intenta dar en estos días a las fuerzas, sobre todo a partir de la participación de gendarmería y el ejército durante la emergencia por las inundaciones en La Plata, donde coordinaron tareas con organizaciones kirchneristas.

Desde hace años se viene buscando la forma de otorgarle a las Fuerzas Armadas un prestigio que nunca se ganaron, ni con el genocidio del pueblo paraguayo, ni con el genocidio de los pueblos originarios, ni en el más reciente contra las clases populares. Si recordamos que hasta el perdón cristiano se basa en el arrepentimiento y en la aceptación sincera de la culpa -cosa que no ha ocurrido-, que sus delitos se siguen cometiendo ya que no han devuelto a los desaparecidos, que alrededor de cuatrocientos niños secuestrados siguen privados de su identidad, que no han informado cuáles de sus miembros participaron en estos aberrantes hechos, es difícil que el pueblo pueda confiar en ellos.

Por estas  razones no entendemos cuales serían las torpezas a las que se refirió la Presidenta Cristina Fernández cuando pidió en cadena nacional el 23 de mayo: “No cometamos la mismas torpezas del pasado de querer enfrentarnos entre uniformados y civiles”. Será recordar que los tres genocidios fueron cometidos contra su propio pueblo, por lo que nos resulta difícil pensar cómo serían una fuerzas represivas que no repriman.

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