COMPARTIR

Está muerto Videla y está lo que todavía no se muere.

El viernes 17 de mayo murió en el baño de su celda del penal de Marcos Paz el genocida Jorge Rafael Videla. Al cierre de esta edición, todavía su cuerpo no encontraba un poco de tierra donde ser enterrado. Por suerte el pueblo en su totalidad repudió su muerte para repudiar lo que hizo en vida, y fueron muy pocos los saludos obituarios en el diario La Nación. Naturalmente cualquiera de los 18 mensajes necrológicos indigna, pero al menos muestra cierto blanqueo, dice: nosotros también hicimos esto.

Muerto el perro se acabó la rabia, “el símbolo de la dictadura militar” según los diarios La Nación y Clarín, sin hacerse cargo de su protagonismo “cívico”, sin hacerse cargo de formar parte de la clase empresaria que brindaba, saludaba y se sacaba fotos con Videla, y le reclamaba que se había quedado corto con la cantidad de personas que habían desaparecido.

Muchas de esos empresarios, siguen aumentando los beneficios que supieron cosechar durante la Dictadura, todavía como socios de los gobiernos.

Pero no sólo los nacionales

En estos días, dos ex gerentes y el ex jefe de seguridad de la empresa Ford fueron procesados como partícipes necesarios del secuestro de 24 obreros en 1976,  y por permitir montar un centro clandestino de detención dentro del predio de la fábrica.

Hace unos días fue detenido Rubén Osvaldo Bufano, ex integrante del batallón 601, reconocido como responsable de la desaparición, entre otros, de Haroldo Conti el 5 de mayo del 76.

Bufano no estaba ni escondido, ni camuflado ni prófugo, sino que estaba “trabajando” como coordinador de la seguridad privada en el yacimiento “Veladero” de la minera Barrick Gold en la provincia de San Juan desde 2006. En más de una oportunidad, se han denunciado las amenazas, el espionaje y la persecución a los vecinos que se oponen a la megaminería tanto en San Juan como Catamarca, La Rioja y otras provincias argentinas.

“Meditarán sobre el abismo al que conducen al país tras la ilusión de ganar una guerra que, aún si mataran al último guerrillero, no haría más que empezar bajo nuevas formas, porque las causas que hace más de veinte años mueven la resistencia del pueblo argentino no estarán desaparecidas sino agravadas por el recuerdo del estrago causado y la revelación de las atrocidades cometidas”, dice la Carta Abierta de Rodolfo Walsh a la Junta Militar del 24 de marzo del 77.

Mientras los poderosos renuevan sus formas de explotación, el campo popular  está creando nuevas formas de lucha, retomando las enseñanzas de los que dieron hasta su vida, corrigiendo errores para lograr definitivamente una Argentina más justa e igualitaria.

SIN COMENTARIOS

RESPONDER