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> Por Julio C. Gambina*

* Doctor en Ciencias Sociales de la UBA. Presidente de la Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas. Publicó recientemente Crisis del capital (2007/2013), donde profundiza sobre las causas, efectos y dinámica de la crisis mundial del capitalismo (Disponible en www.fisyp.org.ar).

Hace pocos días, el 15 de noviembre del 2013, se realizaron las Jornadas Monetarias del Banco Central de la República Argentina, BCRA. En el mensaje de quien entonces era Presidenta del organismo, Mercedes Marcó del Pont, se hizo referencia a dos cuestiones centrales de nuestro tiempo. Una remite a la continuidad de la crisis mundial. La otra a las restricciones externas que supone el escaso stock de dólares que demandan el gobierno y las clases dominantes en la coyuntura económica de la Argentina actual.

La funcionaria señaló “que la crisis no ha mostrado todavía indicios de revertirse, que tenemos un Estados Unidos al que le está yendo un poco mejor, una Europa en recesión, con situaciones muy heterogéneas, pero donde lo que se advierte es que no hay reacción del mercado de trabajo, que la desocupación cae a pesar de seguir cayendo el empleo porque se reduce la población activa, que las políticas que se están desenvolviendo en términos de liquidez y expansión monetaria no están resolviendo las cuestiones más de fondo que subyacen detrás de esta crisis, que es una brutal insuficiencia de demandas que le permita a estos países volver a crecer. Todo lo contrario, las políticas de consolidación fiscal están minando todavía más ese dinamismo de la demanda doméstica”.

Es decir, la crisis mundial continúa, con impacto en el empleo y los ingresos populares y encima existen políticas de ajuste que complican la situación social. Es que por un lado, todas las políticas anti crisis favorecen el restablecimiento de la tasa de ganancia del capital por encima de las necesidades sociales, y por otro lado, la situación de crisis siempre es utilizada por el capital dominante como chantaje para la reestructuración regresiva de las relaciones económicas, especialmente en el campo del trabajo.

La crisis en la Argentina y el endeudamiento

La situación de las divisas, y del dólar en especial, forma parte de la discusión cotidiana de los especialistas en cuestiones económicas y pone en evidencia una de las facetas de manifestación de la crisis mundial en la Argentina.

Convengamos que la disputa por las divisas ocurre entre las clases dominantes que los requieren para la acumulación, la fuga o sus inversiones especulativas, y el gobierno que los demanda para cancelar deuda, pagar la factura de importación de combustibles, las necesidades de importaciones de partes imprescindibles para la industria local, o atender los gastos en el exterior vía tarjetas del sector privado, especialmente por turismo.

La ex titular del BCRA ilustra al respecto señalando que “hemos pagado desde el 2010 hasta la fecha 24.000 millones de dólares para reducir el stock de la deuda en moneda extranjera”, y respecto de la pérdida de reservas actuales menciona que “de los casi once mil millones que cayeron las reservas en lo que va del año, el 75% es por pagos de la deuda pública en moneda extranjera”. Ese porcentaje, significa que se utilizaron 8.250 millones de dólares de reservas internacionales para cancelar deuda externa durante el presente año.

Son datos relevantes, ya que la ex titular del Banco Central señala las dificultades del país para hacerse de divisas que servirían para la industrialización y el desarrollo, y critica el ingreso de capitales especulativos, para defender la búsqueda de inversiones genuinas (como serían las de Chevron en YPF) y del nuevo endeudamiento acordado con el Banco Mundial.

Todo ello es muy discutido en parte de la sociedad Argentina. ¿Está condenado el país a sustentar el actual modelo productivo depredador de los bienes comunes? Son varios los municipios en el país que rechazan la explotación de los hidrocarburos no convencionales oponiéndose al uso de la fractura hidráulica, por las consecuencias negativas que trae sobre el medio ambiente, la naturaleza y las poblaciones que circundan esas explotaciones. Pero lo más importante es discutir el para qué del gas o el petróleo, el para qué de la energía. Es en definitiva, debatir el modelo productivo y de desarrollo que se desea para la Argentina. En ese sentido, vale cuestionar la “industrialización de la ruralidad” que nos lleva al monocultivo de la soja, cuando en el mundo se procesa la crisis alimentaria.

Sea la crisis energética, financiera, o la alimentaria, procesos que integran la crisis mundial contemporánea, la Argentina sufre las consecuencias de su inserción subordinada en el capitalismo mundial, ratificando desde la política económica la eterna dependencia de nuestra formación económica social.

Es válido entonces el interrogante relativo a las inversiones productivas. Las propuestas gubernamentales nos llevan a Monsanto o Chevron, pero vale destacar que no se ha usado el stock de reservas para fines productivos que podrían ser discutidos con la sociedad, especialmente los sectores populares.

Recordemos que se destinaron 9.500 millones de dólares para cancelar deuda con el FMI en 2006; o 24.000 millones de dólares entre 2010 y el presente como confirma Marcó del Pont. Por ambos conceptos sumamos 33.500 millones de dólares, una cifra similar a las reservas aún existentes en el BCRA. Las reservas podrían tener otro destino que la cancelación de una deuda que aún requiere ser investigada para definir su legalidad y legitimidad. Adicionemos que entre 1983 y 2013 se canceló deuda por 399.000 millones de dólares según informó Alejandro Olmos Gaona en un encuentro reciente de organizaciones sociales en la sede de la CTA.

Existen cuantiosos recursos para destinar al desarrollo y promoción de proyectos que promuevan la soberanía alimentaria, energética y financiera en base a la inversión genuina con recursos derivados de las reservas internacionales. Se trata de un destino de las reservas para la promoción productiva y el desarrollo social extendido sin depender del interés por la rentabilidad a toda costa de los capitales externos.

Es importante que se reconozcan las restricciones externas de la Argentina y, como hemos destacado en cuantiosas ocasiones, que el endeudamiento externo sigue siendo un gran condicionante de la política económica. No sólo por lo pagado con reservas internacionales y fondos fiscales, sino por la decisión de retomar el camino del endeudamiento que ya se inició con los organismos internacionales y la inducción al capital privado a suscribir una nueva ronda de endeudamiento externo.

Constituir sujeto popular para cambiar la política económica

El flagelo de la deuda es un cáncer a extirpar y no se resuelve cancelando deuda sin previa investigación. El pasado 11 de noviembre, el Senado de Brasil convocó a una audiencia pública con la Auditoría Ciudadana de la Deuda, una iniciativa popular que demanda la investigación de la gigantesca deuda brasileña. La inspiración es la auditoría de deuda organizada en Ecuador en 2010 y que redujo sustancialmente el endeudamiento de ese país. Investigar la deuda en Argentina sigue siendo una asignatura pendiente.

La convocatoria a una “auditoría de la deuda” que se asiente en la sentencia judicial del año 2000 que demostró el fraude histórico del endeudamiento entre 1976-1983 y las demandas posteriores, pueden contribuir a constituir un sujeto popular para el cambio. Un sujeto colectivo, que al mismo tiempo que denuncie el fenómeno de la deuda, pueda configurar un debate sobre cómo reorganizar el orden económico local. Que en simultáneo puede pensar y proponer las formas de articulación con los países vecinos y el mundo para sustentar otro modelo productivo y de desarrollo ante la continuidad de la crisis mundial del capitalismo.

El horizonte de continuidad de la crisis internacional es preocupante, especialmente por las políticas anti crisis que se están desplegando. En este contexto no hay más que dos rumbos posibles, el de la consolidación de los intereses de las clases dominantes, o la perspectiva de organizar un camino de emancipación popular y social. Ese es el desafío presente en la coyuntura y que define el futuro de la amenazada sociedad y la naturaleza.

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