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> Por Mariano Féliz (Economista. Profesor UNLP. Invetigador CONICET. Miembro del Centro de Estudios para el Cambio Social.)

En el capitalismo, la economía está dominada por la exigencia de la ganancia. Las empresas que controlan los principales sectores de la producción deciden si invierten, cuánto y cómo según sus expectativas de ganar más dinero. Por ese motivo, el crecimiento económico estará determinado fundamentalmente por las posibilidades (reales y esperadas) de obtener beneficios.

¿Desaceleración, meseta o recesión?

Esa introducción es importante para entender la situación actual de la economía de nuestro país. La pregunta clave del momento sería si hemos entrado en una desaceleración o meseta, si marchamos al estancamiento, o estamos en recesión. Normalmente, se asume que la economía entra en recesión si la producción general (el famoso Producto Bruto Interno o PBI) cae en dos trimestres consecutivos en relación al año anterior. Bajo ese indicador la Argentina no estaría en recesión: en los últimos dos trimestre el crecimiento fue de sólo 5,2% (enero-marzo 2012) y 0% (abril-junio 2012). Lo que sí está claro es que la economía doméstica ha entrado en una desaceleración importante luego de crecer en 2011 un 8,9% en comparación con 2010. Un dato significativo para tener en mente es que la economía argentina dejó de crecer a mediados de 2011, es decir antes de las elecciones nacionales. El conjunto de la producción se mantiene hoy en niveles semejantes a los de aquel momento.

Origen y causas

A partir de aquí podemos proponernos analizar el origen y las causas de la desaceleración. El origen -en el sentido de la causa en última instancia- es, como señalamos, la caída en la rentabilidad del capital, es decir en sus ganancias. En cuanto a sus causas inmediatas -es decir, los factores que producen esa caída en la tasa de ganancias- podemos encontrar factores de orden interno y de orden externo a la economía local, pero que en cualquier caso se articulan entre sí.

A nivel internacional, el crecimiento en los precios de los productos de exportación argentina es un factor que debería apuntalar el crecimiento económico. Dicho esto, hay dos elementos que durante la primera mitad del año han comenzado a afectar al país. La desaceleración de la economía brasileña, principal socio comercial de Argentina, ha provocado estragos en la producción industrial, en particular a través de la caída en las exportaciones de automóviles. Este es un rasgo de dependencia estructural de nuestro país: cerca de 1/3 de la producción industrial está directa o indirectamente vinculada a la producción de autos y una buena parte de ésta se dirige directamente al Brasil. En segundo lugar, la crisis europea y una incipiente desaceleración de la economía china han golpeado las exportaciones. Esto ha generado, además, una caída en el ingreso de dólares en la economía argentina.

En el orden interno, la inflación, la creciente fuga de capitales y las restricciones a la compra-venta de dólares aparecen como los principales factores que han ralentizado el crecimiento económico. La inflación en niveles elevados ha comenzado a hacer mella en el poder de compra de los salarios, que desde hace algunos años pierden participación en el ingreso total. Esta situación limita el efecto positivo que tienen los gastos que hacen los trabajadores/as. A esto se suma la decisión de las grandes corporaciones locales (nacionales y extranjeras) de acelerar su fuga de dólares al exterior (en 2011 la salida fue superior a los 2600 millones de dólares) limitando sus inversiones en el país: la inversión cayó 15% en el segundo trimestre de 2012 en comparación con igual período de 2011. En tercer lugar, frente a la creciente falta de dólares que se hace evidente en la caída en las reservas del Banco Central que fue superior a los 6100 millones de dólares el año pasado, el gobierno tomó medidas de control de cambio que son necesarias, pero se tomaron con impericia y fuera de tiempo -tarde- generando variados problemas para el normal desempeño de la actividad económica.

La perspectiva a mediano plazo no es demasiado auspiciosa: el INDEC y la UIA coinciden en la persistencia en el deterioro…

Nota completa en edición impresa. Mascaró #7, noviembre 2012.

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