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> Por José Caminos

Patrón cultural, psicosis colectiva, falla genética, mala información… Algunos de estos argumentos se han utilizado para tratar de explicar la aparentemente irrefrenable búsqueda de dólares.

Como hemos visto en la nota anterior, hay una base real para explicar por qué faltan dólares y por qué hay que cuidarlos. Pero pareciera ser qué tanta desesperación por conseguir dólares a cualquier precio, y las cacerolas sonando por no conseguirlos, tiene más que ver con una conjunción entre operaciones políticas y de prensa de la derecha vernácula, que en desordenes psiquiátricos más o menos extendidos.

El llamado “cepo cambiario” consiste básicamente en la necesidad de una autorización de la AFIP, para que los bancos y casas de cambio puedan vender dólares. Oficialmente lo que supuestamente se buscaba era combatir la evasión impositiva, ya que la AFIP tendría que comprobar el origen de los fondos destinados a comprarlos y que los compradores hayan pagado los impuestos correspondientes. Llevar a la práctica esta idea tan justa, tiene un montón de problemas, por empezar la AFIP no dispone del aparato administrativo necesario para procesar en tiempo real las solicitudes de compra de dólares de todo el sistema financiero, de manera justa y eficiente. Tampoco se reglamentaron oficialmente los criterios que utiliza la AFIP para aprobar o rechazar una solicitud, esto deja lugar a un manejo discrecional de las autorizaciones. Lo que aparentemente estaría pasando es que en el momento en que se restringe la disponibilidad de dólares en el mercado, la AFIP rechazaría todas las solicitudes del mercado minorista y dirigiría los dólares disponibles a la importación.

El descontento generado se debe a esta restricción en la venta de dólares y no ayuda a calmar los ánimos la falta de criterios claros para las restricciones. Tal como se presentó la reglamentación, quienes puedan justificar ingresos lícitos acordes a su demanda de dólares deberían la autorización.

Además esta medida tampoco parece ser suficiente para terminar con la mentalidad del dólar, más allá del gesto de la Presidenta y Víctor Hugo Morales de ahorrar en pesos.

Nota completa en la edición impresa. MASCARÓ #3

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