COMPARTIR

El proyecto macrista del blanqueo de dinero busca aportar a la prometida inversión y legalizar sus ganancias y las de otros casi 5 mil empresarios argentinos que tienen cuentas en el exterior. Un análisis sobre los paraísos fiscales y el secreto de un fraude tan grande como el 25 % del PBI mundial.

Paraíso fiscal es una traducción incorrecta del inglés tax haven, es decir: refugio impositivo. El término haven suena parecido a heaven, cielo en sentido “bíblico”, o paraíso. El término inglés, como se ve, nos da un indicio más cercano del origen de los paraísos fiscales: lugares donde se ocultan al fisco y se refugian las ganancias empresarias. Estos refugios se basan en dos “virtudes”: la exención del pago de impuestos a las sociedades formadas por no residentes y el resguardo de la identidad de los propietarios o secretismo fiscal.

Los “paraísos” nacieron a principios del siglo XX, cuando los estados comenzaron a aplicar impuestos a las ganancias de las empresas. En EEUU, por ejemplo, el impuesto fue introducido definitivamente en 1913, y en nuestro país nació bajo el gobierno fraudulento de Agustín P. Justo, en 1933. Desde entonces, y a medida que los impuestos a las rentas se combinaban con la crisis mundial, la revolución bolchevique y las guerras que convirtieron al mundo en un tembladeral permanente, los paraísos se volvieron imprescindibles para la burguesía. Así, Panamá y Liberia se constituyen en paraísos del capital norteamericano; las islas bajo dominio inglés en el Caribe y Hong Kong (origen del tristemente célebre Hong Kong and Shangai Banking Corporation o HSBC) para el capital británico; y Suiza (que progresivamente se iría convirtiendo en el paraíso preferido del lavado de todos los orígenes), Liechtenstein, Mónaco o Luxemburgo, para los capitales franceses y alemanes. A esto hay que sumarle una larga lista de Estados que se fueron sumando, que incluyen naciones como Irlanda, donde actualmente, por ejemplo, Apple declara sus ganancias.

Las petroleras fueron pioneras en el uso de paraísos fiscales. El petróleo producido en Asia o África es “vendido” a precios muy bajos a las empresas de transporte, y luego a precios muy altos a las refinerías norteamericanas. De ese modo, el beneficio registrado es casi inexistente, y el impuesto pagado otro tanto. Pozo, buque y refinería son propiedad de la misma compañía, pero el buque tiene bandera panameña o liberiana y, por lo tanto, sus ganancias quedan exentas de impuestos.

Según el economista norteamericano Michel Hudson, el proceso que describimos dio un paso decisivo a finales de la década del 60, cuando el Estado norteamericano decidió resolver el problema del déficit crónico de su balanza de pagos (agravado por la guerra de Vietnam) absorbiendo el capital “delictivo” que circula por el mundo. Hudson, por entonces empleado del Chase Manhattan Bank, fue designado por los directivos del banco para calcular el capital ilícito existente en el mundo, por encargo del propio gobierno norteamericano. Así, EEUU pasó a rivalizar con Suiza a la hora de atraer el dinero non sancto. Delaware, Wyoming, Nevada y Dakota del Sur son hoy paraísos fiscales.

 

Todos lavan todos lavan

El escándalo conocido como Panamá papers es el resultado de la filtración anónima de 11 millones de archivos del buffete de abogados panameño Mossak Fonseca. El hecho salpica directamente a Mauricio Macri, quien figura como titular de cuentas off shore y como directivo de las empresas Fleg Trading (radicada en Bahamas) y Kagemusha S.A. (Panamá). Por estas causas, Macri está imputado en principio por “omisión maliciosa” en sus declaraciones juradas por el Fiscal Federico Delgado.

Pero más allá de las responsabilidades de Macri, estos datos sacan a la luz un mecanismo de fuga de capitales permanente por parte de la burguesía nacional. Esta misma práctica, por supuesto, no es privativa de la burguesía argentina, es típica de todos los países atrasados: la verdadera medida de las ganancias, en el capitalismo actual, se obtiene a escala mundial y no en la diminuta escala del mercado local. Para los burgueses, las ganancias terminan de realizarse cuando se traducen a dólares o a euros y se esconden en estos refugios que, según algunos estudios, acumulan un valor de hasta el 25% del PBI mundial.

Hervé Falciani, ingeniero informático francés que trabajaba para el HSBC de Mónaco, por su parte, denunció en 2012 130 mil cuentas no declaradas depositadas en el HSBC suizo, de las cuales casi 5 mil (por un valor de 3.500 millones de dólares), pertenecen a empresarios o compañías argentinas. De esos depósitos, sólo 400 millones corresponden a empresas (Grupo Fortabat, Grupo Clarín, Central Puerto entre las principales), lo que constituye una demostración de lo extendida que se encuentra la práctica de fugar dinero entre nuestros burgueses “individuales”.

La burguesía nacional “antiimperialista”, cuya construcción constituyó el motor del hoy derrumbado proyecto kirchnerista, también recurrió a estos sofisticados métodos de fuga. Recordemos que SGI (la financiera que funcionaba en “la rosadita”) era propiedad de Helvetic Service Group, financiera suiza propiedad del abogado de Báez, Jorge Chueco. Por otra parte, el propio estudio Mossak Fonseca, (según surge de la investigación de Hugo Alconada Mon sobre los Panamá papers) habría creado las famosas cuentas en Nevada de Lázaro Báez y Cristóbal López que Paul Singer, con el fin de presionar al gobierno kirchnerista, había reclamado que se investigaran. Según el periodista de La Nación, el estudio Mossak Fonseca habría borrado las huellas de 123 empresas pantalla registradas en el paraíso fiscal y que pertenecerían a Báez y López.

 

Nota completa en edición impresa Mascaró #36, Julio – Agosto de 2016.

SIN COMENTARIOS

RESPONDER