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Existen señales de preocupación en el rumbo de la economía argentina, y por ello se insiste con medidas para mantener el nivel de actividad y evitar la reaparición de problemas de empleo, subempleo, o de ingresos, los que puedan derivar en un crecimiento de la conflictividad social.

La situación es compleja porque asocia impactos de la crisis mundial, por disminución de la demanda externa ante los problemas de la larga recesión europea, la lentitud de la recuperación estadounidense y los límites a la expansión de los principales socios externos del país: China y Brasil. Entre otras cuestiones, preocupan la escuálida inversión externa directa extranjera, especialmente cuando existen empresas que anuncian su retiro de la Argentina, tal como ocurre con la brasileña Vale do Río Doce, o las dificultades que en el lado chileno se le presenta a la Barrick Gold por el emprendimiento bi-nacional Pascua-Lama, algo que puede afectar la producción en el lado argentino.

No hay dudas de que el problema económico tiene en la coyuntura dos ámbitos de privilegio, el de los hidrocarburos y el de la construcción. El primero, es clave en tanto insumo estratégico de la producción, y la realidad devuelve un crecimiento insostenible de la factura de importación de combustibles, en torno a los 10.000 millones de dólares en 2011 y 2012 y que puede crecer un 30% en el 2013, alcanzando los 13.000 millones de dólares. Es un tema serio, y a un año de la expropiación parcial de YPF no aparecen los resultados esperados en recuperación de la capacidad productiva para avanzar en el auto sostenimiento energético, que aleje la dependencia de las importaciones, agravada en los últimos años. Con la construcción ocurre otro tanto, especialmente por el parate en el sector inmobiliario generado por los problemas en torno al tipo de cambio, las restricciones a la compra y venta de divisas y especialmente con la aparición de un dólar paralelo o ilegal que distorsiona la situación, con impacto más allá de la economía.

En estas circunstancias, resulta de interés interrogarse sobre qué se propone desde la política económica del gobierno ante la desaceleración económica luego de periodos de alto crecimiento, la disminución de las inversiones productivas, especialmente afectando a sectores claves en el empleo y la producción como en hidrocarburos y construcción; y la permanencia de altos índices de inflación, agravados a partir del no reconocimiento del problema por las autoridades. Pero también, es interesante discutir sobre qué alternativas se pueden sustentar.

El blanqueo

La propuesta de exteriorización de dólares es un reconocimiento implícito a la existencia de problemas en la economía local y con esta medida, se apunta a contrarrestar la desaceleración del nivel de actividad económica. Al mismo tiempo, se pretende limitar la escapada del dólar paralelo o blue, interviniendo con otras opciones de inversión, como el bono o pagaré, que si resulta exitosa incrementará la deuda pública dolarizada con incidencia en el presupuesto (vía intereses a pagar).

El objetivo del blanqueo es la captura de dólares que circulan por afuera del circuito formal con el consiguiente perdón fiscal. Se estiman unos 40.000 millones de dólares en el país y unos 120.000 millones de dólares en el exterior. En total, son 160.000 millones de dólares por fuera del circuito formalizado. Esas divisas se requieren para cancelar la deuda y la factura energética, entre otros compromisos externos.

Los anuncios  del blanqueo se realizaron con un colectivo de funcionarios del área de la economía. La imagen que se pretende mostrar es la de un equipo económico integrado que ratifica un modelo productivo de autoabastecimiento petrolero para el agro-negocio, la mega-minería, la industria ensambladora y el negocio inmobiliario. Con ello, queda afuera la discusión de fondo sobre el modelo productivo y de desarrollo necesario para satisfacer las necesidades de la mayoría de la población, con autonomía e independencia del capital extranjero, hegemónico en el país.

Se asume la continuidad del orden económico y social, sin discusión del rumbo presente. El anuncio del blanqueo apunta a contener las presiones de una gran devaluación, que sostiene parte del poder económico, y a blanquear la fuga de capitales. Al mismo tiempo, se pretende contener la evolución de los ingresos salariales para favorecer inversiones que intervengan en mantener y recuperar el nivel de actividad y empleo.

Resulta prematuro anticipar la evolución de las medidas financieras anunciadas, las que deben pasar por el Parlamento y recién con la apertura de la operatoria, podrán conocerse sus resultados, que desde ya supone el reconocimiento de operaciones con moneda externa, a contramano del rumbo de pesificación que había sido anunciado oportunamente.

Nota completa en edición impresa. Mascaró #12, junio 2013.

**Doctor en Ciencias Sociales, UBA. Profesor Titular de Economía Política, UNR. Miembro del Comité Directivo de CLACSO.

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