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El programa de Precios Cuidados se presenta como un gran logro y como una gran puja entre el gobierno y los supermercados. Pero en verdad, y más allá del control sobre una cantidad menor de productos, no se cuestiona el carácter monopólico del comercio interior ni se tocan las ganancias de los hipermercados.

Cuando el por entonces viceministro de economía Axel Kicillof se presentó ante el Congreso, a principios de 2012, para defender el proyecto de estatización parcial de YPF, protagonizó un jugoso intercambio polémico con el senador radical Gerardo Morales. El jujeño preguntaba por qué, en lugar de semiestatizar la empresa, no se creaban nuevas y más eficaces instancias de control de la actividad petrolífera. La respuesta del funcionario kirchenrista fue que, para ejercer un control eficaz había que crear una especie de YPF paralela, una empresa al lado de la otra, una utopía burocrática bien típica del imaginario liberal de los radicales, en suma: un absoluto sinsentido. La solución era asumir el control directo, mediante la expropiación, aunque sea del 51 %.

Pero el ministro, que tan sensatamente respondió a su cuestionador en aquella ocasión, parece haber olvidado tal concepto a la hora de atacar el problema de los aumentos de precios. La estrategia elegida, cuyo eje es el programa llamado Precios Cuidados, pretende aplicar a una estructura mucho más grande y compleja que YPF, la red de comercialización controlada por las grandes cadenas de supermercados, los consejos del Senador Morales. Esa red, según el Informe del año 2011 de la Federación de Empleados de Comercio, está formada por “…un núcleo reducido de empresas que tienen las cadenas de supermercados con mayor número de establecimientos, las mayores superficies comerciales y las más altas facturaciones. Siete son las firmas que componen este núcleo: Carrefour, Cencosud, Coto, La Anónima, Nexus Partners, Walmart y Casino. Éstas, aunque reúnen sólo el 15% de las bocas totales del país, tienen la capacidad de vender el 58% del total de alimentos y bebidas de la Argentina. Y sólo Carrefour, Cencosud y Coto representan el 70% del total de las ventas del sector en este rubro” (Informe sobre Supermercados en Argentina, FAECYS, 2011).

Estos números prueban el grado de control monopólico que ejercen estas empresas sobre la estructura comercial del país, control imposible de contrarrestar con una canasta que, desde su última actualización a principios de abril, incluye apenas 302 productos. El instrumento principal de presión que el Estado estableció para garantizar el éxito del programa consiste en una serie de penalidades por incumplirlo. Tales penalidades, que en abril fueron fijadas en unos 30 millones (por incumplimientos que abarcaron todo el primer trimestre del año), representan apenas el 0,0003% de las ventas del sector, del orden de los 100 mil millones de pesos anuales. Según el INDEC éstas crecieron, inflación mediante, un 34,5 % interanual en marzo de este año, totalizando desde enero unos 35 mil millones de pesos, lo que elevaría la facturación anual a unos 120 o 130 mil millones, y achicaría todavía más el peso de las penas…

Pero la ineficacia del programa, insinuada ya por el carácter irrisorio de las multas, se hace ahora explícita con la reciente “flexibilización” anunciada por el Secretario de Comercio Augusto Costa: “Les dimos más flexibilidad a los supermercados, pero es erróneo decir que ahora la mitad de los productos no son de cumplimiento obligatorio. Lo importante es que siempre haya en la góndola al menos una referencia de Precios Cuidados, tiene que haber sí o sí una de las variedades del acuerdo” (Página 12 del 23-05-2014). Efectivamente, Costa no miente: no se trata de la mitad de los productos, ¡sino de menos de la mitad! Según La Nación del 24-05, de 302 artículos, sólo 141 serán obligatorios…

Ya las declaraciones del vocero de la Federación Argentina de Supermercados Fernando Aguirre hacían sospechar, hace un par de semanas atrás, que las relaciones entre el Ministerio de Economía y las cadenas habían mejorado: “El éxito del programa Precios Cuidados es uno de sus propios inconvenientes porque la gente lo pide mucho y supera la capacidad de producción, generando una faltante en sus productos” (Ambito Financiero, 12-05). ¡Genial! Si se tiene en cuenta que la causa del grueso de las multas fijadas fue el faltante de productos, no hace falta ser demasiado inteligente para sacar la conclusión de que la flexibilización le resuelve a los supermercados buena parte de sus problemas a la hora de “cumplir” con el programa, a expensas, por supuesto del pueblo trabajador. Ahora deberán cumplir con la mitad del programa y, a la vez, existen sobrados motivos para creer que serán sancionados con la mitad de las multas. O, según el secretario Costa, con menos de la mitad…

Los resultados de cuidar los precios

Como se sabe el objetivo final del programa fue el de lograr una sensible baja del ritmo inflacionario. En parte, tal desaceleración se ha producido si se tiene en cuenta que el índice de enero fue del 3,7 % y el de abril, 1,8 % (Siempre con pinzas, datos del INDEC). Pero: ¿se debe esa baja a la influencia de Precios Cuidados? La evolución del índice de precios arroja para el primer trimestre, una tasa del 10 % y, para el primer cuatrimestre, del 11,8 %. Sin embargo, el crecimiento de los precios de los productos del programa fue sensiblemente menor, a un promedio de un 1 % mensual si se incluyen todos los rubros. Si dejamos de lado los tres rubros que muestran subas menores al 1 %, encontraremos entonces un promedio mensual de aumentos del orden del 1, 32 %. Es decir: el ritmo de aumento de precios de los productos de Precios Cuidados es, en el peor de los casos, de menos de la mitad que el de la totalidad de la economía. No puede ser de otro modo: 300 productos no son más que una gota en el océano.

La explicación para la desaceleración del índice inflacionario se encuentra en la caída de la producción y de la actividad económica, el verdadero método con que Kicillof quiere frenar la inflación. La producción industrial, según datos del INDEC, viene cayendo en forma continua desde agosto (9 meses de caída) y la actividad económica ha tenido, en el primer trimestre del año, una declinación del 1,5 %. De los miles de despidos y suspensiones no hace falta dar cifras.

Samid a la izquierda de Kicillof

Precios Cuidados no cuestiona el carácter monopólico del comercio interior argentino. La fijación de los precios, en las condiciones que analizamos, en que siete cadenas venden el 58 % del total de alimentos y bebidas y, dentro de ellas, tres (Carrefour, Cencosud y Coto) venden el 40 %, se rige inevitablemente por las leyes del monopolio capitalista. Precios Cuidados, a lo sumo, puede moderar los efectos de tales leyes, pero no anularlos.

Aunque parezca paradójico, más cerca de la solución al problema de los precios que el “marxista” Kicillof se encuentra el peronista de derechas Alberto Samid. Interesado en desbarrancar del negocio al capital extranjero (aunque teclea cuando le recuerdan que Alfredo Coto nació en las pampas criollas), este “empresario nacional” devenido (con el apoyo de Scioli y crecientes recelos de Kicillof) número dos del Mercado Central proyecta la apertura de una serie de “mercados centrales” regionales (ya se han abierto algunos) donde los productores venden directamente a los consumidores. Los precios de estos mercados representan en promedio un 30 % (según sus propias declaraciones televisivas y radiales) de los que ofrecen las cadenas: una canasta básica que en los hiper vale $ 4500, en el mercado central se consigue a $ 1500.

Por supuesto que el planteo de Samid es absolutamente utópico. En 2011, según el informe de FAECYS ya citado, las siete cadenas mencionadas poseían 1345 bocas de expendio. ¿Cuántas debería crear el Estado para controlar, aunque sea, una parte mínima del mercado? Entre la propuesta de Morales de crear una “YPF administrativa” paralela y la de Samid de multiplicar los mercados centrales no hay muchas diferencias. Pero se acerca a la solución, como dijimos, porque parte de la idea de que el problema pasa por ejercer el control directo sobre la comercialización de los productos.

Los hipermercados modernos son modelos de eficacia administrativa, de eficiencia a la hora de reducir costos, en función de la ganancia de sus propietarios. El desarrollo de la producción capitalista los ha convertido en unidades económicas modelo que, en base a la explotación de sus trabajadores y de la expoliación de los consumidores, realizan ganancias gigantescas. ¿Por qué no transformarlos, estatizándolos, en grandes centros de distribución, al servicio de las necesidades de la población?

 

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