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> Por Eduardo Lucita

La inflación es un dato recurrente de la economía nacional. El alza de los precios, particularmente de alimentos -carne, yerba- y el faltante de otros, -aceite, azúcar, ciertos medicamentos- sea por especulación o por menor producción han puesto nuevamente la cuestión de la inflación en el centro de las preocupaciones populares. Conviene tener en cuenta qué rubros que forman parte esencial del consumo popular -alimentos, bebidas, trasporte, comunicaciones- influyen en un 65% del cálculo del IPC.
No todo es como antes
La particularidad en esta coyuntura es que el comportamiento de ciertos precios básicos de la economía sobre los que cualquier gobierno puede operar no influyen mayormente en el ascenso inflacionario actual.

Las tarifas de servicios públicos esenciales para la población, especialmente la de Capital y el GBA, al menos hasta ahora están contenidas por subsidios estatales, que por un lado sostienen la tasa de ganancia de los capitalistas y por el otro mantienen bajo el valor de esos servicios. El desequilibrio fiscal actual no da mayores argumentos a quienes sostienen que la causa de la inflación radica en el exceso de gasto público, objetivo predilecto de los neoliberales para promover ajustes en la economía. Por último el tipo de cambio está más bien retrasado y su evolución es negativa respecto a cualquier índice de precios que se tome.

Ninguna de estas variables que en los años ‘80 y ‘90 impulsaran los descalabros hiperinflacionarios que hemos padecido están presentes en la coyuntura. Sin embargo hay un alza de precios persistente, aunque no puede aún hablarse de una inflación descontrolada.
¿Cuales son entonces las causas?
El mundo atraviesa una fase de escasez relativa de materias primas y productos energéticos. Esta escasez impulsa los altos precios del mercado mundial que arrastran los precios de los alimentos entre nosotros. Sin embargo hay factores internos que también empujan al alza:
a) Ganancias extraordinarias:
Las elevadas tasas de ganancias de que gozan los capitalistas en este ciclo expansivo de la economía son hoy el principal motor de la inflación. Según un trabajo del investigador de FLACSO Pablo Stancanelli la ganancia promedio en el período 2002/06 fue del 35.8 por ciento, mientras que bajo el régimen de convertibilidad era del 23.9. De acuerdo a los registros de la AFIP la rentabilidad sobre ventas del año 2009 fue del 7.4 por ciento, en la convertibilidad apenas alcanzaba al 4, casi se duplicó.
b) Concentración económica:
De acuerdo con un informe del INDEC las 500 empresas más grandes del país explican algo más del 30 por ciento del PBI, dentro de estas las 50 mayores aportan más de la mitad de ese porcentaje. Esta concentración, tanto en la producción como en la distribución y comercialización, facilita el comportamiento oligopólico de las empresas formadoras de precios que controlan los mercados en que operan y explica su enorme capacidad para preservar ganancias, trasladando a precios todo aumento de costos.
c) Limitada inversión reproductiva:
Otro informe del INDEC da cuenta que en diversas ramas la utilización de la capacidad instalada es superior al 80 por ciento, esto determina la existencia de los llamados “cuellos de botella” en sectores de la producción y los servicios que presionan sobre los precios por escasez de oferta. Esto pone en evidencia que los capitalistas sólo invierten para acompañar la demanda pero no mucho más, de ahí los permanentes reclamos de la presidenta a los empresarios para que inviertan.
Puja distributiva
En estos días están a pleno las discusiones paritarias, y no son pocas las voces de empresarios y analistas del establishment que vuelven a la carga con el viejo argumento de la puja distributiva. Que los salarios son fuente inflacionaria o que la demanda creciente empuja los precios al alza. Los salarios no son hoy un porcentaje determinante en el costo final de un producto, tampoco puede comprobarse que la mayor demanda existente impulse los precios al alza. La realidad parece desdecir estos argumentos. Todos coinciden que en estos días hay una desaceleración de la economía por una caída del consumo y por otra parte los acuerdos paritarios por salarios están retrasados, y los aumentos en los alimentos carcomen el monto de la Asignación Universal por Hijo, sin embargo no se verifica una baja o al menos que el alza de los precios se detenga.

*Integrante del Colectivo EDI, Economistas de Izquierda

Nota completa en la edición impresa. MASCARÓ #2

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