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Por Julio C. Gambina*

Arrancaron las paritarias y el gobierno nacional anunció un aumento a los jubilados, la suba del mínimo a las ganancias y un congelamiento de precios, con la esperanza de favorecer el bolsillo de los trabajadores y contener las demandas salariales de los sindicatos. Medidas repetidas en la última década que siguen esquivando el bulto.

Paritarias e impuesto a las ganancias

En el último tiempo los sindicatos apuntaron sus críticas al impuesto a las ganancias, algunos reclamando la actualización del mínimo no imponible de la cuarta categoría y otros la eliminación de esta última por considerar que los trabajadores no perciben ganancias sino salarios. Luego de dos años finalmente el gobierno anunció una actualización del 20% a partir del primero de marzo, que llega al mismo tiempo que comienzan las discusiones paritarias y vuelve a postergar el debate de fondo. Salario y el mínimo no imponible aumentan paralelamente, con lo cual la medida resulta claramente insuficiente.

Pero vale considerar que tanto las negociaciones colectivas como la carga tributaria, operan sólo sobre una parte de los trabajadores. El 35% de los asalariados que están en situación irregular por no estar registrados por sus patronales, sólo reciben actualizaciones marginales de sus ingresos aún cuando negocien adecuadamente los trabajadores sometidos a regímenes de convenios colectivos. Claro que tampoco tributan ganancias, por no estar registrados y porque sus ingresos son menores a la media de los ingresos salariales, quedando por debajo del mínimo no imponible.

El descontento de los sindicalistas remite a la inflación real registrada en los últimos años, que acumuló entre 40 y 50%, mientras la actualización anunciada es convalidada por las cifras aportada por el INDEC. De manera que si en estos años creció la cantidad de trabajadores sujetos al impuesto por los incrementos salariales, estos seguirán percibiéndolo a pesar de la suba del mínimo no imponible.

En simultáneo se informó de la actualización de la mínima jubilación, del orden del 15,18%, resultado de la aplicación de la ley que ajusta dos veces al año el ingreso de los jubilados y pensionados. La ANSES informó que Argentina figura a la cabeza de la cobertura previsional en la región latinoamericana, aunque el movimiento de jubilados resalta que más del 70% de los jubilados nacionales perciben la mínima, al tiempo que demandan por la aplicación del 82% móvil de ingreso mensual. El titular del ANSES prefirió resaltar que el 46% reciben ingresos por encima de la mínima, lo que supone un reconocimiento implícito de la amplia base de percepción de ingresos previsionales en el nivel más bajo.

El gobierno pide mesura a los sindicatos en las negociaciones salariales, pero el deterioro de la capacidad de compra deriva inevitablemente en una mayor conflictividad en defensa de los ingresos. Sin otra estrategia visible contra la inflación, el gobierno decidió ampliar el control de precios. Tendremos que ver hasta cuándo perduran sus resultados.

Acuerdos de precios

El congelamiento de precios durante 60 días logrado a través de un acuerdo entre el gobierno y los supermercados, al que luego adhirieron las cadenas de comercialización de electrodomésticos y productos electrónicos, constituye el explícito reconocimiento gubernamental de la inflación.

La escalada de precios deteriora la capacidad de compra, perjudicando a los sectores de ingresos fijos, particularmente a aquellos que se encuentran en las escalas más bajas. En éstas están la mayoría de los jubilados que perciben ingresos mínimos, que son un 50% menores que el valor de la canasta necesaria para la vida digna. También los trabajadores no regularizados, que además de tener problemas en su capacidad de consumo, debido a los bajos salarios, carecen de seguridad social y laboral. Los trabajadores regularizados también son afectados por la inflación, ya que las patronales y el gobierno apuntan a concretar ajustes salariales en torno al 20% en el proceso de paritarias en curso. Todos son perjudicados porque los precios aumentan cotidianamente, mientras que la actualización salarial, si existe, llega luego y va deteriorándose con el tiempo.

Los ajustes de salarios en las convenciones colectivas son apenas un correctivo de lo perdido en el periodo anterior y ante la inflación diaria el deterioro de la capacidad de compra del salario es una constante, por eso se intentan estos congelamientos, que abarcan una parte de la canasta de consumo habitual de la población.

Insistamos, la inflación afecta a quienes perciben ingresos fijos, es decir, a la mayoría de la población. Ello implica que existe una minoría no afectada por la aceleración de los precios. Son los empresarios del agro, la industria y los servicios, aquellos que generan esos precios que suben cotidianamente…

Nota completa en edición impresa. Mascaró #9, marzo 2013.