COMPARTIR

> Por Rafael Farace

A principios de septiembre, algunos cruces entre funcionarios del gobierno nacional y Paolo Rocca, propietario del mayor grupo industrial del país (Techint) pusieron al descubierto algunas dificultades del desarrollo industrial en un país dependiente como Argentina. Palabras y realidades de un horizonte que aún no parece cercano.

Las iniciativas por industrializar el país se han vinculado siempre con el sueño de la independencia económica, de la llegada al primer mundo y alguna otra quimera justicialista. Pero la realidad nunca fue tan acorde a las expectativas ni el optimismo de algunos datos alcanza para reflejarla.

Crecimiento de la industria post convertibilidad

Luego de la crisis y recesión que terminó con la Convertibilidad, la producción industrial argentina inició un período de crecimiento que se encuentra entre los más importantes en la historia del país. Entre 2003 y 2011 el PBI industrial creció un 78,69%, trayendo como consecuencia un incremento de 536.000 puestos de trabajo y casi la duplicación de las exportaciones de las Manufacturas de Origen Industrial que superaron por primera vez las de Origen Agrario en 2011.

Dichas así las cosas estos datos son abrumadores, más si tenemos en cuenta que los niveles alcanzados por la producción local de manufacturas superó desde 2005 en adelante los niveles máximos alcanzados en la década del 90, que desde 2004 mantiene un ritmo de crecimiento superior a Brasil, y que el nivel de inversión se encuentra en uno de sus picos históricos con 24,5% del PBI en 2011.

Estos guarismos fueron alcanzados gracias a un contexto internacional favorable, pero también al éxito de las políticas macroeconómicas del gobierno, fundamentalmente el tipo de cambio competitivo que protege la producción local y promueve las exportaciones, y a las iniciativas específicas para la promoción industrial, que incluyen múltiples programas y beneficios para las inversiones locales en el sector; aportes estatales no reembolsables para la inversión productiva y tecnológica y la capacitación de profesionales; beneficios impositivos y fiscales; créditos con tasas subsidiadas y facilidades en la financiación; servicios de asesoría a las empresas; etc.

¿Por qué se queja tanto el señor Rocca?

Luego de las supuestas declaraciones publicadas en el diario Clarín del día 5 de septiembre, el presidente de Techint envió una carta a la Presidenta Cristina Fernández desmintiendo algunas de esas opiniones y aclarando otras. Allí sostenía que en su opinión la industria local ha perdido “competitividad” desde 2008, debido en gran medida al alto “costo laboral” y la fuerte “presión tributaria”. También sostuvo que en el sector empresarial hay incertidumbre sobre la disponibilidad suficiente y costo futuro de la energía, como también las dificultades para realizar importaciones de capital, lo cual podría afectar las inversiones y mermar el crecimiento.

En su réplica la Presidenta no cuestionó estos argumentos, sino que aprovechó las circunstancias para presentar todo el debate como una operación del monopolio mediático “de carácter ilegal” que constituye el Grupo Clarín. Las respuestas desde otros ámbitos del gobierno pretendieron negar las dificultades para el crecimiento de la industria local presentando datos en ese sentido.

La industria nacional más allá de los sueños

El gobierno afirmó que atender las quejas por falta de competitividad implicaban una caída de los salarios y de las políticas sociales del Estado. Eso es cierto, pero también lo es el hecho de que el grueso de la industria local se encuentra en una situación desventajosa al competir con los productos de mayor calidad y menor costo que se fabrican no sólo en Europa y Estados Unidos, sino también en China y Brasil.

A lo largo de toda la historia de nuestro país, los industriales locales lograron revertir esa situación desfavorable con la protección y promoción estatal, acompañada por la restricción salarial y un aumento del esfuerzo físico del trabajo para lograr mayores niveles de producción. Al permitir un crecimiento de la inflación y del precio del dólar en niveles superiores a los años previos el gobierno actual está acompañando el esfuerzo de los industriales, pero como para los empresarios no es suficiente intenta seducirlos con un discurso nacionalista convocándolos a unir fuerzas por el desarrollo nacional.

¿Pero a quiénes convoca para el desarrollo nacional? Ciertamente, las principales industrias radicadas en el país son multinacionales o capitales locales con participación extranjera, que orientan su producción a la exportación. Según los últimos datos disponibles, para 2010 el 81,1% del valor agregado por las 500 mayores empresas industriales tenían origen en empresas con esa composición del capital.

Pero lo que se omite decir es que el principal beneficio de esta asociación es para los capitalistas privados que así pueden aumentar su escala de producción, ampliar su mercado y diversificar sus riesgos, adquiriendo más facilidades para esquivar crisis como la actual.

Nota completa en edición impresa. Mascaró #6, octubre 2012.

SIN COMENTARIOS

RESPONDER