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> Por Mariano Féliz*

El dólar siempre ha sido un fetiche para los argentinos y argentinas, en particular para los sectores medios. Seguir el precio del dólar en las pizarras de las casas de cambio, comprar unos verdes para ahorrar (por poco que sea), definir el precio de casas y departamentos en dólares, han sido todas modalidades a través de las cuales se han canalizado las ansias de la clase media de atesorar y proteger sus ahorros.
Un país dependiente del dólar
Sin embargo, en la Argentina el dólar es y siempre ha sido mucho más importante que la simple manía de la clase media por atesorarlos. La Argentina siempre ha sido un país altamente dependiente de las importaciones y por lo tanto siempre ha necesitado muchos dólares para que su economía funcione. Las clases dominantes –y buena parte de la clase media alta- ha privilegiado una forma de consumo muy ligada a los patrones de gasto en los países centrales, y ello ha conducido a un extraordinario despilfarro de dólares para importar bienes de consumo suntuario. En segundo lugar, la industria argentina está crecientemente dominada por empresas transnacionales que prefieren importar maquinarias, equipos y piezas, antes que comprar de productores locales (que en muchos casos no tienen capacidad tecnológica para producir esos equipos). Para colmo, en la última década la política energética del gobierno ha creado un serio problema al incrementar fuertemente la necesidad de importar combustibles.

Por otra parte, las empresas extranjeras transfieren a sus casas matrices una parte de sus ganancias y para ello deben transformarlas en dólares.

La deuda externa pública y privada también ha sido una forma a través de la cual el dólar se ha convertido en un factor de peso en nuestra economía. Si bien luego de 2003 hubo una cierta reducción en la deuda pública externa, la necesidad de dólares para pagar los intereses de esa deuda (y de la deuda de las empresas privadas) sigue siendo muy importante. Finalmente, los sectores dominantes tienen una importante propensión a la “fuga de capitales”. De diversas maneras, algunas legales y otra abiertamente ilegales, año a año salen del país miles de millones de dólares que son colocados en paraísos fiscales.

En definitiva, la necesidad de dólares para garantizar el funcionamiento de la economía argentina ha sido y sigue siendo un problema fundamental. Diez años de un nuevo modelo económico no han cambiado esta situación de fondo.

*Economista. Profesor UNLP. Invetigador CONICET. Miembro del Centro de Estudios para el Cambio Social.

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