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> Por Julio C. Gambina*

* Doctor en Ciencias Sociales, UBA. Profesor de Economía Política, U. N. de Rosario. Integrante del Comité Directivo de Clacso.
En el lenguaje cotidiano emergió la expresión “fondos buitres”, a propósito del embargo sobre la Fragata Libertad retenida en el Puerto de Ghana y el fallo del Juez Thomas Griesa del pasado 21 de noviembre, en ambos casos motivada en la demanda de esos tenedores de títulos de la deuda pública impaga de nuestro país.

Es un hecho que esos fondos de inversión pueden asimilarse a las aves de carroña. El interrogante es si la Argentina es una presa agonizante y apetecible para los buitres del sistema capitalista. Es cierto que el 2012 se desaceleró la economía, pero en un marco de una década de crecimiento importante, y además, si en 2001 declaró la cesación de pagos por 100.000 millones de dólares, con los canjes del 2005 y del 2010, renegoció el 93%, y desde entonces es un país cumplidor de sus compromisos de pagos externos.

La Argentina parece atravesar un periodo de acumulación capitalista saludable, y cuando en el mundo son noticias los países con dificultades para cancelar su deuda soberana, desde Buenos Aires se desmienten agoreros pronósticos, y se cumple rigurosamente con los pagos de la deuda pública.

El país generó las condiciones para salir del default declarado a finales del 2001 y, pagando sus deudas, intentar volver al mercado financiero mundial. Por más que no estamos de acuerdo con ello, esto es fundamental para explicar el endeudamiento y la dependencia que genera esta situación.

Negocios son negocios. Algunos transitan los carriles tradicionales para la promoción de actividades productivas y otros, los “buitres”, se organizan para comprar deuda en situación de dificultad, mientras más riesgosa de cobro mejor, lo que permite comprar esos bonos a muy bajo precio respecto del valor nominal de emisión, para luego demandar ante los tribunales la cancelación por el total.

Son inversores con capacidad de espera, ya que aguantan los títulos en su poder mientras subsiste el problema en el país emisor, y cuando éste superó sus inconvenientes financieros, caso de la Argentina que viene pagando rigurosamente la deuda, pasan a ejecutar ante la Justicia sus acreencias. Claro que para ello, el país deudor debió generar las condiciones para que esos buitres demanden en un ámbito judicial amigo de defender los intereses de los acreedores. Para mostrarse confiable ante los inversores del mundo la Argentina resignó soberanía jurídica y estableció que si incumplía con sus pagos los acreedores podían reclamar ante los tribunales de EEUU. Las gestiones gubernamentales realizadas desde el 2003 han ratificado esta medida.

La deuda condiciona la política y profundiza la dependencia

Se puede pensar que la Argentina le encontró la vuelta al endeudamiento, pues no solo “arregló” con la mayoría de los acreedores, sino que también paga regularmente sus obligaciones.

Claro que es una pesada carga en el presupuesto que se acaba de aprobar para el 2013 y además, se establecen casi 8.000 millones de dólares de las reservas internacionales para cancelar vencimientos del próximo año, y más de 80.000 millones de pesos de nueva deuda.

Para que no haya dudas, desde el gobierno se insiste que en este mes de diciembre se cancelarán en dólares los vencimientos de bonos del Estado Nacional.

Las cancelaciones de deuda y las sucesivas negociaciones, no solo en esta década, sino en cada uno de los turnos constitucionales, indican que la deuda sigue condicionando la política y que se requiere revertir el ciclo de negociación y pago para pasar a una instancia de investigación y discusión integral del problema.

Nota completa en edición impresa. Mascaró #8, diciembre 2012.