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No salen en la tele, pero existen deportes alternativos que tienen una lógica lúdica y cooperativa. Desde Mascaró definimos difundirlos y apoyarlos y de paso ver si como quien no quiere la cosa, jugando y jugando, se le puede dar una pelea más al sistema.

“Se llama Curling. Los jugadores lanzan pesadas piedras hacia el círculo o casa y sus compañeros controlan la dirección y la velocidad de la piedra barriendo frente a ella con una escoba especial”, explica el director Skinner a Homero en el capítulo de los Simpson llamado Campeones Olímpicos. “Esto es perfecto para ambos, tiene bolos para mí y una escoba para ti”, le dice Homero a Marge, antes de comenzar a practicar el deporte que los terminará consagrando en las olimpiadas con la medalla de oro.

El curling se ha impuesto en las pantallas y las redes sociales de nuestro país como algo llamativo, como un deporte extraño. Sin embargo, hay elementos para creer que este juego de popularidad importante en países nórdicos, se juega al menos desde el Siglo XVI en Escocia (ver recuadro). Como este deporte, en términos de rareza o desconocimiento hay cientos a lo largo y ancho del planeta. Incluso en nuestro país.

Todos hemos jugado al matador  o matasapo en la escuela y hasta hemos inventado nuestros juegos, mezcla de alguna disciplina con otra como el futbol-tenis, o el ping-pong con obstáculos (que en Argentina tiene su propia Asociación). La popularidad o no de un juego lo suele determinar la espectacularidad, la competencia y la posibilidad de negocio en torno al mismo, con televización y publicidades incluidas.

Pero hay otros juegos que tiene un carácter recreativo, lúdico y en torno a ellos nos vamos a detener.

Esos raros deportes nuevos

“Estudiamos deportes para ver cuáles de ellos son más significativos para que sean potencialmente educativos. De esa manera por ejemplo, conocimos y estamos impulsando el Korfball”, dice la profesora de educación física Miriam Burga, quien es parte de la ONG Comisión Argentina de Juegos y Deportes Alternativos (CODAsports). Desde esos espacios se están haciendo esfuerzos por hacer conocidos y llevar a la práctica juegos que tengan lógicas formativas, interesantes en términos de valores y comportamientos sociales.

Por ejemplo el Korfball, que es la única modalidad deportiva que está reglamentada a nivel internacional para que se juegue en grupos mixtos.

“Para nosotros es fundamental que en la formación lúdica y deportiva de los niños exista esta cuestión de que mujeres y varones toman decisiones juntos, en el mismo plano y en las mismas condiciones, y con un objetivo en común, que en este caso es meter el balón en la cesta contraria”, explica Miriam Burga en relación a este deporte surgido en Holanda.

El Korfball (también conocido como Balonkorf) lleva a los jugadores a cooperar y excluye el individualismo. Entre sus características más importantes cabe destacar que se trata de un juego con balón practicado con las manos y cuyo fin es introducir éste en un cesto sin fondo. No se permite el contacto físico. Se juega de a 8 jugadores (4 varones y 4 mujeres) en una cancha de 40 por 20 metros, dividida a la mitad. Juegan 4 jugadores en un cuadrante y 4 en el otro (2 varones y 2 mujeres por lado), no pudiendo pasarse de esa limitación. No obstante, cada vez que el marcador se pone en suma par (2 a 0, 1 a 1, 3 a 1, 4 a 4, etc.) se cambia el sentido del ataque. Es decir que quienes defendían el aro pasan a atacar.

Como el que tiene el balón no se puede desplazar con la pelota, ni driblar, ni picarla como en el básquet o handball, “es un deporte colaborativo o cooperativo porque sí o sí mis compañeros tienen que gestionar espacios para que pueda pasársela”, continúa Miriam, quien además explica que la cuestión reglamentaria le da características especiales, como que no haya roles definidos y “que el juego sea más democrático, ya que no hay ventajas para los chicos más altos por sobre los más petisos. Una regla que se llama “defendido” se aplica cuando el defensor se interpone en la línea de tiro con su mano levantada hacia la pelota. Eso es suficiente para impedir el tiro, por lo que se equiparan las diferencias de altura”, explica entusiasmada la profesora de educación física.

Los juegos recreativos en general se pueden practicar sin tener en cuenta el nivel de destreza de cada participante, al menos en la fase de iniciación, sobre todo, si se elimina el elemento competitivo. Al contrario se busca fortalecer la dimensión cooperativa, aún entre los contrincantes.

Cambiar el disco

“Para mí, uno de los deportes del mundo es el Ultimate Frisbee”, comenta Miriam Burga, quien lo explica de la siguiente manera: “es un deporte con disco, en conjunto. Juegan 7 contra 7 en una cancha de 100 x 37 metros y hay dos zonas de gol, como en el rugby”.

Pero sin dudas, lo que tiene de extraño el Ultimate Frisbee es que es el único deporte del mundo, por reglamento, autoarbitrado. Para Burga, “desde el punto de vista educativo esto te permite trabajar cuestiones que tienen que ver con el fair play, con el juego limpio y la autodisciplina. Es decir que tenés que manejar la calentura para competir pero la cabeza fría como para cobrarte una propia falta”.

Nota completa en edición impresa. Mascaró #19 de Marzo 2014.

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