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> Por Fernando Signorini*

 

Aunque resulte paradójico, la última lesión sufrida por el fantástico número 10 del Barcelona no pudo ser más oportuna.  La mejor opción ante la adversidad,  consiste en hacer un preciso análisis de la situación para que al final podamos extraer conclusiones que nos ayuden a sacar el mejor provecho de ella, lo que en buen romance significaría “No hay mal que por bien no venga”…

Desde hace un par de meses tenía la sensación de que Lio venía tambaleando demasiado como para no caerse.  Una muy recargada e interminable agenda de compromisos dentro y fuera de la cancha, fueron desgastando inexorablemente la indispensable reserva de energías que su mente y sus músculos necesitan imperiosamente para soportar el alto grado de stress que la alta competencia exige.  Su “buena estrella”,  decidió salirle al cruce a su riesgosa obstinación de no renunciar nunca a jugar todos los minutos de todos los partidos, haciéndole llegar un agudo pinchazo en el bíceps femoral por el que deberá guardar un período de reposo que, a no dudarlo, le vendrá “como anillo al dedo”.  Hace muchos años,  leyendo “El secreto del Laberinto”,  libro que le valió a su autor, el escritor español Fernando Sánchez Dragó el premio Planeta de literatura, descubrí una milenaria cita atribuida a un pensador oriental que reza: “Controla las pasiones, el goce de los sentidos es la matriz de los futuros problemas”….  Es esta en definitiva la mejor lección que Lio deberá atesorar para no volver a tropezar con la misma piedra.  El inicio del mundial está aún demasiado lejos por lo que tendrá tiempo más que suficiente para curar cada una de sus “nanas” físicas y/o  anímicas que le permitan lucir su mejor “traje de luces” cada vez que salga al ruedo.

Tal vez, este obligado reposo le sirva para reflexionar acerca de la crueldad de un sistema que en su desmedida voracidad materialista,  decide ignorar los más elementales principios biológicos ligados a la salud de los deportistas. Con más de 60 partidos (de máxima exigencia) jugados en cada uno de los últimos 5 años, sumados a los extenuantes viajes por compromisos publicitarios y a las no menos desgastantes pretemporadas alrededor del mundo a bordo de una especie de avión recaudador,  su organismo fue empujado al borde del abismo.  Seguramente en la paz de su hogar, los cálidos mimos de sus mejores afectos conformarán el marco ideal para lamer la providencial herida que se cruzó en su camino justo a tiempo para impedirle caer al vacío.

* Ex preparador físico de la Selección Argentina y de Diego Maradona.

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