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> Por Fernando Signorini*

Creo adivinar que Jorge Luis Borges no estaba refiriéndose al fútbol ni a los futbolistas, cuando en su milonga “¿Dónde se habrán ido?” sentenció: “Según su costumbre el sol, nace y muere- muere y brilla, y en el patio como ayer, hay una luna amarilla / pero el tiempo que no ceja, todas las cosas mancilla- se acabaron los valientes… y no han dejado semilla”. Digo esto, ya que el próximo 25 de mayo en el Vicente Calderón, a orillas del Manzanares, bajo la luz de una muy madrileña luna (y de los reflectores); dos magníficos y corajudos líderes arengarán a sus huestes para que, con irrenunciable convicción e indomable espíritu lúdico, se batan sobre el campo de juego en pos de conquistar la tan ansiada Copa del Rey.

Esa noche podremos comprobar una vez más, que el buen fútbol no correrá nunca el riesgo de ser mancillado, mientras haya tantos valientes dispuestos a ir en busca de la gloria, despreciando el miserable temor a la derrota. Doy por descontado que, aunque el cielo esté encapotado, otras estrellas nos deslumbrarán con los centellantes fulgores de su admirable talento.

Será la séptima vez que se encuentren en tan decisiva instancia luego de 108 ediciones, con ventaja de los “Culés” por 4 victorias por dos de los vascos. La competición, que en el año de su fundación (1903) fue ganada por “los leones”, muestra hasta el presente al Barça como equipo más ganador con 25 títulos, seguido por el Bilbao con 23 y el Real Madrid con 18.

Asumo que habría que ser muy vasco o muy “culé”, para saber a ciencia cierta que sienten los “forofos” (hinchas) de una u otra parroquia al ver a sus preferidos enfrascados en tamaña pulseada, para alzarse con un trofeo que -en cierto modo- les es ajeno, si nos atenemos a los innegociables principios (y sentimientos) nacionalistas que los identifican y definen.

En la fecha señalada, cuando aún el día se esté desperezando, las carreteras que unen Catalunya y El País Vasco con Madrid, se asemejarán a turbulentas y coloridas riadas por donde llegarán -ansiosos y entusiastas- miles de incondicionales seguidores, cada cual con sus banderas- con sus sueños cada cual y nadie podrá negar que, plagiando a Hemingway ¡Madrid será una fiesta!
Aunque parezca un contrasentido, tengo incertezas acerca del resultado, pero estoy seguro de quien será el indiscutido ganador. Usted también ¿no? El indiscutido ganador será: ¡El Fútbol! (en todas sus facetas). El Fútbol como espectáculo: 50.000 privilegiados en las gradas hirvientes se encargaran de ello. El Fútbol como juego: más allá de las formas, ambos estilos coinciden en el desprecio por la especulación, nadie se quedará con las ganas pues todos irán “a por todas”. El Fútbol como expresión ética: Marcelo y Pep son garantes de lujo de conductas ejemplares. Y como expresión estética ¡claro! Para ellos, ganar “de cualquier manera” es -además de inaceptable- una dolorosa herida a la que su orgullo y su nobleza no permitirán cicatrizar jamás, toda vez que la vulgaridad de los modos minimiza y opaca el valor de los logros.

El final -como siempre- mostrará las dos caras de la moneda y, aunque todos los ojos estén llorosos, sus lágrimas no tendrán el mismo sabor; las de unos serán de miel, la de los otros, de sal.

Una página más habrá sido escrita en la vasta historia de la competencia más longeva de la ibérica península, y de algo estoy seguro; al apagar el televisor, lo haré con la satisfacción (y la certeza) de saber que no solo no se acabaron los valientes, ¡están más vivos que nunca! Y siguen dando semillas.

* Ex preparador físico de la Selección Argentina y de Diego Maradona.