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Este mes se disputa en Brasil la Copa de las Confederaciones, torneo que pone a prueba la organización del país sudamericano para la Copa del Mundo del año que viene.  
El sábado 15 de junio, a las cuatro de la tarde de Argentina, brasileños y japoneses darán inicio a la Copa de las Confederaciones 2013 en el remodelado Estadio Nacional Mané Garrincha, ubicado en la moderna ciudad de Brasilia, capital del país anfitrión del certamen. Poco más de setenta mil personas presenciarán el partido en una de las doce sedes elegidas, además, para el Mundial del año siguiente, a realizarse en el mismo país, en símil época del año.

El torneo se disputa siempre un año antes del Mundial en la casa del organizador y reúne a los campeones de todos los continentes. Jugarán Brasil, Uruguay, que venció a Paraguay en cancha de River en la final de la última Copa América; España, vigente campeón del mundo y de Europa; Italia, finalista en la Eurocopa 2012; México, habitual dominador de la Copa de Oro de la CONCACAF (Confederación de Fútbol de Norte, Centroamérica y el Caribe); Japón, vencedor de Australia -sí, Australia en fútbol compite dentro de Asia- en la Copa Asiática 2011; Nigeria, que salvó al mundo del chiste fácil al derrotar en febrero de este año a Burkina Faso en la final de la Copa Africana de Naciones y, por último, Tahití, la Selección que representa a la Polinesia Francesa, que todavía no se despierta del sueño tras haber ganado la Copa de las Naciones de la Confederación de Fútbol de Oceanía el año pasado, al vencer por 1 a 0 a Nueva Caledonia con un gol de Steevye Chong Hue.

Es lógico que el certamen sirva de referencia para lo que se viene. La infraestructura, los servicios y la logística de todo Brasil se ponen a prueba para el plato fuerte del año entrante: el Mundial más caro de la historia. Para esta copa, se eligieron seis ciudades: la ya mencionada Brasilia, Río de Janeiro, Fortaleza, Belo Horizonte, Salvador y Recife; mientras que para la Copa del Mundo se agregarán San Pablo, Cuiabá, Curitiba, Manaos, Natal y Porto Alegre. Además, dentro de tres años, Río será la anfitriona de los primeros Juegos Olímpicos en América del Sur. Un interesante cocktail deportivo, político y social a pocos kilómetros de Argentina.

Exilio

El camino de los hermanos brasileños hacia la Copa del Mundo no ha sido fácil desde que la FIFA (Federación Internacional de Fútbol Asociado) otorgó la sede el 30 de octubre de 2007. El ex presidente de la CBF (Confederación Brasileña de Fútbol), Ricardo Terra Teixeira -que asumió ese cargo en 1989-, debió renunciar. El ex yerno de Joao Havelange -presidente de la FIFA desde 1974 hasta 1998- tenía todo servido para suceder al suizo Joseph Blatter -actual mandamás de la FIFA- tras el Mundial, pero, como le cuenta a Mascaró el periodista Ezequiel Fernández Moores, “tanto Dilma Rousseff -presidenta de Brasil- como Blatter, le soltaron la mano luego de graves acusaciones de corrupción”.

En julio del año pasado, la FIFA divulgó un expediente archivado en Suiza explicando el Caso ISL (International Sports and Leisure). Antes de que ISL quebrara en 2001, esta empresa de marketing había pagado sobornos millonarios para obtener los derechos de televisación de varios mundiales. Ricardo Teixeira, Joao Havelange y hasta el paraguayo Nicolás Leoz, fueron señalados. Teixeira renunció a la CBF en marzo de 2012, Havelange había hecho lo propio con su cargo en el COI (Comité Olímpico Internacional) en diciembre de 2011 y Leoz acaba de interrumpir su mandato en la CONMEBOL (Confederación Sudamericana de Fútbol). Además, en el último abril, junto con la renuncia de Leoz, la FIFA cerró el caso eximiendo del mismo a Blatter y aceptando la dimisión -otra más- de Havelange a su presidencia honoraria.

Con Teixeira exiliado en Estados Unidos -no ha vuelto a Brasil desde entonces-, el poder de la CBF recaló en un hombre de su escuadra: José María Marín, gobernador de San Pablo durante la dictadura militar -ver recuadro-. Marín, que como cuenta Fernández Moores en sus imperdibles columnas en el suplemento deportivo de La Nación, nunca fue recibido por la presidenta -negocia con el Ministro de Deportes Aldo Rebelo-, también es el presidente del COL (Comité Organizador Local), que tiene a Ronaldo como principal figura carismática.

US$ 40.000.000.000

Ante este tipo de eventos, suele anticiparse que el Estado no pondrá un peso y que la inversión será exclusivamente privada. Se sabe, eso es una mentira grande como el Maracaná y, según acota Fernández Moores, “los países terminan utilizando a los mundiales y juegos olímpicos como propaganda política, gastando un montón de dinero y recuperando siempre menos de lo previsto”. Se especula con un gasto diez veces mayor al de Sudáfrica 2010, rondando los cuarenta mil millones de dólares, aunque dos años atrás habían presupuestado la mitad de ese dinero.

Nota completa en edición impresa. Mascaró #12, junio 2013.

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