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Por la historia y el presente, por el marco y por el fútbol, hablamos de un partido digno de ver, la final de la Copa del Rey entre el Barcelona y el Athetlic Club. Un choque entre dos equipos que tienen por costumbre oponerse a la lógica del ganar como sea.
> Por Nahuel Ferreyra

¿Por qué hacer una nota sobre un partido que todavía no se jugó? Por la simple razón de que no importa el resultado. Lo que suele quedar en un segundo plano para quienes sólo miran el detalle del tanteador, tiene que ver con la marca indeleble que la historia ha dejado en vascos y catalanes, protagonistas de la próxima final de la Copa de Su Majestad el Rey, que se disputará en el Vicente Calderón de Madrid.
Al parecer, el 25 de mayo no resulta ser una fecha cómoda para el reinado borbónico. Este 25 de mayo, el Rey Juan Carlos y su hijo, el príncipe Felipe, tendrán que asistir a un espectáculo en que dos representativos de naciones que quieren su independencia desde siempre se batirán a duelo para subir al palco Real y quitarle de las manos la Copa que lleva el nombre de su investidura y su familia desde 1903.

Por lo pronto, la Real Federación Española de Fútbol instruyó al árbitro y a las autoridades presentes en el estadio Vicente Calderón para que suspendan el partido en caso de que se “pite” (silbe) el himno español, o se agravie la honorabilidad de los herederos de Fernando VII, quien 202 años atrás, más o menos para la misma fecha, recibiera la notificación de una revolución en la Buenos Aires colonial.

La resistencia

Dice Eduardo Galeano, en su libro El Fútbol a Sol y Sombra, que durante la guerra civil de España, “dos equipos peregrinos fueron símbolos de la resistencia democrática. Mientras el general Franco, del brazo de Hitler y Mussolini, bombardeaba la república española, una selección vasca recorría Europa y el club Barcelona disputaba partidos en Estados Unidos y en México. El gobierno vasco envió al equipo Euzkadi a Francia y a otros países con la misión de hacer propaganda y recaudar fondos para la defensa. Simultáneamente, el club Barcelona se embarcó hacia América. Corría el año 1937, y ya el presidente del club Barcelona había caído bajo balas franquistas. Ambos equipos encarnaron, en los campos de fútbol y también fuera de ellos, a la democracia acosada”. Si hasta la Argentina, inclusive, llegaron estos ídolos en el exilio. Dos de las figuras del equipo vasco, Isidro Lángara y Ángel Zubieta, brillaron en San Lorenzo en los ‹40.

Durante los años del franquismo, la competición pasó a llamarse Copa del Generalísimo. Por entonces, en la cruzada nacionalista por la hispanidad, los vascos eran nombrados como el “Atlético” (en vez de “Athletic”), y los catalanes eran llamados “Barsa” (en vez de “Barça”), por la imposición del lenguaje castellano y la prohibición del uso de las lenguas originarias de cada una de los pueblos.

Lo cierto es que, más allá de la paradoja que significa el hecho de que vascos y catalanes se disputen esta copa, esta será la séptima final que los enfrente. En el historial se recuerda sobre todo la de 1984, con Maradona y Goikoetxea (famoso por haberlo quebrado de una patada) en cancha, que quedó del lado del Athletic. También la primera que disputaron en este siglo (en el 2009), que fue triunfo para los catalanes por 4-1, con un gol de un tal Lionel Messi, ya bajo la dirección de Josep Guardiola.

Y es que hablamos de dos equipos de una enorme tradición, cuyos primeros planteles están nutridos mayormente por las divisiones inferiores. El Athletic decidió hace ya mucho tiempo que su plantel esté conformado sólo por jugadores nacidos en el País Vasco, y el Barcelona, una de las potencias futbolísticas mundiales, aunque suele incorporar una o dos grandes figuras cada temporada, se nutre fundamentalmente de jugadores formados en La Masía, su escuela de inferiores. Por allí han pasado, entre otros, Xavi Hernández o Andrés Iniesta, varios de los campeones mundiales con la selección española, y Lionel Messi, todos ellos considerados cada año para las premiaciones a mejor jugador del mundo.

Silbidos y palabras

Los temores de la Real Federación de Fútbol con respecto a lo que pueda suceder en el partido tienen su asidero en la final del 2009, cuando ambas parcialidades silbaron el himno español, causando un gran revuelo entre los defensores de la investidura real. Aunque resulte poco probable la presencia del rey, aquejado por las consecuencias de la caza de elefantes, las chances de que las hinchadas realicen alguna acción en tono de protesta aumentan por el clima que se vive en España con el plan de ajuste económico que está imponiendo el presidente Rajoy, y que está encontrando respuesta en las movilizaciones de amplios sectores en las principales ciudades españolas.

Al antecedente de la silbatina se le suma, además, una iniciativa llevada adelante en el último tiempo por varios grupos y peñas de la “afición” vasca, que consiste en entonar masivamente en el minuto doce de cada encuentro una canción del cantautor Mikel Laboa. El doce representa a la hinchada, y el tema se titula Txoria Txori (“El pájaro es pájaro”), obra que reivindica la lucha independentista vasca.

Del otro lado también hay una tradición que pregona por una Cataluña independiente, y que batalla para que sus derechos de autodeterminación, como el uso del idioma, sean reconocidos. En más de una ocasión, el propio Pep Guardiola ha sido contrariado por periodistas madrileños por realizar sus conferencias de prensa en lenguaje catalán. Si bien Guardiola vistió la camiseta de España, no ocultó nunca su bandera. “Uno no puede renegar de lo que siente, de lo que uno ama. Y yo me siento muy ligado a mi país, a Cataluña. Lo que siente mi cabeza y mi corazón es a un país que hace 800 años tiene su propia lengua, por lo tanto uno siente esto como parte de su vida”, dijo el DT en una entrevista realizada en Qatar en 2004, cuando jugaba para el Al-Ahli de Doha.

Ida y vuelta, adentro y afuera

Sobre el juego, podemos estar seguros de que se va a tratar de un gran duelo futbolístico, donde chocarán la filosofía catalana, invencible en los últimos años, de pase y desmarcación, contra el vértigo y audacia que siempre proponen las formaciones de Bielsa. Si bien los vascos estarán en clara desventaja ante el que es considerado como el mejor equipo de la historia, el hecho de que la copa se defina a partido único en cancha neutral invita a pensar en un duelo más parejo, quizá parecido al primero que se dio por Liga esta temporada, cuando igualaron 2 a 2. En aquella ocasión, en el País Vasco, Bielsa destacó en la conferencia luego del partido todo lo que esperamos que ocurra este 25 de mayo: “La simbiosis del equipo y el público enmarcó el espectáculo. No sé si el partido fue especialmente bello, pero fue cautivante y el público fue un elemento central para que las sensaciones que emitió el partido se multiplicaran y se convirtieran en emoción. A veces el mensaje de la cancha necesita de la bendición popular para convertirse en una emoción generalizada.”

Si existiera un paralelo y un mensaje en que el fútbol pueda asociarse a la vida misma, deberíamos celebrar que en el país de los ajustes, triunfen dos expresiones que se sueltan, se liberan y salen a enfrentarse cristalinos, explícitos, ante los mezquinos de más o menos siempre.