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La violencia en el fútbol trasciende las tribunas y gana terreno en las calles, los barrios y los despachos. La connivencia policial, judicial y política detrás de los “hinchas caracterizados” a los que cada vez le importan menos las camisetas y los colores.
> Por Lucas Napollielo

Cuando el fútbol argentino se encuentra de vacaciones y hay que rearmar el circo, suelen ser noticia el mercado de pases, las entrevistas a los jugadores del equipo campeón, los candidatos a ganar el próximo torneo, y la novela deportiva de ocasión.

En este intervalo de invierno, jugaron ese rol el futuro futbolístico de Juan Román Riquelme, las incorporaciones de los grandes equipos, las ventas al extranjero, las modificaciones del nuevo torneo, y las complicaciones institucionales de San Lorenzo de Almagro. Nadie habla de lo que hay que hablar.

El 12 de Junio fue asesinado por causa de una puntada en su abdomen, Gonzalo Saucedo. Su crimen, aún sin certezas de quién o porqué lo hizo, se produjo en el estadio Monumental del club River Plate y ocupó el puesto 268 del tristísimo listado de muertes vinculadas al fútbol en nuestro país.

Mientras solo una tribuna del estadio Antonio Vespusio Liberti era clausurada como sanción por este hecho, en Avellaneda, el presidente del Club Atletico Independiente Javier Cantero recibía amenazas de todo tipo por quienes desde hace ya varios años se sienten dueños de esa o cualquier otra institución: los barra bravas. A pocos metros del estadio de Independiente, los barras de Racing Club amenazaban a los jugadores de “su” equipo tras las sucesivas derrotas en el terreno de juego.

A principios de Julio, Rafael Di Zeo, reconocido barra brava de Boca Juniors, era absuelto junto con otras 14 personas acusado de Asociación Ilícita. La justicia no pudo demostrar cómo estas 15 personas actuaban de forma organizada en diversos hechos de violencia. A la salida de su juicio oral, los muchachos de “la 12” vociferaban eufóricos: “los traidores nos chupan un huevo y los vamos a matar”, en supuesta alusión a los actuales “jefes” de “la 12”.
¿Qué implica un lugar en la barra?
Aunque el término barra brava ya se había utilizado allá por 1925 por el diario Crítica, recién a fines de los años 50 había grupos organizados en las hinchadas de los clubes más importantes. En épocas donde visitar algunos estadios resultaba una tarea poco sencilla, los dirigentes de los clubes y muchos hinchas vieron la necesidad de organizarse para emparejar las presiones de la tribuna.

Si bien la violencia que utilizaban no era la del siglo XXI, ya se imponían como barras  los muchachos más fuertes y comenzaba la entrega de entradas y dinero por parte de los dirigentes.

Como casi todas las organizaciones, las barras también “evolucionan” y su crecimiento fue imparable. En sus comienzos se peleaban con la hinchada del equipo rival y de tanto en tanto con la policía, pero poco a poco  los beneficios económicos y políticos eran más interesantes, y no tardaron en aparecer fracciones dentro de las propias hinchadas.

Ya a fines de los ochenta y sobre todo durante los noventa, los dirigentes del club así como varios integrantes de la política y algunos jugadores, recibían un curioso apoyo masivo por parte de las barras, que incluyen cantos, banderas y demás circo.

Nota completa en la edición impresa. MASCARÓ #4

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