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El comunicado que emitió la FIFA (Federación Internacional de Fútbol Asociado) el 21 de junio pasado, para aclarar que no se suspendería la Copa de las Confederaciones en Brasil, fue casi un calco del que nueve días antes aseguraba que el Mundial masculino para menores de veinte años, a disputarse en Turquía desde el 21 de junio al 13 de julio, no corría peligro pese a los incidentes ocurridos en Estambul y otras ciudades turcas. Junio fue un mes agitado para la pelota.

Cuatro muertos -tres manifestantes y un policía- y cinco mil heridos daba la cuenta hasta ese día. ¿El motivo? Salvaje represión policial, con balas de goma y gases lacrimógenos, sobre quienes reclamaban en contra de diversas medidas tomadas por el Primer Ministro Recep Tayyip Erdogan (AKP, Partido de la Justicia y el Desarrollo).

Erdogan, elegido democráticamente en marzo de 2003, agosto de 2007 y julio de 2011, acumuló demasiado poder. Su autoritarismo es uno de los móviles de los cientos de miles de turcos que salieron a las calles a ponerle un freno a sus nuevas políticas, cada vez más conservadoras.

Miles de manifestantes acamparon en la Plaza Taksim, junto al Parque Gezi, exigiendo que el gobierno no tale árboles centenarios para la construcción de un centro comercial. La policía desalojó el predio violentamente durante la madrugada, originando la protesta más importante que sufrió Erdogan en los diez años que lleva en el poder.

Leyes cada vez más duras contra el consumo y publicidad de bebidas alcohólicas y un giro hacia el Islam son otros reclamos de una parte de la población del país euroasiático.

Luego del primer incidente serio, el Vice Primer Ministro Bülent Arinc y el Presidente Abdullah Gül, más conciliadores que su líder, pidieron perdón públicamente a los damnificados por la represión. ¿Erdogan? Trató a los manifestantes de “terroristas, saqueadores y anarquistas”.

Semejantes declaraciones, fueron una provocación. Importantes sindicatos -Confederación Sindical de Funcionarios (KESK) y la Confederación de Sindicatos Obreros Revolucionarios- llamaron a huelga y marcharon por toda Turquía, mientras que hinchas caracterizados de los principales clubes de Estambul -Besiktas, Fenerbahce y Galatasaray-, usualmente enemigos acérrimos, se unieron como fuerza de choque contra la Policía.

La Türk Tabipleri Birligi (Asociación Médica Turca) –www.ttb.org.tr-, publicó el martes 18 de junio en su web que el saldo de las tres semanas de revueltas en más de diez ciudades fue de cuatro muertos, cincuenta y nueve heridos graves, seis personas en estado crítico, once casos de pérdida de ojo y más de cien traumatismos de cráneo; alcanzando a siete mil ochocientos veintidós (7.822) el número de heridos totales. Sin embargo, la ceremonia inaugural del Mundial Sub 20 en el Estadio Kadir Has, en Kayseri, fue todo un éxito.

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